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Patricio Díaz, creador de Guaripolo: “A 31 Minutos no hay que politizarlo”
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Patricio Díaz, creador de Guaripolo: “A 31 Minutos no hay que politizarlo”

Tras el éxito del Tiny Desk de 31 Minutos, Patricio Díaz —hasta entonces un rostro anónimo del equipo— se convirtió en una de sus figuras más visibles. En esta entrevista con V240 revela detalles inéditos del show: desde la idea de cambiar la letra de “Objeción Denegada” hasta la gaviota del Festival de Viña que dejaron como recuerdo. Con estudios en mecánica automotriz y comunicación audiovisual, es dueño una fábrica de carpas industriales, sueña con ser piloto de carreras y cuenta que, antes de viajar a Washington, debió someterse a la extracción de un tumor en la cabeza.

Por Manuel Silva Segovia

18 de Noviembre de 2025

Patricio Díaz junto a un cuadro de Guaripolo, su personaje de 31 Minutos

Viste una polera gris sin mangas, short negro y una cadena de plata. Patricio Díaz, 50 años, recibe a V240 en el comedor de su departamento en Ñuñoa con un plato de frutas en la mano. Es el hermano menor de Álvaro Díaz, uno de los creadores de 31 Minutos. Su trayectoria en el programa no es nueva: se remonta a la primera temporada, en 2003, cuando se desempeñaba como director de efectos especiales. Hoy es la voz de Juan Pablo Sopa, el famoso abogado “que habla como idiota”, y de Guaripolo, autodenominado “el personaje favorito de los niños”. En su casa hay cuadros del títere naranja, junto a dibujos de sus exposiciones personales y fotografías familiares.

Pero su rostro es más conocido desde el 6 de octubre pasado, cuando Tiny Desk Concerts de la cadena de NPR, subió la sesión de 31 Minutos a Youtube. El video cuenta hoy con más de 12 millones de vistas y un millón de likes, superando en visualizaciones a artistas como Karol G o Carín León. En el show, la canción “Objeción Denegada”, de Juan Pablo Sopa, fue una de las más comentadas por sus referencias a la Visa Waiver y a la situación migratoria de Estados Unidos.

Patricio Díaz dice que fue su idea y que las consecuencias han sido solo positivas.

—Imagínate el momento que estamos pasando. Si bien 31 Minutos tiene más de 20 años de carrera y que es muy conocido en Chile y en Latinoamérica, el Tiny Desk es como ganar el mundial. Nosotros estábamos muy seguros de que iba a salir bien el show, pero no pensamos que iba a llegar tan lejos. En lo personal me pone muy contento, es fruto de muchos años de trabajo. Nosotros podemos vernos quizás medios desordenados, pero a la hora de la pega somos extremadamente rigurosos y muy responsables. Creo que el Tiny Desk sintetiza muy bien lo que es 31 Minutos.

—¿Estás con estrés post Tiny Desk, como contó tu hermano?

—La fama, los escenarios y todo eso es medio adictivo. Cuando estás ahí, liberas dopamina y después te viene una bajada, porque vuelves a tu vida normal y la encuentras media fome. A mí me hace muy bien mi vida normal, porque me aterriza. Sigo siendo la misma persona que he sido siempre, obviamente más feliz ahora, porque sé que voy a estar con mucha pega y que tendré estabilidad económica. Eso significa que puedo pagar el colegio de mis hijos, pagar el arriendo de mi departamento, comer, quizás ahorrar algo, irme de vacaciones. Eso me hace feliz. Pero a Álvaro creo que le pega más todavía, porque es el rostro. Por ejemplo, fuimos al partido de la final del Mundial Sub 20, entre Marruecos y Argentina, y no nos dejaban tranquilos. Obviamente, uno se debe al público, tienes que ser amable con todo el mundo, porque gracias a ellos estás donde estás, son los que compran un ticket para ir a ver tu show. Pero bueno, uno eligió esto. A mí nadie me obligó a pararme arriba de un escenario a cantar.

—A un mes del Tiny Desk, ¿dirías que eso les cambió el nivel de fama?

—A mí nadie me cachaba. Nadie sabía quién estaba debajo de los monos. Me pasaba que solo me reconocían por mi voz. Pero ahora somos visibles. Con el Tiny, durante las semanas posteriores las redes sociales se concentraron solo en 31 Minutos. En un momento dejé el teléfono. Todos tuvimos obviamente esa emoción de la primera semana. No paré de subir historias, porque estaba muy emocionado, pero después me saturó. Esto ha generado una sobreexposición para nosotros y es bueno cuidarse. En lo personal, prefiero ser más bajo perfil. Me encanta ir a la radio, eso me gusta más que cualquier cosa. Algún día me encantaría trabajar ahí. Si puedo ir a diez radios en un día, feliz lo hago.

—En la canción “Objeción Denegada”, ¿tuviste que ver con las referencias como la parte de la Visa Waiver?

—Cuando estábamos en los ensayos se me ocurrió cambiar esa parte del principio. En vez de repetir lo mismo, pongamos lo de la Visa Waiver y lo de “ilegal”. Fue increíble hacer ese cambio de dos palabras en una canción. Un golpe de 31 Minutos a Trump en su propia casa. Hacemos mucha referencia al problema de los latinos en Estados Unidos. Por eso creo que el público latino sintió como si fuésemos unos portavoces.

—¿Y sufriste alguna consecuencia por eso?

—Las consecuencias han sido todas buenas. El Tiny Desk expande nuestro mercado de público. Nosotros siempre tocamos en Chile y en México. Ya hemos tocado en Colombia o en Argentina. Pero esto es una puerta que se abre para entrar a Europa, a todo el público de Estados Unidos de habla hispana. Trump no debe estar enterado, pero sería increíble que viera el programa.

—¿Dejaste recuerdos en el estudio del Tiny Desk?

—Dejé varias cosas: la calcomanía de la Motolancha (equipo de fútbol de sus sobrinos), los stickers de mi exposición y un CD de Guaripolo. Todos llevaban algo para dejar. Hemos visto los Tiny Desk posteriores y hay cosas que ya no están. Algunos dicen que se las llevaron los mexicanos que fueron después. Y también llevamos una gaviota del Festival de Viña.

—¿Y la dejaron allá?

—Sí, una de las gaviotas, junto con un libro.

LA DESFACHATEZ DE GUARIPOLO

Tras el furor del Tiny Desk, la agenda de 31 Minutos permanece copada. Además del próximo estreno de su nueva película —31 Minutos: Calurosa Navidad—, el elenco viajará a Colombia para presentarse en un festival de teatro. El 31 de enero volverán al Movistar Arena con Radio Guaripolo y, en abril, iniciarán una extensa gira por México que se extenderá por más de un mes. “Estamos muy solicitados”, resume Patricio Díaz.

—¿Cómo surge la idea de un personaje como Guaripolo?

—Muy random. Hicimos un especial de la Teletón donde empiezan a aparecer todos los personajes. Aparece Don Francisco de cartón, y todos se ponen al lado. Entonces agarramos el Guaripolo original. Era un tío pelado al que le pegaron lana naranja, porque había un ovillo de lana naranja, y después le pusieron unos ojos. Fue creado en el momento. Y quedó horrible. Era flaco, un indigente con una bolsa de basura. Y el personaje lo hice yo.

—¿Pero siempre ibas a ser tú?

—Fue azar y me tocó a mí. Entré a 31 Minutos como escenógrafo. Todos los elementos de la primera temporada los construí yo. Lo que más me gustaba era hacer efectos especiales truchos. De hecho, en los créditos salgo como director de efectos especiales. Ya en la segunda temporada entré en el equipo como creativo, haciendo personajes y escribiendo guiones. En el caso de la Teletón, agarré el mono y había que ponerle un nombre. Creo que fue Pedro (Peirano) quien le puso Guaripolo.

Sopapiglobo es mucho mejor. Estábamos grabando en TVN y nos estaban haciendo un reportaje. Y en un momento dicen: “Bueno, ¿tienen algún nuevo personaje para la temporada que se viene? Y yo: “Obvio”. Habían ocupado un sopapo para algo, y había un globo al lado, y yo los pegué. Dije: “Sí, tenemos a Sopapiglobo”. Y a la siguiente temporada, Sopapiglobo era el asistente de Guaripolo. Así fue como nació. No hay un estudio. Dos personajes que nacieron de la nada”.

—¿Cuánto de ti tiene Guaripolo? ¿En qué se parecen?

—Yo creo que inconscientemente uno le va metiendo mucho de su cosecha. Es mi personaje favorito, pero no porque lo haga yo, sino porque me gusta cómo es. Me gusta la desfachatez que tiene Guaripolo, porque hace lo que quiere. Quizás me gustaría ser así también. Tiene mucho de mi humor. Es completamente inconsciente. Si estás mucho tiempo haciéndolo, empiezas a convertirlo. De hecho, pasa con la voz del personaje. Si tú miras el primer Guaripolo, habla distinto al de hoy. Fui adaptando su voz a la mía por comodidad.

—Si fuera real Guaripolo, ¿qué sería hoy?

—Sería un chanta, tendría mil negocios, vendedor ambulante, o tendría algo en Meiggs.

—¿Qué significa para ti que este personaje tenga un espacio como Radio Guaripolo?

—Maravilloso. Imagínate, tu personaje que salió de la nada, tiene un disco con su nombre y tiene dos shows: Radio Guaripolo 1 y ahora Radio Guaripolo 2. Ser el protagonista de la obra más importante que estamos haciendo ahora, también significa algo. Es una responsabilidad que llevo con mucho orgullo y me obliga a ser muy profesional. La obra dura harto, como una hora cuarenta, en la que no paro en ningún momento; o estoy actuando o estoy cantando. Cuando tocan Freddy Turbina, me visto de él (Guaripolo), agarro una bicicleta chica y cruzo el escenario de un lado a otro, después me tengo que volver a cambiar de ropa para actuar. 31 Minutos es como el Real Madrid del teatro, estás con puros secos detrás.

—¿Crees que los niños de hoy, más adictos a las redes sociales, ven 31 Minutos?

—Con lo del Tiny, han retransmitido los capítulos y los cabros chicos comenzaron a verlo de nuevo, lo encuentran divertido. Todavía es atractivo para los niños ver 31 Minutos. Las canciones les encantan. Se las saben todas.

CORREDOR DE RALLY

Los giros en la vida de Patricio Díaz han sido drásticos. Estudió mecánica automotriz, pero se dio cuenta de que no era lo que quería. Entre sus gustos está el dibujo, la construcción y la carpintería, a la que describe “como una manera de arte” y “mejor que cualquier psicólogo”. Su sueño era ser piloto de carreras, pero el lado artístico que heredó de sus padres hizo que decantara por la comunicación audiovisual.

—Jamás en mi vida me imaginé que iba a estar donde estoy ahora.

—Si no estuvieras en 31 Minutos, ¿dónde te ves?, ¿qué estarías haciendo?

—Bueno, tengo mi vida paralela como empresario. Trabajo hace 17 años en mi empresa Coberplas (una fábrica de carpas industriales), que es mi cable a tierra.

—¿Cómo empezaste allí?

—Mi papá es el fundador. Tenía una fábrica de piscinas pelopincho y después empezó a hacer otras cosas ligadas al rubro de telas de PVC. Y para la crisis de 31 Minutos, que fue post primera película (2008), a la que le fue muy mal y quedamos todos sin pega, yo andaba medio tirado. Mi exmujer estaba embarazada y yo sin ni uno. Entonces, hablé con mi papá. Él trabajaba solo, pero yo sabía que le hacía falta alguien. Pensaba que iba a ser una cosa del momento, pero le agarré el gustito al negocio. Hasta nos hicimos socios. Mi objetivo fue hacer crecer la empresa y mi gran logro fue construir la fábrica nueva. Es un trabajo al que le tengo mucho cariño, jamás la abandonaría.

—¿Por qué estudiaste mecánica automotriz?

—Me encantan los autos, las motos, todo eso. Siempre pensé que iba a tener un taller mecánico, era mi objetivo en la vida. Me gustaban mucho las carreras de autos. Mi sueño era ser piloto de carreras… hasta hoy. Si preguntas qué le gustaría hacer en la vida a Pato Díaz, sería ser corredor de rally. Ojalá que algún día tenga la oportunidad. Estoy viejo, pero uno nunca sabe.

“Estudié mecánica, pero, en realidad, me gustaban más los autos para manejarlos que para arreglarlos. En un momento estaba por hacer mi práctica, me habían ofrecido una en Volkswagen, y el primer día decidí no ir. Avisé y ese verano me fui de vacaciones para ver qué hacía con mi vida. Entonces entré a audiovisual en el Duoc, no aprendí mucho, pero hice muy buenos amigos y conocí gente. En mi carné sale eso, comunicador audiovisual, no mecánico automotriz”.

—¿Y después que hiciste con ese lado audiovisual?

—También me gustaba actuar, cantar y hacer videos. Ese era mi lado artístico y lo heredé de mis viejos. Mis papás eran cantantes y se conocieron en un coro. Creo que ellos son artistas frustrados. Mi mamá es enfermera, pero siempre le gustó el canto, y a mi papá lo mismo. Creo que los hermanos Díaz heredamos esos genes.

—¿Cuáles fueron tus trabajos antes de 31 Minutos?

—Escribí un par de guiones para Mea Culpa, y me ofrecieron una pega muy buena en Televisión Nacional, en un programa que se llamaba El Mirador, que era de entrevistas, en el que uno viajaba mucho. Trabajé ahí un año. Escribí guiones para una serie de dibujos animados de unas productoras raras, actué en un par de películas y después 31 Minutos.

De izquierda a derecha: Pedro Peirano, Patricio Díaz, Álvaro Díaz y Pedro Piedra.

UNA ACEITUNA EN MI CABEZA

Patricio Díaz dice que no cuenta con mucho tiempo libre en su vida, pero trata de estar con sus hijos y le agarró el gusto a subir cerros todos los fines de semana. Cuenta que le hace bien, porque hace poco le sacaron un tumor de la cabeza.

—En mayo de este año me encontraron un tumor en la hipófisis. Llevaba mucho tiempo sintiéndome muy raro, andaba muy cansado. Me hicieron mil exámenes y salía todo bien. Hasta que un doctor se le ocurrió pedirme un escáner cerebral. Y aparece este tumor. No tenía tratamiento con radioterapia, había que operarlo, pero tenía buen pronóstico.

—¿Qué síntomas tenías?

—Me tenía mal a nivel de hormonas, yo pensaba que estaba pasando por un cuadro depresivo. Fui a un psiquiatra, y nada. Entonces me dio cierta alegría (cuando supo el diagnóstico), porque es como tener un quiste en la rodilla. Una aceituna en mi cabeza. Y lo mantuve en secreto absoluto. Lo sabía muy poca gente hasta semanas antes de la operación.

—¿Sabían tus hijos?

—Al final les conté, cuando faltaban diez días. Yo lo hablé con Álvaro al principio y con la gente que tenía que saberlo, porque estábamos con los shows de Radio Guaripolo y teníamos que parar. El 24 de agosto tuve un show en Talca. Llegué a Santiago de madrugada, me fui a la clínica y al día siguiente me estaban abriendo el mate a las ocho de la mañana.

“Han pasado dos meses y estoy casi recuperado. Estoy tomando remedios, pero la operación salió bien. Ando de buen ánimo. Se me movió el piso con esto, porque me dio mucho susto. Obviamente tengo que hacerme controles de por vida, todos los años. Este tiempo me ha servido para pensar en mi vida. Ahora agradezco que me haya pasado esto, porque le doy más importancia a la familia, los amigos, cosas que tenía postergadas, vivir más tranquilo, ser menos amargado o no complicarse por tonterías. Me aterrizó, quizás necesitaba un remezón”.

—¿Cómo es tu relación con Álvaro?

—Somos muy unidos. No somos de demostrar mucho afecto, pero nos queremos mucho. Álvaro, como hermano mayor, es un siete. Cuando me separé, por ejemplo, me recibió en su casa un par de meses para que me afirmara. Pero estoy donde estoy por el trabajo que he hecho, no por ser hermano de Álvaro.

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31 MINUTOS Y LOS REPUBLICANOS

—¿Cómo ves las presidenciales?

—Como la mierda. Creo que el fascismo y el comunismo son dos cosas igual de malas, cualquier cosa que tenga tanto adoctrinamiento me parece muy mal. Si me preguntas cuál es mi postura política, me considero socialdemócrata. Siempre he estado cercano al socialismo, pero creo en la empresa privada también.

—¿Por quién votaste?

—Voté por Jara, más allá de si me gusta o no. Jamás podría votar por la derecha. Me parece terrible que un tipo como Kast pueda ser presidente, es un animal, un monstruo.

—En una entrevista, Franco Parisi dijo que los que están detrás de 31 Minutos son “comunachos”. ¿Qué piensas de eso?

—A Parisi lo encuentro tan detestable. Ni siquiera puedo verlo, igual que a ME-O. El solo hecho de escucharlos me molesta. Pueden decir cualquier cosa, que digan lo que quieran. A 31 Minutos no hay que politizarlo. Sería lamentable que un hijo de un republicano no lo viera porque a su papá ideológicamente no le parece. Al contrario, los que más tienen que ver 31 Minutos son ellos para que no sean como sus papás, para que corten ese hilo facho.

—Y si Guaripolo fuera el próximo Presidente, ¿cuál sería su primera ley?

—Chicle de choclo para todos.

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