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Cecilia Toro, productora de “Bestia”: “Chile necesita que todas sus obras audiovisuales hablen de nuestras heridas”
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Cecilia Toro, productora de “Bestia”: “Chile necesita que todas sus obras audiovisuales hablen de nuestras heridas”

La realizadora y directora de arte, repasa su trabajo a un año de estar presente en la alfombra roja de los Premios Oscar. Cómo influido esta experiencia en su carrera, sus nuevos proyectos y el posicionamiento de la animación en Chile: “No solo es para entretener, también es para reflexionar”.

Por Rocío Cortez

8 de Junio de 2023

Un recibimiento de cabeza y una voz sin rostro. Al final de una escalera de caracol se encontraba Cecilia Toro. Mientras divagaba sobre el clima, guía la expedición hacia Plastivida, su estudio de animación. Una habitación blanca llena de pequeños universos en construcción que se escondía tras un pasillo angosto, con el techo bajo y la única decoración de una ventana circular a ras de suelo, en el último piso del Centro Cultural Estación Mapocho.

Cecilia Toro es realizadora de animación en stop motion hace 15 años. A principios de 2022 estuvo nominada al Oscar, en la categoría de Mejor Cortometraje Animado por “Bestia”. Y luego, en febrero de este año, ganó el “Premio a la Edición 2022” por su fotonovela “Calfucoy”, reconocimiento otorgado por la Cámara Chilena del Libro. Ella siente que estos premios y nominaciones no son lo más valioso de su trayectoria: “Yo ocupo mucho la palabra anécdota, como que es algo que cruzó nuestras carreras como realizadores, pero no es el fin”.

Para la animadora, el valor de su trabajo está en el proceso. En el caso de “Bestia”, el camino partió hace 5 años con una llamada telefónica y una invitación. El director del cortometraje, Hugo Covarrubias, le propuso una alianza para contar una historia inspirada en Ingrid Olderöck, una exagente policial recordada por adiestrar perros para cometer actos de tortura durante la dictadura militar chilena.

Sin embargo, antes de sentarse a conversar sobre todo esto, toma un montón de tela y algunos pedazos de algodón sueltos, y se dispone a coser el esqueleto de lo que pronto será un personaje animado.

¿Cuáles fueron los mayores desafíos a los que te enfrentaste durante la producción de “Bestia”?

“El máximo desafío es que trabajamos con presupuesto latinoamericano y queremos hacer piezas a nivel mundial. Entonces, para todos los desafíos que teníamos de presupuesto, de tiempo y de falta de equipo, buscábamos soluciones creativas para lograr lo que queríamos con poca plata. Para eso nos cabeceamos y discutimos e inventamos formas. Adaptamos el cómo se hacía en el extranjero, a la forma a escala acá en Chile”.

¿Cuándo te diste cuenta de que esa producción iba a ser grande o del éxito que iba a alcanzar? Porque claro, al hacerlo uno está como muy enamorado del proyecto, pero no sabe si al resto le va a gustar.

“Cuando Hugo Covarrubias me pidió colaborar con ellos, como productora con su Estudio Maleza, supe que era algo importante porque ya era su tercer o cuarto corto. Entonces siempre le tuve fe a su madurez como director. Yo lo vi desde afuera y yo creo que ni él sabía el potencial que ya tenía (…). Le dije sí, yo creo que esto va a funcionar bien. Siempre pensé que iba a funcionar mejor en Europa, y le fue súper bien, pero nunca pensé que le iba a ir bien también en el mundo mainstream o en el mundo comercial. Eso no lo vi venir, de verdad, y te lo digo bien honestamente”.

¿Recuerdas alguna anécdota que haya marcado la producción de Bestia?

“Más que anécdota, me gusta contar el hito de cuando Chilemonos trajo al diseñador de “Isla de perros” (Paul Harrod). Nos conocimos porque éramos jurados de Chilemonos ese año (2019) y nos hicimos amigos. Paul Harrod fue al estudio en un momento en que estábamos súper cansados y desanimados, pasada la mitad de la producción, cuando no te queda mucha energía y estás lejos del final (…). Nos dio ánimos porque él decía: ‘Cómo pueden hacer esto con tan poco presupuesto’, ‘esto va súper bien’. Fue el espaldarazo necesario en ese momento, así que lo recuerdo con mucho cariño. Y cuando quedamos nominados y nos fue súper bien, él nos escribió. Siempre decimos que es nuestro padrino mágico porque ha estado muy cerca en todos los procesos, desde el principio”.

¿Cómo fue el día después de los Premios Oscar?

“Dos cosas. Primero, no nos importó tanto porque nosotros nunca hemos hecho animación para ganar premios. Y dos, no siento que hayamos perdido. Yo creo que nosotros hicimos un corto súper importante para la historia de Chile, para la historia de Latinoamérica. Dejamos súper bien puesto el nombre del cine latinoamericano y chileno. Entonces, para mí toda la experiencia de la nominación fue solo ganancias. La gente amó el corto en todo el mundo. (…) Entonces para mí ir allá, y quizás no traer esta cosa dorada gigante, no significó perder, sino que fue ganar perspectiva de que lo que hacíamos estaba a nivel mundial”.

 

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¿Y les abrió puertas?

“Yo creo que es el trabajo, la trayectoria y la paciencia para poder seguir en esto lo que te abre las puertas realmente. Porque lo de la nominación en los Oscar fue importante, pero no es lo más importante en nuestro currículum. Yo ocupo mucho la palabra anécdota, como que es algo que cruzó nuestras carreras como realizadores, pero no es el fin”.

Dentro de las enseñanzas de “Bestia” ¿Cuáles serían tanto para tu vida personal como profesional?

“Mantener los pies en la tierra siempre. A veces lo que más me hace feliz es el durante, para mí el premio real fue poder hacer un corto durante dos o tres años y estar todos los días de la vida trabajando en esto, o sea, pasar ocho o diez horas haciendo animación. (…) Yo creo que esta fue una tremenda lección y nunca perdimos el norte en ese sentido, estábamos súper claros”.

“Como realizadora el aprendizaje es que las ‘Grandes Ligas’ no son tan terribles como uno se las imagina, no son tan lejanas como uno se las imagina y que uno puede llegar a lo popularmente conocido como lo mejor y todo sigue igual (…). Nosotros, en cada producción, vamos aprendiendo cosas nuevas. Cada producción es como un postítulo si lo homologamos con lo académico y es porque uno siempre parte como a aprender algo desde cero”.

En “Bestia” tocaron un tema muy fuerte para la historia de nuestro país. Sobre eso ¿Qué opinas sobre el estigma o prejuicio que se tiene sobre que la animación es para la entretención de los niños?

“Siempre tengo una contradicción con esa frase de Guillermo Del Toro, porque tampoco creo que las cosas para la infancia tengan menos valor. ¿Por qué pensar que las cosas para la infancia no tienen seriedad, no tienen peso? Tengo conflictos con esa frase, pero sí, creo que Chile necesita que todas sus obras audiovisuales hablen de nuestras heridas, creo que es necesario y no solo es para entretener. Me quedo más con esa frase, creo que la animación no solo es para entretener, también es para reflexionar y eso corre para adultos y para infancia”.

 

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¿Crees que Chile está con las condiciones adecuadas de desarrollo en la animación?

“Es que nosotros vamos creando esas posibilidades. Nosotros vamos abriendo esos caminos. Al estar asociada con Leo Beltrán (presidente de Animachi) me he dado cuenta de que no es que uno espere que se transforme Chile en un sector con animación más desarrollada, uno hace que el sector de la animación se desarrolle. Yo no puedo esperar que el gobierno de turno o el ministerio de turno nos ayude (…). Lo hacemos nosotros mismos, más que esperar a que alguien lo haga por nosotros”.

¿Qué es lo que falta: desarrollo, apoyo económico, visibilización, cursos, implementación, desarrollo técnico?

“Todo eso. Lo que tú dices está súper bien, pero yo creo que más que nada es que se tome en serio a la animación como un sector que puede emplear a mucha gente, que puede desarrollarse en hartos ámbitos. Sería bueno que hubiese más conciencia y más conocimiento de lo que se está haciendo, porque desde el punto de vista mainstream, el primer Oscar para Chile fue una producción animada. Eso no es menor. Y eso, por ejemplo, hizo que el mundo administrativo, políticamente hablando, se enterara de lo que estaba pasando”.

 ¿Crees que han cambiado las condiciones desde “Bestia” y la “Historia del Oso”?

 “No tanto, pero ahora hay más conocimiento y apertura para entenderlo. Tenemos que educarnos entre todos sobre cómo funciona administrativamente la cultura para poder hacer una buena gestión, funcionar mejor y que los trabajadores estén protegidos. También políticamente tenemos que ser coherentes. Siento que nos estamos haciendo adultos (…). Todo el mundo quiere hacer animación, pero otra cosa es echar a andar máquinas gigantes, donde trabaja gente, donde en el fondo estás empleando y estás haciendo que familias dependen de tus proyectos. Yo creo que eso es algo súper delicado que hay que tomárselo en serio”.

 

La fotonovela, una cosa súper extraña

Un año antes de empezar la producción de “Bestia”, Cecilia Toro tuvo la idea de una niña con problemas reales de niños millennial. Esta niña vivía en un departamento y creía poder averiguarlo todo a través del computador. Hasta que un día, su curiosidad la empuja a descubrir sobre sus raíces mapuches y se da cuenta que hay vida tras esas cuatro paredes. Esa niña se llama Eloísa y es la protagonista de “Calfucoy, con los pies en la tierra”, la fotonovela experimental de la animadora.

Pasemos a tu novela “Calfucoy”, que este año recibió el premio a la edición 2022 ¿Cómo fue recibir esa noticia?

“Sí, ha sido súper reconfortante, me ha dado puras alegrías de hecho. Ahora me voy a Colombia a representar a la comitiva chilena, justamente a la Feria del Libro de Bogotá, así que puras buenas noticias. Y recibir ese premio fue un reconocimiento, además, porque es un libro súper raro, de una edición súper rara, porque la fotonovela es una cosa súper extraña. Siempre son libros, álbumes o cómics, pero esto era literal una mezcla entre el stop motion y un libro”.

 

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En otras entrevistas has dicho que “Calfucoy” tiene un ambiente cinematográfico ¿Crees que venir del mundo de la animación y ocupar este lenguaje te dio una ventaja con la novela?

 “Sí, yo creo que me dio la ventaja de experimentar, de probar, de nadar en aguas conocidas, pero también aventurarme en otros formatos (…). Ocupé la misma metodología de un rodaje de stop motion para este libro, porque aquí también pedí un fondo y no me alcanzó para lo que yo quería. Así es que tuve que ser muy práctica, hacerlo en muy poco tiempo y esa metodología de la animación me sirvió mucho”.

¿Por qué decidiste retratar “la niñez de este milenio”? ¿Cómo la caracterizarías?

“Es que yo creo que había representaciones sólo de un tipo de niñez en Chile y yo creo que hay muchas formas de infancia, muchas formas de vivir, muchas formas de habitar la ciudad. Sentía mucho sesgo, entonces tuve la necesidad de representar una infancia que, según yo, no había estado tan representada. Algo tan simple como infancias morenas. Como que Chile no acepta su morenidad y eso a mí me llamaba mucho la atención. Así es que hice un libro con una niña morena que se parece a todos los niños que conozco, a mí misma y a mi herencia”.

La niña (Eloísa) tiene problemas muy reales, como vivir en departamento o que es muy reflexiva ¿Sientes que de alguna forma se parece a ti?

 “Sí, pero también miré a los hijos de mis amigos que ahora son más sensibles o reflexivos. No salen del computador, de las pantallas, y esta protagonista comete alguna forma esos errores. No es perfecta y eso me da mucha risa. Es un poco reírse de esta niña que pensaba que todo lo podía averiguar por internet y es como: no amiga, no funciona así”.

Ya que has hecho tantas producciones, para ti ¿Qué debe tener una historia para que sea una buena historia?

 “Que te identifique y quizás que sirva como para registrar el presente para el futuro (…). Creo que debería servir como documento, cómo se siente la gente en este momento, cómo piensa o cómo nos vería quizás una extraterrestre. Siento que puede servir de documento, eso creo que es lo que le da valor a lo que uno hace. Me gusta mucho eso de dejar registro, como la bitácora”.

¿Y qué proyectos tienes a futuro?

 “Más que futuro, de presente porque ya estamos trabajando en un largometraje. Ahora mismo, en este mismo segundo. Somos cuatro directores que estamos armando una película animada en stop motion y ya tenemos el financiamiento para la preproducción. Ha sido un desafío gigante, pero que también lo hemos disfrutado mucho. Ha sido muy bonito pensar en una película animada. Antes existía ‘Casa Lobo’, que es un largometraje en un stop motion muy bueno, que le fue súper bien en el mundo, y nosotros también queríamos probar otra tecla. Contar historias desde otro punto de vista y para que haya más películas”.

¿Cómo te gustaría que pensaran de ti en el futuro?

 “Que nos interesaba la identidad, que nos interesaba la memoria, que nos interesaba hacer actos reparatorios a través del hacer. Sí, eso, memoria, registro, reparación. Eso a mí me interesa mucho. Creo que sería súper bonito que se nos recordara por eso en 100 años más, como a ellos les interesaba esto o que no querían parecerse a lo que se está haciendo en Europa, que estaban más centrados en lo que son y de dónde vienen”.

 


 

Este trabajo fue desarrollado por la autora para el curso “Taller de Entrevista”, dirigido por la profesora Paula Escobar.

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