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Francisco Etxeberría, médico forense español: “Pablo Neruda murió, entre otras cosas, por la desatención que tuvo en la clínica donde estaba’’
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Francisco Etxeberría, médico forense español: “Pablo Neruda murió, entre otras cosas, por la desatención que tuvo en la clínica donde estaba’’

El asesor sobre memoria histórica del gobierno español, conversó con Vergara 240 sobre cómo ha sido su trabajo internacional como investigador forense y su participación en Chile como perito en el análisis de los cuerpos de Víctor Jara, Salvador Allende, Pablo Neruda y de los asesinados en los Hornos de Lonquén.

Por Francisco González Valdebenito

15 de Septiembre de 2023

Francisco Etxeberría Gabilondo (66), conocido también como ‘’Paco’’ Etxeberría, ha dedicado su vida a lo que él denomina ser un “médico atípico’’. Inició sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid, donde se especializó en Medicina Legal y Forense, Antropología y Biología Forense, y se tituló años más tarde como Doctor en Medicina de la Universidad del País Vasco.

Producto de un fuerte fervor social inspirado por las manifestaciones contra el franquismo en España, y por su atracción hacia la lírica de las canciones de Víctor Jara, Etxeberría desde joven vinculó sus estudios con una perspectiva social, lo que lo llevó a participar en múltiples proyectos vinculados a la memoria y al estudio de personas asesinadas en períodos dictatoriales y de autoritarismo, tanto en España como en Chile.

Entre de los casos más emblemáticos en los que ha participado, se cuenta la exhumación de personas que fueron asesinadas durante la Guerra Civil Española y en el período de Francisco Franco, la identificación de los restos del escritor Miguel de Cervantes y del último rey de Granada, Boabdil ‘’el Chico’’. En Chile, contactado por María Sepúlveda Edwards (exdirectora del Museo de la Memoria) durante el gobierno de Michelle Bachelet, trabajó en los peritajes que analizaron las muertes de Víctor Jara, Pablo Neruda y Salvador Allende, y en la identificación de las personas asesinadas por la dictadura en 1973 en los Hornos de Lonquén.

Su trayectoria lo ha llevado a ser galardonado con el Premio Derechos Humanos ‘’Gipuzkoa Giza Eskubideak 2006’’, Premio Derechos Humanos ‘’Rene Cassen 2007’’, Premio ‘’9M por las personas desaparecidas’’ y el Premio de Humanidades, Cultura, Artes y Ciencias Sociales ‘’Eusko Ikaskuntza 2013’’. Hoy se desempeña como docente de Medicina Legal y Forense de la Facultad de Medicina de la Universidad del País Vasco, como subdirector del Instituto Vasco de Criminología de la misma casa de estudios, y como asesor en materia de memoria histórica del gobierno español, desde donde impulsó la aprobación de la ‘’Ley de Memoria Democrática’’.

 

-¿Cómo definirías tu trabajo? ¿Cómo es el proceso de reconstrucción de historias en base a restos óseos?

-Aunque nosotros seamos médicos especialistas en medicina forense, nos convertimos en médicos atípicos. De muchas especialidades en el campo de la medicina, cualquiera sabe diferenciar a un dermatólogo, un pediatra o un cirujano plástico, pero entre todo ese conjunto, hay una que se llama medicina legal y forense, que es un poco más social por así decirlo. Se parte desde la medicina, pero tiene una incidencia social importante, sobre todo porque viene a auxiliar a las autoridades, especialmente en temas de materia penal.  Así, nos convertimos en médicos atípicos, porque no estamos acostumbrados a la rutina de esa medicina que hace diagnósticos para luego ser capaz de tratar a las personas y en su caso, curarlas. Investigamos para generar información que pueda servir a la autoridad para tomar decisiones, y así se reflejan nuestras conclusiones en los resultados y en las sentencias judiciales (…). Tenemos el título oficial de médicos especialistas en medicina legal y forense, pero luego cada uno de nosotros procura abrirse camino en alguno de esos otros espacios de especialización. En mi caso, siempre me interesó más todos los problemas de identificación humana, y también los que tienen que ver con la patología forense.

 

-¿Cómo logras convivir con la carga emocional que hay detrás de estos casos?

-Uno se va acostumbrando. Claramente, no es lo mismo que aquella primera autopsia que haces a solas, con un cadáver que ya no es una persona, es un cadáver. Parece distinto, pero aquella experiencia al principio te marca más o te afecta más que lo que puede ser la rutina a la que llegas cuando te dedicas profesionalmente a esto, y han pasado muchos años. No es tan difícil esta acomodación, esta adaptación.

“Nadie hace esta pregunta a los médicos que trabajan en las unidades de cuidados intensivos, que eso sí es una cuestión que emocionalmente te afecta, porque estás tratando a pacientes que la mayoría se pueden morir. Eso es una cuestión que afecta a los médicos y al personal auxiliar.  Yo no me siento ni he conocido tampoco a profesionales entre nosotros que hayan sido afectados psicológicamente hasta el extremo de tener que, por ejemplo, retirarse de la especialidad”.

 

-Dentro de tu experiencia, de los casos que has analizado, ¿cuáles han sido los puntos en común que has encontrado?

-Si hablamos de dictaduras, lo que me asombra de esos espacios temporales y políticos es lo que significa la involución. Los seres humanos están en continuo progreso, el que puede estar mal orientado o puede ser equivocado, pero es una realidad de la historia evolutiva de los seres humanos que consiste en superar y tratar de mejorar aquello en lo que piensan y en lo que creen, y los logros sociales suelen costar mucho. La Revolución Francesa, por ejemplo, representa precisamente el reconocimiento de que todos somos iguales y todos debemos tener los mismos derechos. Ya sé que esto no se ha resuelto todavía, y que hay lugares del mundo donde aún pueden estar pendientes estos derechos, pero es una idea que está en la cabeza de los que tuvieron la opción de participar históricamente en ellos y que nos alcanza a nosotros. Si esto es así, y uno ve cómo las luchas y reivindicaciones sociales llevan precisamente a adquirir derechos, de pronto se producen involuciones. La involución se resuelve en un minuto, en un día, lleva a que todos esos logros y avances desaparezcan en un instante.

“Algo que me llama la atención de las dictaduras de Chile o la que vivieron mis padres en España, es que son países que tienen un nivel de organización, de reconocimiento social hacia las instituciones públicas, la justicia, los derechos, y de pronto desaparece todo de un día para otro. ¿Por qué?, porque ha habido un golpe de Estado, porque hay unas personas que están ‘preocupadas’ y han decidido gobernarnos a todos bajo un régimen que es una dictadura, una involución”.

“Si vamos recorriendo históricamente, todavía hay algunos partidos políticos en España que aspiran a producir un retroceso. No es que no quieran más avances, quieren ir a un retroceso, a buscar un tiempo anterior, involucionar y colocarnos en una situación preconstitucional”.

 

El vínculo con Chile

-¿Cuál es tu relación con Chile? ¿Existe una relación más allá de lo laboral?

-Siempre me llamó la atención ese país tan alargado que está al otro lado del continente. Me resultaba como un enigma, sabiendo que muchos vascos fueron, desde luego, a trabajar allí y desarrollaron todo tipo de actividades. En la parte emocional, que tiene que ver mucho con Víctor Jara, porque nosotros reconocíamos a Jara siendo estudiantes, y protestando en ocasiones por nuestras reivindicaciones, reconocíamos la fuerza que tenía en sus canciones, en su manera de interpretar. La canción Te recuerdo Amanda, de la que yo he hablado muchas veces, era perfectamente conocida por nosotros, no era desconocido este personaje tan importante para la cultura chilena.

“En lo particular, un buen día, en que estaba gobernando Michelle Bachelet, a través de María Sepúlveda Edwards, quien era el brazo derecho de Bachelet en materia de derechos humanos, me llamó. Me pidieron mi currículum y me contactaron porque estaban creando una comisión asesora de expertos internacionales. Para mí fue una sorpresa, envié mi documentación y fui seleccionado para ser parte de esa primera intervención que se produjo alrededor de los detenidos desaparecidos”.

 

-¿Por qué aceptaste analizar los casos de Salvador Allende, Víctor Jara y Pablo Neruda?

-Eso era un reto profesional extraordinario y una oportunidad irrepetible. Cuando a uno le dicen si quiere mirar en directo los restos de Víctor Jara, lo primero que te hace es emocionar. Llega un momento en que eso es apasionante. También es igual o más parecido el caso de Pablo Neruda, y por supuesto de Salvador Allende”.

“Allende, cuando nosotros éramos estudiantes, lo veíamos como una manera de haber conseguido llevar al socialismo por la vía democrática, porque en Europa conocíamos cómo se llegaba al socialismo a través de golpes de Estado o del uso de la fuerza. Entonces, conociendo lo que pasó en el Palacio de La Moneda, una injusticia tan extraordinaria, con una involución que se produce en vuestro país, me dicen si quieres opinar, analizar, estudiar e investigar la circunstancia que concreta la muerte de Salvador Allende. Yo no pude decir que no, porque siempre digo que sí a cualquier invitación de este tipo, trato de hacer lo que pueda”.

 -Del caso de los Hornos de Lonquén, ¿cuáles fueron los principales hallazgos? ¿Cómo se realizó todo este proceso de investigación?

-La fosa de Lonquén, como ya se conoce, es aquella que se encontró en la dictadura, mientras Pinochet y otras autoridades en ese momento del régimen negaban que existieran desaparecidos y negaban que existieran fosas. Sin embargo, se encontraron los restos en los Hornos de Lonquén. Estos estaban abandonados y estaban estas víctimas asesinadas, porque había disparos (…). Los restos, los propios militares los volvieron a mezclar en el osario de la localidad, por lo que estaban inservibles para poder hacer nuevos análisis. Por lo tanto, lo que hicimos ahí con el Servicio Médico Legal, fue sumarlos todos (los restos) y diferenciarlos del total del osario que había ahí del universo de las víctimas.

“Recuerdo haber ido a Lonquén, a varias reuniones ahí en el ayuntamiento (municipalidad), con los familiares, y esto es muy emocionante, porque estás hablando con una hermana, con el hijo de los desaparecidos, y uno adquiere más sensibilidad, te implicas más, aun cuando tienes que ser objetivo e imparcial. Hay lugares del mundo donde los forenses nunca hablan con los familiares, porque casi te lo impiden, pero aquí, porque esto está en el marco de los derechos humanos, se hacía lo contrario, que es atender a los familiares”.

 

-En una entrevista mencionaste sobre Pablo Neruda, que si bien él murió producto de un cáncer a la próstata, el golpe de Estado tuvo incidencia en que finalmente falleciera. ¿Cómo se produjo este efecto?

-Yo tengo una opinión muy personal en lo que significa la causa médica de la muerte de Pablo Neruda, en la que se han investigado circunstancias como los venenos, a raíz de que alguien dice que es verdad que le inyectaron un veneno tóxico y esto provocó su fallecimiento. Se analizó, llamaron a forenses, lo investigamos y no encontramos ningún veneno. Por lo tanto, podríamos concluir que no le envenenaron, pero eso me pareció insuficiente y surgió otra hipótesis, que se maneja en términos de posibilidad, no de certeza, y es que le hubieran inyectado un germen patógeno. Nuevamente se produce una investigación, en la que participé menos, pero obtenida toda la información llegué a una conclusión muy personal que la expuse ante el panel de expertos. En realidad, Pablo Neruda murió, entre otras cosas, por la desatención que tuvo en la clínica donde estaba.

“Si tú estás en esa situación, en la que no estás bien, francamente mal, aunque seas consciente, lúcido y opines, hables con tus amigos que te vienen a visitar, y de pronto se produce un golpe de Estado, y te enteras de que tu mejor amigo, el Presidente de gobierno, se ha suicidado, que mandan los militares, que se establece una dictadura, que están desapareciendo personas, que Víctor Jara, íntimo amigo tuyo, también ha desaparecido, que están apareciendo muertos y asesinados por las calles, por todas partes, en todo el país, en 24 horas, que gobiernan los militares y se acabó la democracia… Tú, si estás así, y mal y en la cama, esto no te favorece tu curación”.

“Pablo Neruda no fue correctamente atendido, en mi opinión, así que empeoró su situación. Muy contento no estaba en la clínica, por quienes le rodeaban, y resulta que empeora, y sin que nadie sea protagonista o testigo de lo que ocurrió, termina muriendo. Habrá forenses que no compartan mi opinión, yo lo comprendo, pero sería partidario de calificar directamente a Pablo Neruda como una víctima de la dictadura, pero no porque lo hayan envenenado, se muere precisamente por lo que está pasando, porque si no hubiera existido una dictadura en Chile el 11 de septiembre del 73, si no se hubiera producido esa desgracia, Pablo Neruda hubiera vivido más tiempo”.

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