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Daniel Bahamondes y su regreso al origen
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Daniel Bahamondes y su regreso al origen

El joven pianista y profesor oriundo de Chiloé, fue invitado a participar del New Music for Piano and Viola de la Cámara de Kamloops en Canadá. Instancia que sirvió para la presentación internacional de su nuevo libro “Mitología musical chilota”.

Por Gonzalo Mendoza

14 Junio 2021

Daniel Bahamondes tiene 31 años, es músico de la Universidad de Chile y actualmente se desempeña como docente en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso además del conservatorio Santa Cecilia de Buin. Si bien lleva más de quince años viviendo en la capital, su origen es la isla grande Chiloé. Un lugar rico en historias y que hoy busca honrar con “Mitología musical chilota”, obra que relata a través de ilustraciones y partituras, los distintos mitos y leyendas del imaginario chilote.

El estreno de este trabajo se realizó en el marco del ciclo Nueva Música de Piano y Viola de la Cámara de Kamloops en Canadá. Una presentación virtual, marcada por una pandemia que ha convertido este tipo de instancias digitales en norma. Sin conciertos y con disminuciones presupuestarias en distintas instituciones culturales, Daniel ha potenciado su perfil docente, sin dejar de lado la producción artística. Y que hoy lo enfrenta a un nuevo desafío

¿Cuál fue el origen de tu historia con el piano?

-Bueno, mi historia es bastante sencilla y no tiene mucha ciencia, resulta que mi mamá decidió tomar clases particulares cuando yo tenía alrededor de 6 años. Y estuvo un tiempito aprendiendo teclado en la casa y resulta que ella me decía, algo que ya no recuerdo, que yo estaba en la escalera escuchándola, así como mirando qué es lo que estaba haciendo. En un momento me empecé a acercar al punto que empecé a ver sus clases y comencé a tocar lo que ella tocaba. Obviamente mi mamá no tenía tiempo para aprender. Para ella era un hobbie, una cosa para divertirse, pero empecé a notar que en mi había una cosa más sería, como un compromiso diferente, entonces yo gastaba tiempo en el teclado, jugaba y etc. Lo que hizo ella fue cambiar las clases para que yo las tomara, así que comencé a tocar teclado así.

¿Cómo surge la idea de “Mitología musical chilota”?

-Es una vuelta al origen que yo creo que es muy sanadora para mí también. Desde mi infancia, desde la escuela incluso, compartiendo con gente en el campo, yo más de alguna vez escuché gente que decía que le tenía miedo al Trauco y eso es bien fuerte, porque tú eres niño. Imagínate con 6 años, escuchar a un adulto, que es una persona de respeto, diciéndote que tuvo un encuentro con el Trauco, que le arañó todos los brazos… quedas impactado. O cuando dice la gente por ahí: “no vayai pa’ allá porque allá son todos brujos”. Esa es una expresión, pero extendida en toda la isla. Es como un imaginario: estamos rodeados de brujos, tenemos un Trauco dando vuelta y los pescadores se pillan a la Pincoya. Entonces cuando tú eres niño estas cosas toman fuerza y pasan a ser parte de tu imaginario.

Además de las partituras, ¿las ilustraciones también son tuyas?

-Claro, las ilustraciones y el arte del libro es mío, pero fue publicado por una editora canadiense que se interesó en mi trabajo una vez que yo residía en Valparaíso y bueno, en el libro aparece descrito esto. Hay una foto donde salimos juntos en la introducción, en la antesala de este trabajo en conjunto. Lo curioso es que el libro es canadiense, no es mío, no es chileno. Fue publicado allá y lo que me más me enorgullece es que hay dos copias de este libro en la librería nacional de Ottawa, que es la capital de Canadá.

Me contabas que tu libro ya estaba listo en 2019.

-Sí, ocurrió algo interesante. Yo venía trabajando con el libro desde hace harto tiempo, más o menos del 2017. Pero algo interrumpió en mi proceso creativo que fue el estallido social. Fue tan fuerte lo que sucedió que me afectó mucho y no pude continuar. No pude continuar trabajando tranquilamente porque estaba muy afectado con todo lo que estaba pasando. Entonces yo le dije (a la editora) que no iba a poder cumplir con los plazos, y ella me dijo: “ningún problema, lo terminamos en Canadá entonces”. Se dio esta oportunidad de viajar y pude terminarlo allá.

Y en eso llegó la pandemia.

-Claro, inicios de marzo toda Canadá estaba en cuarentena, no había nada funcionando, entonces no había nada más que hacer que cambiar mis tickets de vuelo y volverme a Santiago. Lo bueno es que ya me traía mi libro, ya había cumplido el sueño, pero el libro había estado durmiendo, bueno y siguió durmiendo un año entero.

¿Cómo describirías tu rutina?

-Si bien lo que la gente conoce es que un pianista se dedica a dar conciertos o a dar clases, la verdad es que lo que hacemos a diario es estudiar, es practicar. Si debiese tener una estadística, yo creo que el 90% del trabajo de un pianista es práctica en la casa y lo que ve la gente es el 10%, que es un concierto. Esto es un oficio, tan transversal como una artesanía, lo que hace un artesano, un jardinero, lo que hace un artista marcial de kung fu: es práctica diaria lo que te lleva a una habilidad de características de alto nivel.

¿Y cómo se vive esa rutina ahora en pandemia?

-Bueno, yo creo que nuestro sector, que es la cultura y el entretenimiento, ha sido el sector más golpeado por la pandemia a nivel mundial. Tengo amistades en distintas partes del globo y la situación no es muy diferente de la nuestra. A excepciones muy puntuales como Nueva Zelanda. Y la verdad ha sido bastante complejo el tema de adaptarnos, como por ejemplo, olvidarnos definitivamente -no sabemos hasta cuando- de los conciertos. Porque los conciertos o las actividades culturales son el motor del artista y también de la audiencia; una especie de simbiosis que se produce entre ambas partes. Eso se extraña mucho. Ahora hay una pantalla frente al artista y frente a la audiencia.

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