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Director de Tengo Miedo Torero: “La izquierda era súper homofóbica”
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Director de Tengo Miedo Torero: “La izquierda era súper homofóbica”

Conversamos con Rodrigo Sepúlveda sobre el desafío de llevar al cine la obra de Lemebel, un crudo retrato del Chile de los ochenta.

14 Julio 2020

Al poner el nombre de Rodrigo Sepúlveda Urzúa en IMDB, el resultado arroja más de una veintena de producciones de cine y televisión donde ha participado como director. “Padre nuestro” (2006) y “Aurora” (2014) son dos de sus largometrajes más recordados y ahora vuelve a encabezar un proyecto con la adaptación del libro de Pedro Lemebel “Tengo miedo torero” (2001), una de las historias más potentes del difunto escritor, poeta y activista nacional.

Una coproducción internacional (Chile, Argentina y México) le da forma a la cinta, que cuenta con Alfredo Castro como protagonista, dando vida a la “Loca del Frente”, un travesti que se enamora de un guerrillero en plena dictadura. Un retrato oculto del Santiago de esos años, donde la represión y violencia se desenvuelven en una historia de amor y liberación.

Tras el estreno del primer tráiler de la película, en Vergara 240 conversamos con Rodrigo Sepúlveda acerca del proyecto y el desafío de llevar a Lemebel a la pantalla grande.

¿Cómo llegó al proyecto?

A mí me llamaron de la productora Forastero, Florencia Larrea —con quien ya habíamos hecho juntos la película «Aurora»— y tenían este proyecto que es una adaptación de la novela de Lemebel y me invitaron a participar, por lo que terminé adaptándola y dirigiéndola.

Yo conocía a Lemebel, conocía la historia, había leído la novela, yo creo que casi toda la obra del autor, que me gusta mucho. Entonces, cuando me llamaron, casi los obligué a que no llamaran a nadie más y se quedaran conmigo.

Como seguidor de Lemebel, ¿qué significó todo el proceso de producción?

Para mí esta película es muy importante. Soy una persona de 60 años que vivió en los ochenta y estuve un par de veces en el mismo lugar con Lemebel. Aunque no me considero su amigo, para mí es muy importante, es muy emocionante. Fue muy desafiante trabajar esa novela, en esa época, donde estábamos todos trabajando en dictadura o contra esta.

¿Qué tanto se realza lo político en esta película?

En el filme se recalca mucho el contexto y era, para mí, súper importante para la gente joven que la va a ver ahora entendiera el nivel de peligrosidad que se vivía durante esos años. El nivel de marginalidad y que la pobreza era muy grande. Pero, sobre todo, el nivel de peligrosidad y marginalidad para un homosexual. Hoy nos cuesta imaginarlo, pero en el 86′ salir a la calle y con un gesto marcadamente homosexual era un peligro inminente (…) Lemebel es quien sale adelante con el tema de género, el primero que lo visibiliza, él mismo no solo como escritor, sino como artista y como persona. Y piensa lo peligroso que fue que él se atreviera en los ochenta a salir vestido con tacos a la calle. Si no existiera Lemebel, probablemente no estaríamos donde estamos en términos de derecho y en género estaríamos mucho más atrasados.

En el libro nos encontramos con dos historias que se desarrollan al mismo tiempo, ¿qué tan difícil fue tomar esta trama y llevarla a la gran pantalla?

Fue muy difícil, porque hay cosas que están en la novela y otras que no. Por ejemplo, había pasado menos de un año del terremoto de 1985 cuando parte esta película, es decir, la historia de la novela. Entonces, es cómo que aquello no se escribe, esto ahora se filma, había que dar cuenta de que Santiago poniente era una ciudad terremoteada.

Después, el contexto político, no solo el tema de la dictadura o de la represión policial, sino que también la política en general. Hoy todos nos vestimos de muy tolerantes, pero la izquierda era súper homofóbica esos años. Y eso se muestra en la película. Eran muchos desafíos al mismo tiempo.

¿Se enfocaron más en temas de género que aspectos técnicos para sus referencias?

No, más que el tema de género, aunque la película fuera literaria, a mí me parecía que era fundamental buscar en la pobreza de la época. Hoy día hay una rarísima nostalgia de los ochenta, tipo «¡Oh! Cuando éramos niños y veíamos tele» y pensar que todo era más simple, pero es mentira.

En los ochenta, mientras estaban dando ‘El show de la una’ se torturaba gente. Para mí era esencial recuperar eso, recuperar estéticamente una ciudad venida abajo por un terremoto, que metafóricamente habla de lo que era esa época.

¿Qué referencias del cine utilizaron o vieron para inspirarse en recrear la obra?

Yo fui a ver inmediatamente, una vez que tuve el proyecto en mis manos, «El beso de la mujer araña» (1985), basada en el libro de Manuel Puig, filmada por Hector Babenco y por la cual William Hurt ganó un Oscar por su actuación, donde se muestra la relación entre un guerrillero y un homosexual dentro de una cárcel.

Fue lo primero que vi, pero después fui al cine de Arturo Ripstein, el director mexicano, donde rescaté varias cosas que me parecían interesantes. Vimos mucho documental de la época también.

¿Por qué realizar esta obra de Lemebel ahora?

Este proyecto llevó muchos años, costó demasiado sacarlo adelante. Cuando empezamos a hablar de esto y a buscar los fondos nos demoramos cuatro años y unos meses. Pero nada sucede por casualidad, nosotros filmamos en julio de 2019, y a la vez que grabábamos las escenas de represión policial y manifestaciones, no nos imaginábamos que tres meses después iba a estar el estallido social sucediendo. Menos nos imaginamos que podrían estar los milicos de nuevo en la calle.

Entonces, hay una conexión de la producción con la realidad del Chile de hoy, ¿esto potenció la película?

Claro, mucho más. Pasó que nosotros filmábamos y hablábamos de la importancia de Lemebel, lo fundamental que fue él hace 30 años atrás para que empezara a surgir el movimiento de liberación y tres meses después Lemebel era un ícono en las calles.

En la zona cero, en la Plaza de la Dignidad, estaba lleno de rayados de Lemebel, de la Gladys Marín, que aparecen como íconos distintos. Pero Lemebel toma una importancia muy actual, y eso es muy bonito para la producción y la película también.

¿La película busca rescatar la imagen de Lemebel más allá de la trama de la obra?

Claro, pero en todas las películas de este estilo pasa un poco eso. Que es como respetar la novela que es, pero también rescatar el mundo completo que nos ofrece Lemebel, su obra total.

¿Cómo fue el trabajó con el elenco?

Fue muy bonito el trabajo que se hizo con los actores. Sobre todo con Alfredo Castro, que es el protagonista. Nos juntábamos a leer en mi casa, o en cafés y a discutir mucho cómo iba a ser este personaje, cómo iba a ser este mundo, esta visión de Santiago que yo quería reflejar y sabíamos lo que no queríamos también.

Y era muy fácil, tentarse hacer una película como del ícono gay animita Frida Kahlo, y eso es lo que yo no quería hacer. Ahora, encontrar lo que yo quería hacer llevó un tiempo de trabajo y de conversación en conjunto, con el equipo de arte, con los actores. Y ahí entender, por ejemplo, que la vida de la “Loca del Frente”, que es el protagonista, representa por lo menos cuatro personajes distintos.

Cuando está en la calle tiene que ser un tipo de persona para no ser agredido por Carabineros. Cuando está en su soledad es otro tipo de ser humano que trabaja bordando. Pero cuando está con Carlos, el guerrillero, es una mujer que no está fingiendo. También tiene otras amigas travestis con las que canta, con las que baila y con las que se ríe. Entonces es un personaje súper complejo y difícil de hacer y creo que el trabajo de Alfredo es magistral.

Alfredo es un descubrimiento tardío para el cine chileno. Empezó a actuar como a los 50 años, pero hoy es el actor más importante de nuestra cinematografía, porque tiene una capacidad poco vista, que es transformarse para cada personaje completamente. Hay pocos actores que tienen eso. Lo tienen Gnecco, Alfredo, la Amparo Noguera. Pero Alfredo destaca como un actor que es capaz de hacerte olvidar de que él está actuando.

¿Cuál creen que será el recibimiento de la audiencia?

Yo creo que la van a recibir bien. El adelanto fue bien recibido, fue muy querido. Alfredo ha recibido todo tipo de felicitaciones. Yo creo que nos debería ir bien con esta película, que al público le va a gustar mucho.

¿Por qué al cine nacional le cuesta tanto conectarse con el público?

Eso es un fenómeno mundial. Yo creo que, los que nos falta a nosotros son salas donde se dé otro tipo de cine. Yo creo que el cine en Chile es muy caro, cuando todavía existían las salas estaban alrededor de los cuatro mil pesos una entrada y eso son platas prohibidas para el público al cual uno quiere llegar.

Entonces el cine que hay hoy en salas es un cine para niños, un cine de animación, el cine de Marvel, pero en Chile nunca ha habido cine de buen nivel en salas. Y eso por supuesto que afecta al público al momento de elegir, porque no tenemos cultura de películas buenas.

O sea, no solo tiene problemas de audiencia el cine chileno: no existen el cine francés en las salas de cine, no existe el cine alemán, no existe el cine español, salvo algunas excepciones. Lo que se debe cambiar es no hacer películas más comerciales para tratar que la gente vaya y competir contra Marvel. Lo que hay que cambiar son los lugares y la forma de exhibir.

A mí me gustaría, si no hubiera pandemia, que esta película se hubiese dado en plazas, en centros de madres, gimnasios, centros culturales, donde está nuestra público. Nuestro público no está en el Alto Las Condes, nuestro público está en las poblaciones. El público de Lemebel está en las poblaciones.

 


 

LA INCERTIDUMBRE DEL FUTURO

Sobre el estreno del filme, Sepúlveda nos confiesa: «Estamos muy perdidos. No sabemos qué vamos a hacer con la película, por ejemplo. No sabemos si va a haber festivales, si va haber cine. Yo creo que por eso fue fuerte el impacto del tráiler, porque fue como una bocanada de oxigeno para todo el mundo del cine y de la cultura que fue como decir ‘¡Seguimos vivos!’. Pero qué va a pasar, todavía no se sabe. Por lo menos yo, no tengo idea (ríe)».

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