Niños migrantes: La nueva generación de chilenos

Luz Adelle Lorenzo es una de las 1.181 hijas de madres extranjeras que nacieron en el Hospital San Borja el 2013. La niña es parte de una nueva generación de chilenos que está cambiando a nuestro país y que ha puesto a prueba al Estado frente a esta nueva realidad.

Por Natalia Carrasco C. 
Fotografías de Rodrigo Tapia.

Luz Lorenzo (31) dejó su pueblo Cambita Garabito, en República Dominicana, hace siete años. Eligió Chile porque en ese tiempo, el 2011, solo necesitaba una visa de turista para ingresar.  

Cuando llegó aquí decidió que viviría en la comuna de Estación Central, como muchos otros migrantes, porque era la única parte de Santiago que conocía.

Hasta ahora, cuando recuerda sus primeros meses en Chile, Luz cuenta orgullosa que siempre fue cumpliendo paso a paso todo lo que le pedían para establecerse legalmente en el país. Era casi su obsesión. Y aunque en muchas de estas situaciones las cosas van más lentas de lo que cada extranjero quisiera, a Luz le pasó todo en un año y tres meses: encontró trabajo, obtuvo contrato y visa.

Desde sus primeros meses de embarazo, Luz participó del Programa de Apoyo al Recién Nacido (PARN), que es parte de la Política Nacional Chile Crece Contigo, impulsada en el primer gobierno de Michelle Bachelet. Este programa comienza con los primeros controles de salud y contempla talleres prenatales donde se les entrega a las madres información sobre el ajuar que reciben todos los infantes que nacen en hospitales de la red pública, educación sobre crianza temprana y cuidados básicos del recién nacido.

Cuando ya estaba contratada en un salón de belleza del Mall Plaza Alameda en Estación Central, quedó embarazada. Más allá de los nervios de una madre primeriza y de estar en otro país, Luz estaba tranquila porque cumplía los requisitos para obtener los mismos beneficios que otorga el Estado a una mujer chilena.  

Luz Lorenzo junto a su hija Luz Adelle. Fotografías gentileza de la madre.

El nacimiento

A las 7 de la mañana del jueves 25 de julio de 2013, Luz Lorenzo llegó sola a la unidad de maternidad del Hospital San Borja Arriarán, en la comuna de Santiago. Tenía nueve meses de embarazo, pero no había señales de que su hija naciera pronto. Le dieron medicamentos para inducir el parto y a las pocas horas ya no aguantaba las contracciones. Le pusieron anestesia, eso le provocó náuseas y vomitó.

Recién a las 3 de la tarde ingresó a la sala de parto, pero la bebé no se movía. El médico le hizo tactos vaginales cada treinta minutos, Luz comenzó a sangrar y pese a que siempre ha tenido un carácter fuerte, ese día el dolor de las contracciones la tenía devastada: 22 horas después de ingresar al recinto hospitalario, nació su hija Luz Adelle Lorenzo.

Desde sus primeros meses de embarazo, Luz participó del Programa de Apoyo al Recién Nacido (PARN), que es parte de la Política Nacional Chile Crece Contigo, impulsada en el primer gobierno de Michelle Bachelet. Este programa comienza con los primeros controles de salud y contempla talleres prenatales donde se les entrega a las madres información sobre el ajuar que reciben todos los infantes que nacen en hospitales de la red pública, educación sobre crianza temprana y cuidados básicos del recién nacido.  

En el caso de Luz, tres días después del nacimiento de Adelle, le dieron el alta y recibió el ajuar. “Venía la cuna, el colchón, un cubrecama, sábanas, una alfombra de goma eva para cuando empiezan a gatear y un par de cosas más”, recuerda.

Adelle es parte de los 1.181 nacimientos de hijos de madres extranjeras que hubo en el Hospital San Borja el año 2013, lo que corresponde al 21,81% del total de nacimientos, según información oficial obtenida por Vergara240 vía Ley de Transparencia. Desde entonces, ha habido un aumento exponencial en los partos de madres extranjeras en ese recinto hospitalario: el año pasado el 70,43% de las mujeres que dieron a luz fueron extranjeras.

Según datos oficiales del Registro Civil, solicitados para este reportaje, en los últimos tres años los nacimientos de hijos de padres foráneos han presentado un crecimiento sostenido. En 2016 nacieron 15.487 infantes donde al menos uno de sus padres no es chileno, mientras que en 2018 esa cifra aumentó a 28.856 inscripciones, concentrándose principalmente en la región de Antofagasta y la Metropolitana.

En Chile la atención de salud a niños, niñas, adolescentes y mujeres embarazadas está asegurada sin importar su situación migratoria. Pero hasta el año 2015, los extranjeros que residían en condición irregular en el país no podían acceder a las prestaciones de salud porque no contaban con RUT.

En marzo de 2016 se publicó el Decreto Supremo Nº67 que incorpora a este grupo de personas como beneficiarios del tramo A del Fondo Nacional de Salud (Fonasa), en iguales condiciones que el resto de la población nacida acá, mediante la entrega de un identificador provisorio válido por un año, mientras regularizan su situación.

David Astorga, referente técnico del Programa de Migrantes para la dirección de atención primaria del Servicio de Salud Metropolitano Central (SSMC), comenta que “antes los funcionarios les decían a estas personas que no los podían inscribir en Fonasa porque no tenían RUT, en cambio ahora todos ellos pueden solicitar el identificador provisorio de salud y optar a todas las prestaciones del sistema”.

Pero no es el único programa estatal que opera en estos casos. También se encuentra el Programa Especial de Protección a la Maternidad, que otorga otorga la “Visa Temporaria para embarazadas y tratamiento médico” a todas las trabajadoras extranjeras que residan en el país y que se encuentren en esta situación, con el requisito de presentar un certificado de control regular otorgado por el centro de salud correspondiente.

Luz recuerda cuando en noviembre de 2012 solicitó esta visa: “La primera vez que la pedí me la rechazaron, creo que porque tenía solo nueve imposiciones pagadas. Entonces, completé las 12 imposiciones, hice la solicitud de nuevo y ahí me la aceptaron”.

Según la información vigente en el sitio web del Departamento de Extranjería y Migración (DEM), esta visa se entrega por un período máximo de un año, renovable hasta completar dos años. Cuando ese plazo se cumple, el extranjero debe solicitar la permanencia definitiva o abandonar el país.

En noviembre del 2015 Luz solicitó la residencia permanente y en 2016 se la concedieron. En ese entonces su hija ya iba a cumplir tres años y pese a que trabajaba constantemente para mantenerla, ella optó por no inscribir a Adelle en la sala cuna y a los cuatro años ingresó directo a pre-kinder.

El último dato sobre racismo lo entregó la encuesta realizada por Espacio Público e Ipsos “Chilenas y chilenos hoy: desafiando los prejuicios, complejizando la discusión”, que indica que el 43% de los encuestados considera que la migración es dañina para el país y una de las principales razones que dan es que se dificulte el acceso a la educación de los chilenos.

La Educación

La mañana del lunes 5 de marzo de 2018, Luz observaba a su hija Adelle mientras le tomaban una foto. Era su primer día de pre-kinder en el Colegio Piamarta de Estación Central. Adelle estaba contenta: posaba sonriente con el buzo del colegio, su delantal y las trenzas con adornos de distintos colores que le había hecho su mamá en el pelo.

Adelle Lorenzo es afrodescendiente, delgada y juguetona. Tiene los ojos grandes, color café, igual que su madre. Sus uñas contrastan con su piel: están pintadas color turquesa y el dedo anular de cada mano plateado con brillos.

Luz Adelle es parte de los casi 3 millones y medio de alumnos matriculados en el sistema escolar nacional durante 2018, según las cifras del Centro de Estudios del Ministerio de Educación (Mineduc). Hija de madre dominicana y su padre haitiano –de crianza– pertenece a una nueva generación de chilenos que, producto de la migración de personas de distintas partes de América Latina, diversificó los colores de la piel, la cultura y las relaciones dentro de las salas de clases en la primera etapa del sistema pre-escolar del país.

La niña es extrovertida, conversadora y amigable. Su madre asegura que no le ha costado adaptarse a ninguna de las instancias educativas y sociales. Pero por más mimetizada que esté con el resto de sus compañeros, no ha estado libre de discriminación.

Luz recuerda que la hija de una clienta la molestó por el color de su piel y ella le dijo a la madre que esas no son cosas que dicen los niños, sino que salen de la casa. “Ella me dijo que el papá de la niña era racista, que él le enseñaba eso”, recuerda.

El último dato sobre racismo lo entregó la encuesta realizada por Espacio Público e Ipsos “Chilenas y chilenos hoy: desafiando los prejuicios, complejizando la discusión”, que indica que el 43% de los encuestados considera que la migración es dañina para el país y una de las principales razones que dan es que se dificulte el acceso a la educación de los chilenos.

Si los estudiantes nacidos en el país tienen acceso a todos los servicios y beneficios educativos que brinda el Estado, la situación de los alumnos extranjeros sin visa o residencia definitiva era totalmente diferente hasta el 2016, cuando el acceso al sistema escolar estaba condicionado al llamado “RUT 100”, que era un rut provisorio número 100 millones, que permitía la matrícula temporal en establecimientos educacionales, pero que generaba duplicidad al cambiar de colegio y no daba acceso a todos los beneficios del sistema.

En noviembre del 2016, durante el segundo gobierno de la entonces presidenta Michelle Bachelet y tras una serie de críticas, se anunció su fin y su reemplazo por el “Identificador Provisorio Escolar” a contar del 2017. Esto permitió que los estudiantes migrantes tuvieran acceso a todos los beneficios del Estado, la posibilidad de una matrícula definitiva a pesar de no tener cédula de identidad y un registro de todos estos alumnos en el sistema.

Ese año la matrícula extranjera aumentó un 27% en comparación al año anterior, con 77.607 alumnos. Mientras que la variación, entre 2017 y 2018 fue de 47%, con 114.325 estudiantes extranjeros matriculados en el sistema escolar chileno, mayoritariamente en establecimientos municipales y particulares subvencionados (Mineduc, 2018).

Antes de que Adelle terminara su primer año de pre-escolar en el Colegio Piamarta de Estación Central, Luz dejó su casa en esa misma comuna y se cambió a Maipú, más cerca de su local de manicure express en la “Galería Colonia”, que tiene hace tres años. Esto la obligó a cambiar a su hija de colegio: consiguió un cupo en la Escuela Prieto Vial de Cerrillos, donde estuvo un par de meses, pero finalmente la cambió porque perdía casi una hora y media todos los días en ir a dejarla a las 8 de la mañana y volver a trabajar.

Durante el 2019, Adelle, cursará kinder en la Escuela Básica General Bernardo O’Higgins de Maipú.

La Salud

El pasado 13 de diciembre en el curso de Adelle en la Escuela Prieto Vial. Allí se realizó un baile de graduación para los alumnos de kinder. El acto partió con siete niñas vestidas con un tutú color azul brillante, poleras blancas y el pelo tomado, sentadas sobre el escenario. La hija de Luz estaba en la primera fila de las bailarinas. No solo destacaba por saberse la coreografía a la perfección y guiar a sus compañeras, sino que también por ser la única afrodescendiente del grupo.

El aumento de la población migrante en Chile durante los últimos años dejó en evidencia la necesidad del Estado de generar políticas públicas de integración al sistema para los extranjeros. El año pasado durante el gobierno del presidente Sebastián Piñera, se lanzó la “Política de Salud de Migrantes Internacionales” que declara que el acceso a la salud es un derecho humano y desde esa base establece una serie de orientaciones para la atención de pacientes foráneos, capacitación de funcionarios, la incorporación de mediadores culturales y facilitadores lingüísticos, entre otros.

Para los profesionales que trabajan con migrantes, la incorporación de mediadores culturales y facilitadores lingüísticos es clave, pues la barrera del idioma es uno de los principales problemas que tienen tanto los adultos como los estudiantes haitianos y uno de los más difíciles de solucionar.

Al respecto, Daniela Godoy, jefa de la División de Políticas Públicas Saludables y Promoción (Dipol) del Ministerio de Salud, asegura que uno de los grandes desafíos fue “poder tener iniciativas desde la salud pública que tengan un enfoque intercultural para que efectivamente podamos mejorar el acceso a la cobertura y las prestaciones de salud de las personas migrantes, como los 88 mediadores culturales que tenemos actualmente a lo largo del país”.

David Astorga explica que la función de esta nueva figura implica negociar elementos culturales para llegar a acuerdos de tratamiento entre los pacientes y los equipos médicos. “La idea es entregar prestaciones que se adapten a la cultura del paciente, no al revés”.

Para los profesionales que trabajan con migrantes, la incorporación de mediadores culturales y facilitadores lingüísticos es clave, pues la barrera del idioma es uno de los principales problemas que tienen tanto los adultos como los estudiantes haitianos y uno de los más difíciles de solucionar.

“Es un tema que tenemos pocas posibilidades de resolver pronto porque es muy difícil que los trabajadores de un consultorio hablen creolé, muchos no hablan ni inglés. Por eso la mejor alternativa es el traductor”, explica Astorga.

Por otro lado, en el área de educación también han optado por facilitadores de idioma.

En la División de Educación General del Mineduc, dirigida por Raimundo Larraín, comentan que “este tema ha sido abordado directamente por las comunidades educativas, que en algunos casos han contratado facilitadores lingüísticos para favorecer la inclusión de estudiantes haitianos que no manejan el español”.

Para Eevamaija Vuollo, investigadora de política educativa de Educación 2020, el tema es prioritario, pues solo algunos municipios lo ven como importante: “Algunos municipios tienen más capacidades e interés en proveer facilitadores que otros. A nivel de gobierno no existen exigencias respecto a esto y esperamos que eso cambie con la Ley de Inclusión para que sea más equitativo a nivel país”.

El crecimiento

El primer semestre de 2018 los alumnos de pre-kinder del Colegio Piamarta de Estación Central prepararon presentaciones sobre animales marinos. A Adelle le tocó la medusa. Se preparó: aprendió todo sobre el tema y memorizó cada palabra que tenía que decir. Su disertación impresionó a la profesora.

“La tía me dijo que de los 33 niños que expusieron, ella fue la mejor”, relata con orgullo su madre.

El 2015 los estudiantes extranjeros representaban el 0,9% del total de matrículas en el sistema escolar. El año pasado la cifra aumentó a 3,2%, con 114.325 alumnos matriculados provenientes de otros países, de un total de 3.582.351 matrículas a nivel nacional.  

Una de las medidas que se ha adoptado para integrar a estos niños, niñas y adolescentes al sistema educacional es el Programa Chile Te Recibe (2017), que les otorga una visa especial, sin importar el estatus migratorio de sus padres, con el fin de regularizar su situación y garantizarles acceso a todos los beneficios y derechos del Estado.

Pese a los cambios normativos, el último Informe Anual sobre Derechos Humanos en Chile del Centro de Derechos Humanos UDP manifiesta que aún se vulneran los derechos de algunos menores de edad. Por ejemplo, aquellos que ingresan de forma irregular al país, porque es requisito presentar fotocopia de la última tarjeta de turismo para solicitar la visa.

Hoy, Luz y su pequeña hija tienen un plan: un viaje para que Adelle conozca República Dominicana. Será la primera vez que estará en las playas paradisíacas de las que tanto le habla su mamá. En ese viaje se encontrará por primera vez con sus abuelos, a quienes solo conoce vía WhatsApp.

Otra medida es la Política Nacional de Estudiantes Extranjeros 2018-2022, más enfocada a la inclusión de los estudiantes al sistema educativo. En relación a esto, en el Mineduc explican que como apoyo a las comunidades educativas, “junto al Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE) se realizó durante 2018 un curso de 200 horas lectivas para la certificación y formación de facilitadores lingüísticos, que se desempeñan en la Región Metropolitana”.

Para Patricia Loredo, vocera del Colectivo Sin Fronteras, esta política es más bien una propuesta de abordaje al tema. “En salud hay una proposición más concreta, aunque de carácter acotado, de implementación de la política con recursos asociados. En cambio, en educación hay más que nada una declaración de voluntad porque hace falta un sistema de monitoreo”.

En el caso de la pequeña Adelle, por ejemplo, conoce muy poco del país de su madre. Solo lo que ella le cuenta: que el sol allá es enorme, hay playas, ríos, muchos mangos y no hace frío. En la mayoría de los colegios, la educación está centrada en Chile, por eso la profesora Vuollo, de Educación 2020, propone acciones concretas para integrar a los estudiantes extranjeros: “modificar la formación docente con un enfoque más intercultural que pueda valorar las diversidades dentro la sala, incluir el español como segundo idioma en una asignatura y también tener una formación en eso para los profesores”.

Luz Adelle actualmente de 5 años. Fotografía de Ro

Hoy, Luz y su pequeña hija tienen un plan: un viaje para que Adelle conozca República Dominicana. Será la primera vez que estará en las playas paradisíacas de las que tanto le habla su mamá. En ese viaje se encontrará por primera vez con sus abuelos, a quienes solo conoce vía WhatsApp.


Niños migrantes en el SENAME

En 2018, 2.306 niños extranjeros ingresaron a la red del Servicio Nacional de Menores (Sename). Al igual que en el caso de los chilenos, la mayoría de estos casos fue por protección de sus derechos producto de abuso o maltrato grave. Según las cifras obtenidas por Vergara240, los menores que provienen de otros países representan aproximadamente el 2% del total de estas entradas. Solo el 1% del total de los ingresos por justicia juvenil serían extranjeros y, en general, por las mismas causas que los nacionales: robo con intimidación o violencia. Gloria Sepúlveda, jefa de la Unidad de Relaciones Internacionales y Cooperación de Sename, lo explica: “aproximadamente el 95% de los ingresos de menores extranjeros por protección de derechos están en programas ambulatorios de la red. Mientras que sólo alrededor del 5% están en residencias”.
El camino de estos niños para egresar de la residencia es el mismo que el de cualquier chileno. La diferencia se da cuando no hay familiares en el país, lo que implica una solicitud de información a la contra parte del servicio del país de procedencia sobre el niño en cuestión para evaluar la posibilidad de que un familiar se pueda hacer cargo.
“Una vez que recibimos el informe, lo presentamos al tribunal y ellos saben que el niño tiene una alternativa en su país de origen y en coordinación con las autoridades consulares del país, el menor retorna a vivir con su familia”, explica Sepúlveda.