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Ese ruido era la muerte: las víctimas de “balas locas” en la Población Santo Tomás de La Pintana
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Ese ruido era la muerte: las víctimas de “balas locas” en la Población Santo Tomás de La Pintana

Desde el año 2019, la población Santo Tomás figura en el Plan Nacional de Barrios Prioritarios lanzado el 2019 por el ex Presidente Piñera. Inclusión que no ha disminuido la violencia que se vive en sus calles y pasajes. El sector de la zona sur de Santiago concentra la mayoría de los 166 enfrentamientos armados que han sucedido en la comuna de La Pintana entre 2020 y 2021. Incidentes que han provocado la muerte de niños, niñas y adultos.

Por Equipo “Entre Balas y Rejas” 

19 Abril 2022

Xhiomara Gómez Quiñones salió la noche del 28 de diciembre de 2020 con dos amigos a comprar comida en un restaurante ubicado en la población Santo Tomás en La Pintana. Volvía a su casa por la calle La Serena. Jugaban. Corrían por la vereda en distintas direcciones. Alrededor de las diez de la noche, cerca de la intersección con la calle Edith Madge de Huneeus, el sonido de disparos los hizo detenerse. Ese ruido era la muerte.

Tenía apenas 15 años cuando y una bala frenó para siempre sus pasos. La autopsia informaría después que su muerte se produjo tras un traumatismo encéfalo craneal provocado por un proyectil balístico a las 23.20 horas. 

Según información de transparencia solicitada a la Defensoría de la Niñez, entre 2020 y 2021 hubo ocho niños, niños y adolescentes que fueron víctimas de las denominadas balas locas. De estos casos, 4 fueron homicidios consumados, uno calificado y tres frustrados.

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El de Xhiomara fue considerado como homicidio consumado por la Fiscalía Metropolitana Sur, que hace algunas semanas formalizó a Belén Estefanéa Jara Abad, alias “La Valenciana”, por este crimen. La mujer fue detenida el pasado 30 de diciembre del 2020 y actualmente, se encuentra a la espera del dictamen de un juez en el Centro Penitenciario Femenino de San Miguel, donde fue acusada por agresión contra personal policial y tráfico de drogas dentro del recinto. La investigación del homicidio aún está abierta y uno de los cómplices del crimen continúa prófugo. 

Carolina Matus Barrios (41) vivió con Xhiomara desde que la niña tenía 7 años. Era pareja de la madre de la menor, Claudia Quiñones. Las tres compartían una casa en la comuna de El Bosque, pero meses antes que Xhiomara muriera, Claudia se había trasladado con la adolescente a La Pintana. La pareja había terminado su relación, bloqueando mutuamente sus números telefónicos. Por eso, le extrañó que Claudia llamara al teléfono de una vecina. Su asombró fue mayor cuando escuchó el motivo de la llamada: “Mataron a nuestra hija”.

¿Era posible que su niña, enamoradiza, llorona, fanática del twerking, estuviera muerta? No. Carolina no lo creía. Era una luchadora, relata. “Siempre había problemas en su colegio. Y allá es una cosa que si hablas tú, se mete la cuñada, la tía, la prima, el tío y así son. Entonces ella tuvo esa actitud para defenderse. Ella siempre tuvo esa actitud de enfrentar la vida. Era muy madura para su edad. Tenía mucha personalidad”.

Carolina recuerda que esa noche de diciembre, corrió hasta el CESFAM Santo Tomás. Al llegar, Claudia estaba recibiendo las pertenencias de Xhiomara. En el lugar estaba también uno de los amigos de la adolescente que fue testigo de la balacera. Lo llevó hasta la esquina donde su hija había muerto. “Había sangre, casquillos. Todavía no ponían la línea de límite los de la PDI”, recuerda.

En medio del cemento, dos velas encendidas iluminaban los rastros de la ausencia de Xhiomara. Dos velas por una vida.

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Carolina Matus Barrios - Fotos: Gonzalo Mendoza

“La gente vive atemorizada. Constantemente se escuchan disparos y a veces no sabes distinguir si son balas o fuegos artificiales, porque se confunde el ruido. La gente, cuando siente esto muy cerca, se esconde debajo de la cama o se tira al suelo. Y esto no es vida. Acá no estamos seguros ni siquiera dentro de la casa. Ni dentro de la oficina”, cuenta Claudia Pizarro Peña (57) alcaldesa de La Pintana, mientras muestra dos orificios en su despacho. La oficina fue atacada en octubre de 2020.

En el municipio detallan que sólo entre los años 2020 y 2021, ocurrieron 166 enfrentamientos con armas en las calles, siendo las poblaciones El Castillo y Santo Tomás, los lugares con mayor prevalencia de estos incidentes. Esto, a pesar que ambos sectores son parte del Plan Nacional de Barrios Prioritarios lanzado el 2019 por el gobierno de Sebastián Piñera.

Presencia callejera de armas de fuego, que según lo informado por la Policía de Investigaciones (PDI), ha tendido al alza. Según consigna una publicación de enero de este año, la Brigada Investigadora del Crimen Organizado Metropolitana (Brico) generó un informe donde se destaca que “considerando los últimos 5 años, hay un incremento general en la incautación de armas, con su peak en 2020, año en que la cifra se elevó a 1.179 unidades”. Datos que son confirmados por Carabineros, quienes anunciaron que hasta abril del 2022, se han incautado 852 armas de fuego, 219 más que el año pasado.

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Una bala 9 mm, el proyectil más común en las calles según datos de la PDI, tiene un peso aproximado de 123 gramos, alcanza una velocidad de 360 metros por segundo y recorre en línea recta entre 800 a 900 metros. Una de 40 mm, pesa un poco más y tiene características similares: Puede atravesar paredes y seguir siendo mortal en su trayecto.

Alcaldesa de La Pintana entrega antecedentes de violencia en la Población Santo Tomás y muestra la huella de una bala en su oficina - Fotos: Gonzalo Mendoza

El 11 de septiembre de 2020, Yasna Yaupe Castro (18) amamantaba a su hija Adeline de 2 meses cuando un proyectil de 40 mm perforó el muro de material ligero de su dormitorio: un segundo piso, hecho por su padre, en su casa del pasaje Salvador Sanfuentes, en la Población Santo Tomás de La Pintana. La bala le produjo un trauma toráxico abdominal. 

Su certificado de defunción constata su muerte a las 00.14 horas del 12 de septiembre. Su madre, Nataly Castro Valenzuela (36), sabe que en rigor Yasna falleció en los últimos minutos del 11 de septiembre. Lo intuye porque aún no era medianoche cuando recibió en su casa de San Bernardo la llamada de una vecina que le informaba del incidente. Además, su exesposo, José Yaupe -con quien vivían tres de los cuatro hijos del matrimonio- le contó que Yasna, la mayor del clan, había dejado de respirar de forma casi inmediata. Sólo alcanzó a pedirle que cuidara a Adeline.

A más de un año de la muerte de Yasna, Nataly se reunió con el entonces candidato, y hoy Presidente, Gabriel Boric, a quien le pidió que impulsara cambios en la legislación para establecer cadena perpetua a quienes disparan en las calles con consecuencias fatales. Por el caso de su hija fue acusado por homicidio consumado Edgar Bustos Sepúlveda (24), quien actualmente se encuentra privado de libertad en el Centro Penitenciario de Santiago 1 a la espera de la sentencia. 

Mientras espera conocer el veredicto, Nataly sueña con su hija. “El último sueño que tuve fue hace como dos semanas atrás. Se me acerca y me pone a Adeline en el brazo. Es chiquitita como cuando la Yasna partió. Ella se pone al lado mío y se queda ahí. Yo le empiezo a pegar en el poto como le hacía siempre para hacerlas dormir. Después se para y yo le grito ‘hija, te amo’ y ella me dice ‘yo también mamá’. Va al living comedor y se pone a bailar para TikTok. Fue un sueño bien raro porque después en la mañana, cuando despertó mi hijo, el más chico que está conmigo, me dice: mamá, estuve toda la noche bailando con la Yasna en el living comedor“.

 

***

 

A mediados de 2016, Juan -su familia pide mantener su identidad en reserva-, que en ese entonces tenía 31 años, recibió un disparo que iba dirigido a un reconocido narcotraficante del barrio. Cruzaba la calle para reunirse con un amigo de la población Santo Tomás cuando cayó al suelo. Una vecina lo trasladó de inmediato al Hospital Padre Hurtado donde fue operado de urgencia y estuvo en riesgo vital por más de 15 días. La familia en una ocasión se despidió de él: era improbable, dijeron los médicos, que sobreviviera. Pero lo hizo. Tres meses después dejó el hospital. Sin embargo, debió asistir a rehabilitación durante un año. Volvió a su hogar de siempre, en el mismo barrio en que casi muere y donde sigue viviendo con sus padres.

Su hermana Sara, que vivió su infancia y adolescencia en la Santo Tomás, detalla que se cambió a la Villa Concierto 2, de la misma comuna, hace cerca de 20 años cuando los problemas entre las bandas locales de narcotráfico comenzaron a afectar a todo el vecindario. En su Villa, recalca, los pobladores se informan a través de WhatsApp de cualquier hecho sospechoso que ocurre y en más de alguna ocasión se han organizado para defenderse. En las calles en que creció, en cambio, la violencia arrecia. “Son los hijos de los vecinos los que se mandan las cagás. Son las nuevas generaciones, porque la gente antigua, no. Mi papá, cuando éramos chicos, nos contaba cuentos en el antejardín”, asegura.

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Sara - Fotografías: Gonzalo Mendoza

“La Pintana nació estigmatizada. En la comuna de La Pintana se acumularon todos los pobres que nos querían en otras comunas. Eso es violento. Y la respuesta del que nace ahí es con violencia. Si uno mira donde hay más delito es donde más mal se construyó, donde más hacinamiento hay”, acusa Claudia Pizarro, alcaldesa de la comuna. La frecuencia de casos en los últimos años, llevó a que el 2020 se creara la Agrupación de Familiares de Víctimas de la Violencia Delictual, organización que trabaja con el apoyo de la Municipalidad de La Pintana y cuya labor es ayudar a las familias de los afectados, tratando de gestionar distintos beneficios. Entre ellos una pensión de gracia que reciben las madres de los/as afectados/as por un monto de $225.606.

Sara cuenta que, a pesar del peligro que los acecha, sus padres se niegan a abandonar la Santo Tomás. Ella en algún minuto pensó en volver para cuidarlos, incluso compró una casa cerca de ellos. No se atreve a habitarla. Intentó venderla, pero no tuvo éxito, a pesar de que se trata de uno de los sectores más económicos de Santiago.

Jorge Inzulza, arquitecto y doctor en Urbanismo de la Universidad de Manchester, quien además trabajó del 2003 al 2010 en la Unidad de Planes Reguladores Comunales del MINVU, comenta que hay una normativa que resguarda la calidad de las viviendas en Chile, pero los proyectiles pasan precisamente por las fisuras de estas reglas: las ampliaciones irregulares. Es difícil, asegura, que una bala atraviese un muro bien construido y con recepción, pero “no todas las familias pueden tener una vivienda que tiene toda su infraestructura mínima, básica, con los resguardos. Si hay una ventana o alguna área que no está con una construcción definitiva, o no tiene permiso de resguardo, permiso de recepción final, puede generar mucha disparidad”.

Para Inzulza, “estamos hablando no solamente de capacidad o sistemas constructivos, sino que también de planificación urbana en términos de cómo se dispone una vivienda dentro del territorio”.

“El espacio público, o el espacio común, son tremendamente importantes, porque incluso si yo viviera en una casa mínima y al lado vive otra persona, y entre los dos tenemos una buena distancia de calle y además tenemos una plaza al frente, salgo a caminar, salgo a pasear, hago deporte, me recreo. Pero lamentablemente en una población muchas veces el espacio público o está muy deteriorado o no tiene las distancias mínimas, entonces uno termina en un ambiente mucho más riesgoso en ese sentido”, apunta el experto. 

Sara sabe que eso es cierto: una de las razones por las que no logra vender su propiedad es simple: en las paredes, los impactos de bala son huellas precisas de lo que ocurre en la población y ahuyentan a cualquier comprador.

Entre balas y rejas

Por Ignacia Arriagada, Iván López, Micol Parra, Ignacia Pezoa, Valeria Pozo, Nicolas Villagra, Gonzalo Mendoza.

Edición: Ivonne Toro y Sebastián Palma.

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