EL DESPERTAR DE MELIPILLA

28/11/2019

Como una de las jornadas más violentas que se hayan vivido en la ciudad después del término de la dictadura. Así recuerda Loreto Zúñiga lo que ocurrió en Melipilla el pasado 19 de octubre. Su familia lleva más de medio siglo viviendo en la comuna y durante las últimas semanas han sido testigos de saqueos simultáneos, incendios y enfrentamientos callejeros. Una violenta batería de imágenes que aún siguen vivas en la retina de todos los habitantes de esta ciudad.

Rayados en el centro de Melipilla – Josefina Reyes

“Lo más impactante para mí, es que en menos de una semana, regresé de Santiago a una ciudad desconocida, que de un fin de semana a otro, ya no era la ciudad que me ha albergado durante mis 29 años. Sufrió y sufrimos como habitantes un punto de quiebre que espero no sea en vano”, señala Zúñiga.

Posterior al inicio del estallido en Santiago, las manifestaciones se hicieron presentes en las calles de esta comuna. En cada muro disponible se puede sentir el malestar de los manifestantes contra el gobierno y las autoridades locales. Un despertar que también ha modificado la rutina del melipillano, tanto de quienes trabajan en la ciudad, como aquellos que recorren diariamente los 72 kilómetros que distancian a esta ‘ciudad dormitorio’ de la capital. 

Los colegios tienen nuevos horarios de funcionamiento, se han reducido las jornadas de trabajo y las protestas se suceden diariamente, marcando el despertar de una ciudad que carga con el estigma de ser el “patio trasero de Santiago”.

Más allá de los trastornos que han provocado las movilizaciones en la ciudad, Loreto rescata el nuevo espíritu que deambula por las calles: “Melipilla está demostrando tener necesidad de educación, salud y ayuda social, y que a pesar de ser de conocimiento a nivel de autoridades de todas las carencias que existen como ciudad y comuna, lamentablemente aún se mantienen en el tiempo”. 

Trabajar en el centro

La Plaza de Armas es el punto de encuentro de la ciudad, un espacio donde se concentra gran parte de la actividad comercial. Los locales que la rodean son parte de la tradición melipillana, mezclándose también con los nuevos espacios que han surgido en el último tiempo. 

Uno de estos míticos locales es la heladería «La Plaza» de María Teresa Espinoza y su familia. Durante más de 40 años están instalados en el corazón de Melipilla. Nos confiesa que estos últimos días no han sido fáciles para ellos, ni para ningún empresario del sector. En el centro de la ciudad se viven diariamente diversas manifestaciones empujadas por el malestar social. Según nos cuenta María Teresa, en las protestas participan familias, niños y jóvenes, a los que también se suman algunos grupos de encapuchados que interrumpen para enfrentarse a Carabineros.

Todo esto ha significado que la mayoría de los locatarios del sector deban funcionar siguiendo el ritmo de las protestas, cerrando y reforzando la seguridad de sus negocios para evitar que los locales sean destruidos. Un estado de alerta que se mantiene hasta hoy.

“La verdad que no está tranquilo, los horarios de trabajo se deben ir creando de acuerdo a los acontecimientos. Pero debemos seguir viviendo y trabajando, ya que las cuentas llegan igual y debemos cumplir con el personal que colabora con nosotros”, afirma María Teresa. Si bien nos reconoce que su local aún no ha sufrido daños, asume que día a día vive con la incertidumbre de un posible ataque.

Fachada Banco de Chile –  Por Josefina Reyes

Salir a marchar 

Catalina Roblero es estudiante de Ingeniería de la Universidad de Santiago y ha participado activamente de las manifestaciones en Melipilla. Nos cuenta que las escenas de violencia no han sido impedimento para salir a protestar, una manifestación social totalmente nueva para las calles de la ciudad y de consecuencias aún desconocidas. “Sentí miedo porque pensé que podría afectar de manera directa a locales chicos o a casas, yo vivo en un sector «piola» de Melipilla y no tienden a suceder ese tipo de cosas y escuchar gritos y balas de un momento a otro es impactante”, reconoce Catalina.

Marcha ciudad de Melipilla – Josefina Reyes

Para la joven, caminar en una marcha al lado de los que algún día fueron sus profesores en la etapa escolar, ha sido una inspiración para seguir protestando, sumándose así al reclamo de los docentes por obtener un sueldo y jubilación digna. “Ahora se siente una energía  diferente al marchar, porque es lindo ver a cientos de personas luchando por un fin en común”, afirma Roblero. 

Roblero ha participado activamente de las distintas jornadas de protestas y cabildos de la ciudad. Dice que esto le ha dado la opción de entender las verdaderas necesidades de la comunidad. No apoya los saqueos y la destrucción, pero concluye que “la violencia y las faltas de respeto por parte de los distintos gobiernos han provocado esta situación”.