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Columna: Ser joven, sí… ¿pero dónde?
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Columna: Ser joven, sí… ¿pero dónde?

Una mirada desde hoy acerca de “Palomita Blanca”, una de las películas más importante de la filmografía nacional.

Por Sebastián Ruiz de Gamboa Arias 

5 Agosto 2020

Crecí en un entorno muy despolitizado y desconectado de la realidad que viven millones de personas en Chile. A los 18 años mi vida era un completo vacío. No me interesaba la política y rara vez pensaba en otros y, cómo no, si lo importante para mi “yo” de ese entonces era mi felicidad, mi comodidad y mi mundo. Era un individualista. Al ver Palomita blanca (1973) recordé a este joven Sebastián, tan cegado y lleno de privilegios, cuya juventud fue alegre porque tuvo la suerte de nacer en un contexto acomodado económicamente. 

La película pareciera ser una historia de amor, pero no lo es. Es más bien el retrato de dos mundos presentes en Chile, de ricos y pobres, un relato de dos realidades completamente distintas del país, escondidas detrás de la relación de María (Beatriz Lapido) y Juan Carlos (Rodrigo Ureta). 

Ambos personajes son un reflejo de lo anterior. María es una joven de escasos recursos, su madre es alcohólica y no tiene padre. Su casa es pequeña, está infestada de ratones y vive apretada junto a varias personas más con las que comparte habitación y áreas comunes. Su relación familiar tampoco es fácil, su madre la agrede, su padrastro la manosea y su madrina llega a incluso amenazarla con un cuchillo en una escena. Por otra parte, la vida de Juan Carlos es todo lo contrario. Es un joven adinerado, su padre es exministro de Jorge Alessandri y vive en una casa gigante, cuyas piezas son más grandes que la casa entera de María, como describirá ella misma. 

Palomita blanca es un viaje en el tiempo a través del ojo cinematográfico del director Raúl Ruiz. Basada en la novela de Enrique Lafourcade, la película retrata Chile durante las elecciones presidenciales de 1970, que darían como ganador al candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende, quien se convertiría en el primer mandatario socialista elegido democráticamente en la historia. 

Raúl Ruiz diría en una publicación de la revista juvenil Onda, en mayo de 1973, que su película “no es una simple historia de amor. No me interesaría filmarla… quiero presentar, como temática, dos ambientes distintos. Y en esto soy realista: Palomita blanca es la historia de dos mundos: el de los ricos y el de los pobres”.

La cinta es el retrato de una sociedad dividida, politizada y conflictiva. Lo anterior será reflejado en una escena que evidencia todos los aspectos de la época: bajo un plano americano, un hombre comenzará a relatar cómo la “clase dominante” utiliza los medios de comunicación para “absorber a la clase dominada”. Tras esto, empezará a insultar a unas personas en la calle, llamándolos “desclasados de mierda”. Lentamente la cámara abandonará al protagonista y girará hacia la calle. En ella se puede ver cómo tres personas cuelgan un lienzo del candidato de la derecha, Jorge Alessandri. De repente se puede oír en off la voz de María, quien comenta sobre las diversas tendencias políticas de su familia: su mamá es allendista, su padrastro tomicista, su madrina es alessandrista y ella se considera “un poco alessandrista”. A través del lenguaje, Ruiz representará la heterogeneidad de la época, una en la que hasta las familias estaban fragmentadas. Finalmente, la toma culminará con una pelea a golpes entre personas de diferentes inclinaciones políticas. 

María y Juan Carlos son el reflejo de las dos juventudes de la época presentes en un mismo país. El documental de Carlos Flores, Descomedidos y chascones (1973), evidencia esta realidad en la que unos jóvenes trabajan para subsistir y otros viven de fiesta. 

“Ser joven, sí… ¿pero dónde?”, es una frase que aparece en este documental, mientras unos bailan, fuman y festejan con caras sonrientes, otros laboran en construcciones y minas. Raúl Ruiz diría en una publicación de la revista juvenil Onda, en mayo de 1973, que su película “no es una simple historia de amor. No me interesaría filmarla… quiero presentar, como temática, dos ambientes distintos. Y en esto soy realista: Palomita blanca es la historia de dos mundos: el de los ricos y el de los pobres”. He ahí el carácter principal del cine de Ruiz: retratar una realidad oculta, pero visible para todos. 

La interpretación de los dos personajes es excepcional, y cómo no, si ambos actores representan las dos realidades de la película. Como se menciona en el libro de Yenny Cáceres, Los años chilenos de Raúl Ruiz, Rodrigo Ureta era un joven egresado de un colegio privado que vivía en Providencia, mientras que Beatriz Lapido era “una liceana que venía de La Cisterna”. 

Es, en fin, un Chile que sigue existiendo. Si basta ver la película Te creís la más linda (pero erís la más puta), de 2009, para comprender que aquellos jóvenes adinerados, artistas y sonrientes de los setenta aún están presentes. 

Debido al golpe militar, la película permaneció oculta durante los 17 años que duró la dictadura, sin embargo, esta doble realidad que retrata la cinta siempre estuvo a la vista de todos y lo sigue estando en la actualidad. Cáceres menciona en su libro que “Palomita blanca se sigue viendo y escuchando como profundamente actual. Ruiz, lo decíamos, era incapaz de filmar una simple historia de amor. En su lugar, filmó lo que puede ser uno de los mejores retratos de un Chile profundamente clasista”. 

Es, en fin, un Chile que sigue existiendo. Si basta ver la película Te creís la más linda (pero erís la más puta), de 2009, para comprender que aquellos jóvenes adinerados, artistas y sonrientes de los setenta aún están presentes. 

La cinta dirigida por el director Che Sandoval relata la historia de Javier (Martín Castillo), un joven machista y engreído cuya única preocupación es su vida sexual. Su personaje representa al joven artista adinerado, es fanático del fútbol inglés y en su habitación tiene un cuadro con la bandera del Reino Unido y un afiche de John Lennon. La película no es muy buena, pero este personaje fanático de lo extranjero y adicto a la música me hizo pensar en aquellos jóvenes hippies de los setenta, quienes en la cinta de Flores replicaban ese afán por lo anglosajón a través de su música y su forma de vivir. Por otro lado, un joven obrero dirá en el documental que ellos no tienen tiempo ni recursos para ir al cine, teatros y festivales. Es el retrato de dos realidades completamente distintas. 

Palomita blanca inicia con la que sería la última escena filmada por Ruiz antes de su exilio. Es espectacular, porque mediante avanza la película adquiere un sentido mucho más profundo. Tras conocerse, María y Juan Carlos llegan a la playa de Ritoque, ambos se quitan la ropa y se bañan desnudos en el mar: es la única escena de la película en la que realmente sus vidas son iguales. De fondo suena el relato en off de María, quien dirá que la gente debería “casarse entre pobres y ricos, entre blancos y negros, deberían ser felices”. 

 


 

Columna realizada para el curso electivo de opinión “Cine y periodismo”, dictado por la profesora Yenny Cáceres

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