EZZATI Y LA MANO INVISIBLE DE ERRÁZURIZ

25/03/2019


“Ezzati: El cardenal del silencio” es el nombre de la biografía no autorizada del arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, que obtuvo uno de los premios a mejor proyecto de título de Periodismo UDP 2018. Este extracto relata detalles desconocidos de la relación entre Ezzati y su antecesor, Francisco Javier Errázuriz. Ambos han sido acusados de encubrir abusos sexuales y mientras se espera que en cualquier minuto se nombre un reemplazante para Ezzati, Errázuriz cayó en desgracia y fue excluido del círculo de hierro del Papa Francisco.

Tras presentar su renuncia en 2008 al Papa Benedicto XVI, Francisco Javier Errázuriz fue ratificado en su cargo de arzobispo de Santiago hasta que el pontífice decidiera quién lo sucedería en la arquidiócesis. El proceso se extendió por dos años, durante los cuales varios candidatos rondaron como posibles líderes del clero capitalino. Nombres como Alejandro Goic, quien ejercía su ministerio en Rancagua; Juan Ignacio González, obispo de San Bernardo o Fernando Chomalí, entonces obispo auxiliar de Santiago, sonaban dentro de las ternas para suceder al schoenstattiano.

Validado como un hombre de acuerdos y de trato dialogante, Ricardo Ezzati —que ese 2010 había sido electo como presidente de la Conferencia Episcopal, mientras era arzobispo de Concepción— empezaba a tomar fuerza como el hombre para relevar a Errázuriz. Ya habían trabajado juntos en Roma y Santiago, mantenían un vínculo que se afianzó durante el período previo en que Ezzati había estado como obispo auxiliar.

Pero Benedicto XVI tenía otros planes para Santiago. De acuerdo a un religioso que ha colaborado durante varios periodos arzobispales, a mediados de año el Papa tenía definido el nombre: sería el obispo de Los Ángeles, Felipe Bacarreza Rodríguez. Al enterarse el episcopado chileno, varios grupos de obispos se movilizaron para bloquear el nombramiento de quien fue el primer formado por Fernando Karadima en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de El Bosque. Entre ellos, Francisco Javier Errázuriz.

El sábado 16 de octubre de 2010, el cardenal Errázuriz viajó a Roma. Cuatro días después regresó a Santiago. Según informó La Segunda, el motivo del viaje tuvo relación con el afinamiento de asuntos que eran “de vital importancia” en lo que sería el nombramiento de su sucesor y manifestar su intención de zanjar el caso del expárroco Karadima.

El mismo religioso dice que tras su encuentro con el Papa, Errázuriz manifestó que no podía nombrar a Bacarreza y expuso que sus dos candidatos eran Goic y Ezzati. Ante la pregunta de a quién elegiría él, habría respondido “cualquiera de los dos”, explican cercanos al cardenal.

Un mes después, en el marco del velorio del sacerdote Sergio Valech, el cardenal Errázuriz habría dicho que la designación del nuevo arzobispo era cosa de días. En el camino parecía haber quedado Juan Ignacio González, obispo Opus Dei, por sus vínculos con la dictadura militar. Por esos días la prensa especuló con el nombre de Fernando Chomalí y Alejandro Goic. Incluso, El Mercurio apostaba con que el nombramiento más probable sería el del prelado rancagüino.

Pero Ezzati sorprendería a todos, convirtiéndose en el sucesor.
— (Errázuriz) le enseñó la forma de ser obispo donde, si uno mira el episcopado de Errázuriz en Santiago y el episcopado de Ezzati, no hay grandes diferencias, especialmente en la forma de hacer las cosas y por eso se mantuvieron los problemas que hubo —dice el académico y exseminarista Roberto Ríos.

Un clérigo dentro del palacio arzobispal cuenta que antes de su designación en Santiago, Ezzati estaba considerado para ser el secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y la Sociedades de Vida Apostólica debido a las buenas referencias que Benedicto XVI tenía de él por su participación como visitador apostólico de los Legionarios de Cristo en Latinoamérica. Aunque la intervención de Errázuriz redefinió sus planes. “Era lógico que Errázuriz buscaba alguien con quien tuviera cierta relación filial. Durante su gobierno pastoral habían quedado muchos flancos sueltos y a no le convenía que todo eso se ventilara. Necesitaba alguien en quien tener cierta influencia”, explica la misma persona.

Al ser consultado, el cardenal Errázuriz desmiente que haya interferido en la decisión Papal. “Uno no se mete en eso. Lo lógico es que elijan a alguien que sea un poco distinto a lo que tú eres, entonces uno no puede ser el árbitro para andar eligiendo a lo más parecido a uno”, espeta.

Entre los sacerdotes y laicos de la diócesis de Santiago existía la sensación de que Francisco Javier Errázuriz no había dejado el poder completamente. Los coletazos del fallo por el caso Karadima lo golpeaban directamente. En más de una ocasión, las tres principales víctimas del abusador, lo acusaron de “criminal” y “encubridor”.

Ricardo Ezzati denotaba poca fuerza en su pastoral. Era conocido en las dependencias del Arzobispado de Santiago que él pedía consejo a su antecesor para tomar sus propias decisiones. Pero, otras veces, también Errázuriz se metía en los temas sin que se lo pidieran.

* * *

En octubre de 2014, la debilitada credibilidad de la Iglesia se hallaba aún más afectada por un nuevo antecedente. El arzobispo de Santiago había enviado a través del nuncio apostólico, Ivo Scapolo, una carpeta de antecedentes al Vaticano con las declaraciones que los sacerdotes Felipe Berríos, Mariano Puga y José Aldunate habían hecho de manera negativa contra Ricardo Ezzati.

El Arzobispado se defendió diciendo que había respondido a una solicitud de la Nunciatura enviando los antecedentes, chuteando la pelota hacia la cancha de Scapolo, con quien, varios conocedores al cardenal Ezzati, reconocen que no tienen una buena relación. “No son amigos, tampoco se llevan bien y su vínculo no pasa más allá de lo protocolar”, dice un religioso cercano.

Aunque Ezzati sería desmentido rápidamente después de un reportaje publicado por El Mostrador, donde se reveló que el tema fue tratado directamente por él e informado al cardenal Errázuriz.

El artículo del medio online mostró que las comunicaciones entre ambos fueron fluidas entre 2013 y 2014, y que a través de esos correos electrónicos se pusieron de acuerdo para gestionar y vetar algunos nombramientos relacionados con la Iglesia, como el caso de Felipe Berríos y su posible nombramiento como capellán del Palacio de La Moneda o el del periodista Juan Carlos Cruz para que integrara una comisión vaticana contra el abuso a menores. En el caso del denunciante de Karadima, Ezzati escribió que la posibilidad de que Cruz fuera nombrado en esta comisión y participara en la Conferencia Episcopal Anglófona era una “noticia que no me agradó para nada (…) Sabemos cuál es la intención del Sr. Cruz hacia usted y hacia la Iglesia de Santiago”.

Un punto importante fue la vinculación del lobista Enrique Correa, dueño de la consultora Imaginacción, luego de que Francisco Javier Errázuriz respondiera al cardenal Ezzati que “llamé a E. Correa para decirle que si el gobierno nombrara al personaje (Felipe Berríos) capellán de La Moneda estaría armando un gran e innecesario conflicto, porque te obligaría a rechazarlo. (…) Me dijo que lo transmitiría de inmediato”, escribió.

En entrevista con los autores, Correa entrega su versión de los hechos: “Él (Errázuriz) había hablado conmigo, yo creo que antes de ese correo. Me dijo que no tenía problemas con que fuera un jesuita el nuevo capellán de La Moneda, aunque no hizo referencia a Berríos. Sin embargo, me contó que La Moneda sólo presentó una terna con jesuitas. Yo le dije que era algo habitual que los presidentes designaran gente con la cual se identificaran mejor y punto”.

Sobre un eventual nombramiento de Berríos en La Moneda, el sacerdote jesuita Fernando Montes —quien además fue su guía y formador— explica que ante una situación así su compañero de congregación “se hubiera llegado a reír”. El exrector de la Universidad Alberto Hurtado menciona que “ambos somos amigos de Michelle Bachelet, hemos conversado con ella. Sin embargo, Berríos es para otras cuestiones, no para estar ahí en una sección jurídica metida en La Moneda, de ninguna manera”.

Por su lado, el lobista Enrique Correa menciona que —después del episodio de los correos— su imagen quedó como la de alguien que fuera nexo y clave para ambos cardenales. Él lo desmiente.

—Eso nunca no ha sido así en la vida. Además, al cardenal Errázuriz lo conocí cuando ya no era arzobispo de Santiago, nunca lo había visto antes. Sí lo asesoré, como fue público, cuando ocurrió su situación con las acusaciones que tenía sobre Karadima, él hizo una entrevista explicando las cosas y colaboró. Recién en ese tiempo yo estuve más cerca de él. Pero es una persona a la que le tomé estimación después de eso —enfatiza sobre ese punto, aunque dice que la relación entre ambos cardenales es “bastante cercana”.

Meses después de la publicación en internet, otro hecho se sumaría a la ya larga lista de maniobras comunicacionales entre Errázuriz y Ezzati, luego de que el 6 de noviembre el periódico Encuentro, que es propiedad del Arzobispado de Santiago, publicara una entrevista de seis planas al cardenal emérito de Santiago. La decisión —vista derechamente como un lavado de imagen por la opinión pública— fue tomada sin el consentimiento del Comité Editorial de la publicación, la cual es integrada por varios periodistas y expertos en el área de las comunicaciones.

Como resultado, el exdirector del diario La Tercera, Guillermo Turner Olea, y la exgerenta de Asuntos Corporativos de Televisión Nacional de Chile, Eliana Rozas Ortúzar, renunciaron al comité. Además, varias capillas y parroquias se negaron a distribuir ese ejemplar, devolviéndolas al Arzobispado.

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En 2011, el asumido arzobispo de Santiago tuvo que enfrentar la primera denuncia contra el exvicario de la Solidaridad, Cristián Precht Bañados. La acusación era de la familia de Patricio Vela —joven que se suicidó en Estados Unidos y cuya familia acusó que el sacerdote había abusado de él durante años—, cuyo testimonio fue entregado al cardenal Ezzati. “Mira, me ha llegado una denuncia de una familia muy amiga tuya, de un amigo tuyo que fue a estudiar a Estados Unidos hace 20 años. La denuncia es contra ti por abusos hacia este joven”, fue lo que le comunicó a Precht, según el libro de Andrea Lagos.

El personaje no era irrelevante. En 2011, cuando Ezzati fue entronizado como arzobispo de Santiago, fue Cristián Precht quien lo recibió con el primer discurso en nombre de la diócesis capitalina: “Hoy lo recibe su Iglesia, con el corazón y los oídos muy abiertos, para seguir su peregrinación, atenta a su pastoreo. Para ello comprometemos desde ya nuestra oración. Sabemos que Ud. viene ‘para evangelizar’, como reza su lema episcopal, y que dará un nuevo impulso a la Misión Continental (…) con este espíritu queremos afrontar junto a Ud. los problemas que nos tensionan y los nuevos desafíos que nos imponen los tiempos”.

El proceso de investigación previa fue llevado a cabo por el sacerdote jesuita Marcelo Gidi, quien recibió ocho denuncias más. Al leer el informe de trece páginas, Ezzati ordenó que un promotor de justicia se hiciera cargo de la investigación.

En diciembre se optó por aplicarle a Precht un proceso penal administrativo donde nombró al vicario judicial, Jaime Ortiz de Lazcano, como delegado que actuó como juez instructor.

Luego de la lectura del informe de Ortiz de Lazcano y la comprobación por parte de los peritos, el caso fue enviado a la Congregación para la Doctrina de la Fe debido a que había casos de menores de edad involucrados. Junto con ello, el 21 de junio de 2012, Ezzati solicitó derogar la prescripción de delitos en el caso.

En noviembre de ese año llegó el veredicto desde el Vaticano. El fallo encontró a Cristián Precht culpable y para complicar aún más la situación, el documento le encomendó a Ezzati definir la pena. Abrumado por la decisión, el cardenal encomendó a Ortiz de Lazcano que redactara el fallo. Luego de una semana, el vicario judicial se reencontraría en el arzobispo de Santiago en su residencia de la calle Simón Bolívar.

Más tranquilo y pausado, Ezzati encontró correctas las apreciaciones hechas por el sacerdote español, pero decidió hacer un cambio. En vez de condenarlo a “una vida perpetua de penitencia y oración” fuera del ministerio sacerdotal, el salesiano decidió que la condena contra el exvicario fuera de solo cinco años. Tras una tensa discusión entre ambos, Ezzati resolvió: “Precht tenía 72 años y después tendría 77. Serían 5 años, fin de la discusión”, relata Andrea Lagos en su libro.

Un conocedor de la jerarquía vaticana y el derecho canónico plantea y responde la siguiente pregunta con una hipótesis: “¿Qué pasó y cómo es posible que se haga este cambio? Obviamente que Ezzati habló con alguien y ese fue Francisco Javier Errázuriz”.

Un integrante del episcopado chileno asegura que en el Vaticano supieron de este cambio. La reacción desde la Santa Sede fue de extrañeza. “Esto no puede ser”, reconoce el prelado que le dijo un canonista vinculado a la Congregación para la Doctrina de la Fe.
El caso de Precht se suma a decenas de sacerdotes denunciados públicamente por BishopAccountability y donde, en varios de sus registros, se repiten los nombres de Ezzati y Errázuriz debido a su manejo sobre este tema.

Investigación:
Juan Nicolás Gamboa y Daniela Riveros
Fotografías :
Sitio web www.iglesia.cl
GameOfLight vía Wikimedia Commons