DIEZ SEGUNDOS PARA CORRER

21/11/2019

Por Christian Castro y Bastián Fernández


21 octubre. Santa Rosa, Los Andes. 28°C. 15:00 horas.

Restos de barricadas, una pantalla de celular rota y sangre en el piso, eso era lo único que quedaba de lo ocurrido la noche anterior. Sin mirar lo que había a su alrededor, una de las residentes del lugar se dirigía hacer sus compras. En la esquina con la calle Perú, se escuchaba a un hombre hablando por celular: “hay que comprar harto pan ahora, que después no va a haber nada”, fueron las palabras que dijo antes de entrar a un almacén.

Una cuadra más abajo se veía a tres vecinas conversar bajo la sombra de un árbol. Hablaban en voz baja, a pesar de que no había nadie más alrededor. “¿Qué quieren ustedes?”, “¿qué están haciendo por acá?”, fueron las preguntas de una de las residentes, que identificaron de inmediato que las observaciones que estábamos haciendo no eran bienvenidas. “¿Cómo sabemos nosotras que ustedes no son de la Policía de Investigaciones (PDI)?”, fue la última pregunta que nos hizo antes de que pudiésemos explicar las razones de nuestra presencia en el lugar.

Los residentes estaban alterados porque la noche anterior fueron testigos de la brutalidad de los agentes del estado. Tras iniciarse el toque de queda, funcionarios de la PDI les dieron diez segundos a los jóvenes para escapar, pero antes que la cuenta terminara ya estaban disparando a quema ropa balines de goma. Testigos de los sucesos, que por seguridad quisieron ocultar sus nombres verdaderos, señalaron que nunca hubo provocación a los miembros de la PDI, que su reacción fue absolutamente injustificada.

Víctor Tapia recuerda todo el hecho perfectamente, ya que lo vio desde su habitación. “Los cabros no estaban haciendo nada y los trataron como perros”, sentenció el joven que facilitó la foto de los cartuchos de los balines de goma.

Foto de los cartuchos de los balines de goma.

Como se aprecia en el video, dos de los involucrados no pudieron escapar y terminaron siendo golpeados en el piso por miembros de la PDI. De no ser por este registro audiovisual, que se viralizó por internet, probablemente nunca se hubiera sabido del actuar de estos funcionarios, los que según el abogado Fabián Parraguez están fuera de la ley. “Se puede ver claramente que el artículo 19 fue vulnerado, el que consiste en que todos los miembros de la sociedad deben ser tratados siempre en función del respeto a su integridad física y psicológica, además que el maltrato realizador es ilegítimo”.

Ema Salinas, directora del Centro de Estudios de la Justicia de la Universidad de Chile y abogada de la Defensoría Jurídica del mismo centro de estudios, comenta que todo ocurrió dentro del estado de excepción y dentro de estas condiciones los jóvenes estaban infringiendo la ley al manifestarse en la vía pública y al no respetar el toque de queda, por lo que debían ser detenidos. Sin embargo, esto no es justificación para el actuar de los miembros de la PDI, quienes no tenían que disparar.

Rosa González, una vecina del sector, comenta que solo espera que todo esto termine luego, porque ya no aguanta más la angustia y la violencia.

Infierno en la celda

Lunes 4 de noviembre, 18:00 hrs. Los Andes.

– ¡Vienen los pacos!

Esa frase fue la que escuchó Rodrigo Fuentes (22) cuando vio cómo 20 carabineros en motocicleta cerraron la intersección de Rancagua con Manuel Rodríguez. Quedó paralizado unos segundos y luego corrió lo más rápido que pudo para salir por la calle Independencia, pero antes que pudiera escapar, fue atropellado por un policía en moto. El impacto fue directo a su rodilla derecha, se paró para intentar huir, pero fue detenido al poco andar. “Apenas me agarraron, tres carabineros me golpearon. Me pegaron patadas y combos. Luego, cuando me redujeron tomaron mi pierna izquierda y doblaron mi pie”, comenta Fuentes.

Una vez en la 3° Comisaría de Los Andes, lo tomaron del polerón, y le pegaron un rodillazo en la espalda, perdió el equilibrio, y chocó con otra persona que estaba detenida. “Eso fue a pito de nada. Al ver lo que pasaba los Carabineros que estaban ahí se rieron y decían ‘ahora no dices nada conchadetumadre’. Después cuando me pidieron el carnet, me insultaron, y nuevamente fui agredido. Todo eso ocurrió mientras aún estaba esposado. Hasta ese momento no me habían dicho el motivo de mi detención y menos comentado cuáles eran mis derechos, a pesar de que más de 20 veces pedí llamar a mi familia”.

Una hora después de su detención llegó un abogado de derechos humanos, el que tomó su causa. Fue en ese momento cuando se enteró que se le acusó de haber formado una barricada en la calle Alameda, hecho que desmiente rotundamente. “Solamente le saqué fotografías, para compartirla en mis redes sociales, pero no participé en su creación”, señala el joven. Además, agregó que no era la única persona en esta situación, “había alguien de casi mi misma edad, al que también lo golpearon los carabineros, y a él igual le hicieron una acusación falsa, decían que andaba tirando bombas molotov”.

A las 21:31 PM, fue trasladado al Hospital San Juan de Dios de Los Andes, para constatar lesiones. “Cuando llegué al hospital me dolía todo. Mi pie izquierdo estaba inflamado, al igual que toda mi pierna derecha, la que estaba llena de heridas. Me sentía mareado, aturdido. Recuerdo que mientras me hacían radiografías, le pedí a la persona que me atendió si me prestaba su celular para llamar a mi familia, ahí recién pude contactarlos”.

Cabe recalcar que lo llevaron a constatar lesiones solamente porque su compañero de calabozo, Sebastián Rozas (27), quien es diabético, se descompensó, tras no ser escuchado por Carabineros, cuando decía que debía tomar su insulina. Esta situación se refleja en un diálogo, que aún escucha Fuentes en su cabeza:

Pásenme mis cosas, por favor, soy diabético y ahí tengo mi insulina — fue la petición de Rozas

Ahora eris’ diabético po’ conchadetumadre — le contestó uno de los carabineros encargados del calabozo.

Pasada media hora de este acontecimiento, Rozas se sintió cada vez más mal. Su rostro se tornó pálido y señaló que le costaba respirar. Tras verlo en esas circunstancias, miembros de Carabineros decidieron llevarlo al hospital, junto con Fuentes, para que constataran lesiones.

El informe médico indicó que Fuentes resultó con contusiones en sus piernas, cráneo y rostro, también que estas se produjeron en una riña callejera y por el atropello de una moto, de cual no se especificó en ningún momento que fue una de carabineros.

Primera constatación de lesiones

Una vez terminado el procedimiento, se mantuvo en el hospital debido a que Rozas aún no había sido estabilizado. Horas más tardes, retornó a la comisaría, en el lugar se encontró con su papá, quien le entregó un pan con queso, jamón, y tomate, además de un jugo, los que consumió en el calabozo.

“Cuando vi a mi hijo, pensé en decirle al carabinero que me dejara verlo. Pero, preferí no hacerlo para no perjudicarlo. Tenía miedo de que le pasara algo. Sentía rabia y me culpaba por no haber estado antes con él para poder protegerlo”, señala César Fuentes (60)

“Recuerdo que durante la madrugada les repartieron frazadas a todos, a todos menos a mí. Después de insistir por mucho rato me entregaron una. Luego de eso estuvo todo tranquilo, hasta que nos obligaron a firmar un papel en el que se señalaba que mis derechos fueron respetados”, asegura Rodrigo Fuentes.

A las 10:00 AM, personal de Carabineros llamó uno a uno a los detenidos, para pedirles la huella. Más tarde les tomaron una fotografía para terminar el registro de todos los que esa noche durmieron en la comisaría.

Pudo salir recién del calabozo cerca de las 11:00 AM, cuando fue trasladado a la fiscalía de Los Andes, en la que al medio día enfrentó una audiencia por desórdenes públicos. Durante ese procedimiento, le explicó a la defensora que él realmente no había hecho nada, pero sus palabras no fueron tomadas en cuenta.

Tras pasar por el estrado quedó en libertad, ahí fue cuando decidió ir nuevamente al Hospital San Juan de Dios para realizarse otra constatación de lesiones, y para también solicitar la que se le realizó el día anterior. En un principio le comentaron que el archivo estaba bloqueado, por lo que no podían entregarle una copia, tras insistir por un par de horas liberaron el documento y pudo llevarse el informe. “Cuando la leí me enteré de que la causa de mis lesiones era una riña. Me dio mucha rabia y frustración toda la situación”, comentó con Fuentes.

Una vez con las constataciones de lesiones en su poder, se dirigió por fin a su casa, casi 24 horas después de ser detenido por Carabineros. “Mi familia me estaba esperando para contenerme. Ellos saben que ya no estaba haciendo nada, solamente andaba protestando. Ahora, que han pasado unos días me siento mejor físicamente, pero psicológicamente estoy mal, tengo angustia y miedo de salir a marchar”.

Este trabajo fue realizado para el curso de «Redacción Digital» dirigido por la profesora Ivonne Toro. Ayudante Sebastián Palma.