SALUD PÚBLICA EN VIGILIA: LA SOBREEXPLOTACIÓN DE LOS MÉDICOS EN FORMACIÓN

30/08/2018
Este reportaje es parte del trabajo realizado por las estudiantes Maite Pizarro y Cristóbal Baeza durante el primer semestre de 2018 para el curso de Periodismo de Investigación con la profesora Francisca Skoknic.

Consumir estimulantes para poder rendir, cabecear en pleno pabellón o dormirse manejando después del turno en el hospital, son algunas de las consecuencias de las maratónicas jornadas laborales que tienen que hacer los médicos en los programas de especialidad. No hay un marco regulatorio que establezca expresamente la duración de sus horas de trabajo y descansos mínimos. Esto pone en riesgo tanto la salud de los doctores como la de los pacientes.

Son las 15.30 horas y en uno de los pabellones de un hospital de la zona sur de Santiago, el equipo médico está en medio de una cirugía de extracción de vesícula. En la sala hay cinco personas dispuestas alrededor del paciente: un médico cirujano, un técnico anestesista, una enfermera y un pabellonero. Además, se encuentra presente Roberto (31), becado de tercer año de cirugía, quien se desempeña como ayudante del procedimiento quirúrgico. Con su mano derecha sostiene y mueve el laparoscopio, un tubo con iluminación que le permite al cirujano ver el interior del abdomen del paciente.

—¡Roberto, despierta! ¡Te quedaste dormido! Alumbra bien la vesícula, no veo nada—, le reprocha el cirujano a cargo de la operación al becado.

—Perdón doctor—, le responde Roberto mientras se esfuerza por mantener sus ojos abiertos

El brusco movimiento del laparoscopio delata al becado nuevamente. El diálogo anterior se repite otras dos veces hasta que la enfermera —en una de sus entradas y salidas de la sala— pone un dulce en la boca de Roberto. Difícilmente una golosina es capaz de revivir a un cuerpo que lleva casi treinta y seis horas sin dormir. El ayudante de la cirugía se consuela con la idea de que pronto llegará a tumbarse en su cama. “Me quedan seis meses de beca, así que estoy contando los días”, comenta, tras recordar el día en que casi se durmió en el quirófano.

Roberto, así como los otros médicos en formación entrevistados para esta investigación, pidió no ser identificado por miedo a las posibles repercusiones en su carrera. Por esta razón, los nombres de quienes entregaron sus testimonios fueron cambiados.

Todos ellos son actualmente residentes o becados. Se encuentran estudiando para obtener una especialidad, al igual que casi 5 mil médicos en todo el país. En términos prácticos, son estudiantes cuya formación es financiada por el Estado de Chile mediante una beca que considera cupos en diferentes servicios de salud y universidades, además de una remuneración mensual.

Una beca de especialidad dura tres años. Durante ese tiempo, los residentes deben pasar por rotaciones específicas para poder adquirir los conocimientos, habilidades, destrezas y aptitudes médicas. Al momento de su ingreso a la residencia, los médicos firman un contrato donde la mayoría de las veces se estipula que deberán cumplir un mínimo de carga laboral a la semana: 44 horas de trabajo, un turno de 24 horas y una serie de actividades académicas. Sin embargo, no se establece un máximo.

Lo anterior deriva en que la carga horaria quede a criterio de los hospitales. Los becados de cirugía entrevistados para esta investigación reportaron entre 80 y 100 horas de trabajo a la semana. “El primer día de la beca te dicen que los horarios no existen. No hay hora de entrada ni de salida y tampoco hay días libres”, comenta Arturo (27), residente de segundo año. En definitiva, no están normados los descansos mínimos que tienen que haber en los turnos, lo que termina en que los médicos residentes lleguen a trabajar 36 horas de corrido sin dormir.

En el contrato de la mayoría de las becas se establece que el médico en formación tiene derecho a tener post-turno. Esto significa que luego de que un residente cumpla un turno de noche de 12 horas, puede tener libre el día siguiente para descansar. No obstante, en la práctica no se cumple. Los becados salen de turno y continúan su jornada laboral habitual.

“En las clínicas privadas, el post-turno es a las 8 de la mañana. En cambio, como el funcionamiento de los hospitales públicos depende en gran parte de los residentes, queda a criterio de cada centro asistencial. Es totalmente heterogéneo porque no hay una normativa. Y eso es lo que hace falta”, señala Germán Ávalos, presidente de Residentes Chile, agrupación perteneciente al Colegio Médico y que tiene como misión mejorar las condiciones laborales y de formación de los becados.

La cultura de la explotación

Dentro de la cultura médica, la alta carga laboral y la falta de descansos es algo común e incluso es bien visto entre algunos doctores. “Se entiende que mientras más sacrificado eres, más valor tienes. El médico que hace un turno de 48 horas es admirado. Es un problema cultural porque eso se ve como un valor, siendo que no lo es”, expresa Natalia Henríquez, actual presidenta del Colegio Médico Regional de Santiago y ex líder de la agrupación Residentes Chile.

Por otro lado, el mundo médico funciona bajo una lógica jerárquica.  “En medicina, el doctor con más experiencia manda al resto. Por eso, los residentes solo obedecen”, dice Izkia Siches, presidenta del Colegio Médico. Por estos motivos, existen pocos espacios de denuncia. Se trata de un sistema que tiene normalizado esta forma de trabajo. Además, a los becados les da miedo denunciar cuando se sienten sobreexplotados y cansados, ya que los jefes de beca, los que les solicitan quedarse más tiempo en el hospital, son los encargados de evaluarlos.

En uno de los salones de eventos del Gran Hotel Pucón, se desarrolló en 2017 la 90° versión del Congreso Chileno e Internacional de Cirugía, organizado por la Sociedad de Cirujanos. En el lugar había cerca de mil médicos. La directiva de residentes de cirugía llevó a cabo un foro entre los médicos en formación y los jefes de beca. Semanas antes, el PUClítico, medio de comunicación fundado por estudiantes de la Universidad Católica, compartió un artículo donde Guillermo Guevara, médico y abogado de la misma casa de estudios, denunciaba que la universidad explotaba laboralmente a sus becados de medicina. En la publicación se tocó el tema de la sobrecarga horaria, el incumplimiento del derecho a post-turno y la desprotección a nivel de leyes laborales en las que se encuentran estos médicos.

Rocío Jara, secretaria de la directiva de la agrupación de residentes de cirugía, planteó que era necesario conversar sobre el artículo. “Cuando nosotros fuimos becados pasamos por lo mismo y no nos quejábamos”, dijo uno de los 17 jefes de beca presentes, según recuerda otro de los becados para graficar la forma en que los médicos enfrentan el problema.

Fuera de ese evento, el tema no se volvió a tocar. “Cirugía es muy a la antigua. Tienes que sufrir, no tienes que comer ni dormir. Hay una cultura que lo legitima”, comenta Pedro Pablo Soto, becado y ex presidente de los residentes de cirugía del país.

Según el neurólogo Leonardo Serra, una persona debería dormir un mínimo de seis horas diarias. “Con menos de eso, disminuye el rendimiento y, por lo tanto, se cometen errores. Además, se produce un fenómeno en que la persona no se da cuenta de qué tan mal está rindiendo”.

Por otra parte, un estudio realizado por la revista ARS Médica en el 2017 sobre la carga laboral de residentes de la Universidad Católica, concluyó que los médicos que se encuentran haciendo especialidades quirúrgicas tienen mayor prevalencia del síndrome burnout, un tipo de estrés laboral, caracterizado por un estado de agotamiento físico y mental. “Es finalmente un reventón de cuando uno exige su cuerpo al máximo.  Los doctores que llevan diez años haciendo turnos, terminan canosos y arrugados. Duermen muy poco, viven bajo mucho estrés y eso hace que físicamente el cuerpo les pase la cuenta”, concluye Serra.

La pesadilla del “contrato innominado”

Antonio (31) sale del Hospital Dr. Sótero del Río a las cinco de la tarde después de haber trabajado 36 horas sin dormir. Sube a su auto para dirigirse a la casa donde vive, ubicada a 27 kilómetros del lugar. El viaje le toma más de una hora. En medio de su recorrido, se detiene ante la luz roja de uno de los semáforos que hay en avenida Concha y Toro, en Puente Alto. Sin darse cuenta pierde la conciencia por un momento, hasta que despierta abruptamente con los bocinazos de los autos que están atrás. En cosa de segundos, se percata de que se ha quedado dormido y enseguida pone su pie derecho en el acelerador para continuar el trayecto. Pero el cansancio de su cuerpo lo traiciona nuevamente y vuelve a quedarse dormido cuando se detiene en los siguientes semáforos del camino. “Este nivel de cansancio obviamente es riesgoso para el paciente. Uno anda más torpe, piensa diferente y se demora más”, comenta Antonio.

Guillermo Guevara está acostumbrado a recibir en su correo testimonios de casos como el de Antonio, en los que becados le expresan sus problemas y consecuencias de la sobrecarga laboral que tienen. Como médico cirujano y abogado de la Universidad Católica, es uno de los mayores expertos para hablar de los conflictos legales a los que se enfrentan los residentes y cómo se ven vulnerados por sus propios tutores. “Al haber estudiado derecho y conocer las normas, uno se da cuenta que efectivamente hay violaciones a los derechos humanos”, enfatiza Guevara. Y agrega: “La forma en que se trabaja, es que ellos (residentes) son esclavos o suches de un grupo de personas (médicos a cargo). Tienen que trabajar para esas personas y hacer lo que ellos quieran. Y como estas personas, a su vez, vivieron lo mismo antes, creen que esa es la forma en que funciona”.

Los médicos que están realizando un programa de especialización son considerados estudiantes y no trabajadores. Es por esto que no cuentan con un contrato de trabajo, sino que con un “contrato innominado” como señala Guevara. Este “contrato de especialización en educación médica”, no está regulado por el Código del Trabajo, por lo que se presta para distintos tipos de abusos laborales y se justifica en que existe la autonomía de la voluntad del médico residente. “Es como que uno firme un contrato diciendo acepto ser tu esclavo y que me realices torturas”, ejemplifica el abogado.

Desde Residentes Chile están conscientes de estos problemas, por eso proponen que al comenzar su programa de especialización, los residentes adquieran la condición de funcionarios públicos. Germán Ávalos cree que lo ideal sería que existiera una carrera única funcionaria y que al momento de comenzar la especialización, los residentes se incorporen con un vínculo laboral con el Estado.

Lo anterior es compartido por Patricia Muñoz, decana de medicina de la Universidad Diego Portales y presidenta de la Asociación de Facultades de Medicina de Chile (Asofamech): “Le encuentro toda la razón a Residentes Chile de que quieran tener carrera funcionaria desde que inician la beca como funcionarios públicos. Porque mientras son residentes y están bajo la tuición de un programa universitario, la única relación que tienen con el sistema público es el pago de un estipendio”. Y añade que “se les exige deberes de funcionario, pero no se los considera como tal”. Para Muñoz, uno de los mayores conflictos es que los hospitales públicos utilizan a los residentes como mano de obra.

Asimismo, si un becado decide abandonar el programa de especialidad después de 30 días de su inicio, debe pagar una multa según lo que se estipula en el contrato o la escritura pública que firmó con la respectiva universidad o servicio de salud. El monto de esta puede ascender hasta las 5.400 UF ($147 millones).

Resistir sin importar el costo

24 de abril de 2018. En una de las salas del Ministerio de Salud, el ministro Emilio Santelices y la entonces subsecretaria de Redes Asistenciales, Gloria Burgos, reciben a la directiva de Residentes Chile. Un periodista del Colegio Médico se pasea por el salón mientras registra el encuentro con una cámara fotográfica. Germán Ávalos le plantea al ministro Santelices que se retome un acuerdo firmado entre el Colegio Médico y la administración de Bachelet en diciembre del 2015, donde se pactaba un trabajo en conjunto para considerar a los médicos residentes como funcionarios públicos. Santelices, recién asumido, dice no tener conocimiento del tema. Más tarde, Ávalos se enteraría de que dado el cambio de gobierno, ese acuerdo habría quedado congelado. La agrupación de médicos prosigue la reunión y plantea el siguiente tema: el post-turno.

—Queremos hablarle sobre el post-turno. Uno no puede poner en peligro la seguridad del paciente ni tampoco la calidad de la atención que uno le brinda a las personas, haciendo turnos de más de treinta horas de corrido—, señala el presidente de Residentes Chile.

La reacción de las autoridades es una sorpresa para Ávalos. Recuerda la interrupción de Gloria Burgos: “Pero cómo, ¿no tienen post-turno?”. Y luego al ministro Santelices dándole la razón: “Estoy de acuerdo, es algo en lo que hay que trabajar”. Hasta ahora, sin embargo, no ha habido novedades.

La falta de una normativa que regule el máximo de horas que se debe trabajar y los descansos mínimos puede terminar perjudicando tanto la salud del médico en formación, como la del paciente. “Cuando seguía trabajando post-turno, al paciente le pasaba visita por encima. Repetía las indicaciones que estaban anotadas en su ficha, cuando en vez de eso pude haberle resuelto un problema”, confiesa María Luisa (32), quien terminó su beca de pediatría hace un año.  Cuando el cansancio es extremo, los residentes recurren a estimulantes como bebidas energéticas, cafeína, fármacos para mantener el estado de vigilia y ansiolíticos. “Estuve tan reventado por los turnos que hacía, que tomé Ravotril todos los días en dosis altas por tres meses. Ese periodo de mi vida lo tengo un poco borrado. Había cosas que no recordaba días después. Fui muy irresponsable. Podría haber ocurrido alguna negligencia”, recuerda el cirujano Marcelo sobre su período como residente.

Es la una de la tarde de un día sábado. Roberto abandona un hospital del sector sur de Santiago, tras haber hecho la visita a los pacientes que tiene a cargo. Solo esta semana el becado lleva 90 horas trabajadas, de las cuales hizo 36 de corrido en un turno de urgencia con ayuda de una bebida energética. Toma su auto y maneja hasta su casa, ubicada en La Reina. Una vez ahí, almuerza y se dirige a su cama. El objetivo: recuperar la falta de sueño. Roberto duerme 16 horas seguidas hasta que su alarma suena a las siete de la mañana del día siguiente y le recuerda que tiene que levantarse para emprender rumbo al hospital a controlar a sus pacientes nuevamente. “Tengo normado que por lo menos una vez a la semana debo hacer esto o sino no me da”, comenta Roberto.

Un desorden institucionalizado

Una investigación especial realizada por la Contraloría General de la República a la Subsecretaría de Redes Asistenciales y los Servicios de Salud de la Región Metropolitana, revela el desorden e incongruencias que existen en la regulación de los residentes. La Contraloría solicitó los antecedentes de la cantidad de profesionales en etapa de formación entre los años 2010 y 2014. El resultado refleja que, la subsecretaría y los distintos servicios de salud manejan números completamente distintos sobre cuántos médicos se encontraban realizando los programas de especialización. El total de médicos en etapa de formación en los años examinados fue de 387, según la subsecretaría, mientras que los servicios de salud metropolitanos informaron de 709. Es decir, existe una diferencia de un 83% entre ambas informaciones.

Tomando en consideración los resultados de la investigación de Contraloría, la presidenta del Colegio Médico comparte la opinión de que existen desconexiones entre todos los organismos involucrados, pero valora que se revelen estos problemas: “Es una anarquía total del desorden. Pero la Contraloría gasta casi el 35% de su tiempo en salud y ha ido revelando irregularidades”. Por su parte, Patricia Muñoz, defiende el trabajo de las universidades y culpa al Ministerio de Salud por el desorden en los números. “Ese es tema del ministerio. Nosotros tenemos clarísimo cuántos becados tenemos”, declara la decana de Medicina de la Universidad Diego Portales.

Izkia Siches formó parte del equipo fundador de Residentes Chile en 2015, mientras se desempeñaba como presidenta del Colegio Médico Regional de Santiago. Pero para la actual presidenta del Colegio Médico, el trabajo que lleva a cabo la agrupación de residentes no es suficiente para lograr las metas proyectadas. “Creo que hay que hacer más trabajo, ponerle más empeño”, enfatiza Siches, y recuerda un hecho ocurrido el año pasado en una de las últimas mesas negociadoras para modificar el reglamento becario. Según su versión, Residentes Chile no estuvo de acuerdo en establecer el post-turno como exigencia a los hospitales, pese a que ahora es uno de sus principales lineamientos.

Gonzalo Pavez, quien ejercía como presidente de Residentes Chile el 2017, niega rotundamente lo expresado por Siches respecto a la postura de la agrupación sobre la exigencia de un post-turno: “Residentes nunca se opuso a reformar el reglamento. La puerta de tope siempre fue el Ministerio de Salud”. Por otro lado, a Germán Ávalos le sorprende la actitud y disposición de la actual mesa directiva del Colegio Médico respecto al tipo de relación que han entablado con las distintas agrupaciones, en especial con Residentes Chile: “Nos han excluido sistemáticamente de los espacios de participación con un nivel de virulencia que no me logro explicar”.

El 27 de junio de este año, la Subsecretaría de Redes Asistenciales envió un plan de formación y capacitación de residentes para los próximos cuatro años a la Comisión Especial Mixta de Presupuesto del Congreso. El documento establece varios puntos, pero hay uno que llama la atención. En la página 28, bajo el subtítulo de “Nuevo trato con organizaciones gremiales”, se detalla la importancia de la participación de las distintas agrupaciones para lograr lo propuesto en el Plan y de crear espacios para esto. Dentro de las organizaciones con las que se recomienda mantener un diálogo permanente, se menciona explícitamente a Residentes Chile. “Yo estoy tratando de configurar el escenario, sin el apoyo de la Izkia (Siches), para que a nosotros nos incluyan en la mesa de trabajo. Sentimos que no tenemos el apoyo de la mesa directiva”, denuncia Ávalos.

Según las opiniones y análisis de las distintas fuentes para esta investigación, las soluciones más concretas para regularizar el trabajo de los residentes parecieran ser dos: una modificación del reglamento becario, en que se establezcan explícitamente las cargas asistenciales y horarios que deben cumplir los médicos en formación; y su inclusión como funcionarios públicos. Al adquirir esta figura legal al momento de comenzar su especialización, los residentes se incorporarían al sistema público con un vínculo laboral con el Estado, por lo que su contrato estaría regulado por el Estatuto Administrativo, algo que actualmente no ocurre. Pero para el abogado Guevara, nada de esto asegura que se dejen de cometer abusos si no se implementa un sistema que sea capaz de fiscalizar y sancionar a quienes no cumplan con lo anterior.

Por otra parte, Patricia Muñoz señala que esto debe resolverse de forma conjunta entre Asofamech, el Colegio Médico y el Ministerio de Salud. Pero es enfática en destacar que las necesidades de los hospitales muchas veces pasan por arriba de lo dispuesto en los programas de formación. A pesar de esto, Muñoz es optimista sobre los futuros cambios. Haciendo un símil con el movimiento feminista, en que se levantó la voz sobre la normalización de tratos discriminatorios hacia las mujeres, las nuevas generaciones de médicos también serán capaces de denunciar los abusos y de lograr cambios en el sistema, y agrega: “Hoy día llegó el momento de poder, a través del levantamiento de toda esta información de abusos, poner a trabajar a las instituciones que les corresponde”.

Un cambio que afecta directamente a la salud pública, en que médicos en formación y sin descanso, pueden llegar a estar a cargo de diez pacientes, cuando lo recomendado, según la propia decana, es entre cuatro y seis. Germán Ávalos está de acuerdo en que esto perjudica directamente el trato con el paciente y es enfático en señalar que hay evidencia que demuestra que esto afecta a la seguridad de ambos, para finalizar con una pregunta: “¿A ti te gustaría que te operara un cirujano que ha trabajado más de 36 horas?”.

 

 

Maite Pizarro y Cristóbal Baeza son estudiantes de Periodismo UDP, generación 2015.