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Valentina Correa sobre el sicario que mató a su padre: “Son los tentáculos del narcotráfico”
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Valentina Correa sobre el sicario que mató a su padre: “Son los tentáculos del narcotráfico”

El 10 de mayo de 2020, el empresario inmobiliario Alejandro Correa (60) discutió con un loteador ilegal que le había asignado a terceros un paño de un terreno de 13 hectáreas en Quilpué. El 14, lo denunció y cuatro días más tarde, Correa fue asesinado por un sicario. Los cuatro imputados por el caso fueron declarados culpables en primera instancia. Valentina Correa, hija de Alejandro, detalla su lucha por dejar atrás el miedo: “Yo necesito la confianza para poder reparar el daño”.

Por Equipo “Entre Balas y Rejas”

18 Abril 2022

Recibió la información a cuentagotas. En la primera llamada, le dijeron a Valentina Correa Uribe (33), directora de proyectos de Fundación para la Confianza, que había habido un incidente armado fuera de la casa de sus padres en Concón. Luego, cuando ya estaba rumbo a Viña del Mar desde Santiago, le dieron otra noticia: el ataque había sido en contra de su padre, Alejandro Correa Correa (60). Después, se enteró de que la situación era irreversible: a su papá le habían disparado en la cabeza el 18 de mayo de 2020, a las 9.40 horas, en la puerta de su hogar en Avenida Bosques de Montemar.

“Ahí entendí que era irremediable, que el curso de la vida había cambiado por completo, independientemente que el resultado fue la muerte o no”, cuenta Valentina, semanas antes del juicio oral que condenó a los cuatro imputados por el crimen de su padre. Según la investigación acreditada por el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Viña del Mar, el asesinato de Correa fue por encargo y motivado por razones económicas tras una disputa por terrenos. El 10 de mayo de 2020, Alejandro Correa había encarado a Luis Alarcón Cáceres por lotear y asignar a terceros un paño de 13 hectáreas de su propiedad en Quilpué. El 14, lo denunció y cuatro días más tarde, Correa fue asesinado por un sujeto que habría sido financiado por Renato López Fuentes, conocido de Alarcón. El autor material de la muerte fue el ciudadano colombiano Víctor Gutiérrez Londoño -apodado El Parce– quien reconoció haber recibido $5 millones por asesinar a Correa.

Valentina, experta en el desarrollo de iniciativas sociales, comenta que estaba al tanto del conflicto por las tierras de su familia, pero que no consideraba que ello significara un riesgo, al menos no uno vital: “Es un delito, una usurpación, un delito de quinta categoría que debía ser resuelto por las vías que estaba procurando mi papá. Primero, él fue por la vía de la conversación. Y luego, cuando no hubo entendimiento, una demanda en un tribunal jurídico para que el juez dijera ‘el cerco aquí; el cerco más allá’. Entonces claramente cuando tú explicas esto, una dice: la persona que mandó a matar a mi papá, tiene que ser extremadamente mala y tiene que haber operado de esta manera en su vida antes. Entonces sorprende, porque sabía que mi papá tenía un conflicto en un terreno, pero como mucha otra gente que no teme por su vida”.

El pasado 18 de abril, la justicia confirmó las sentencias contra los imputados. Víctor Gutiérrez Londoño fue condenado a 20 años de cárcel por el homicidio calificado de Correa. Además, recibió cuatro años por porte y tenencia ilegal de armas de fuego, además de otra pena similar por el homicidio simple tentado de Claudio Muzio, amigo del empresario.

Renato López Fuentes -quien habría encargado asesinar a Correa- recibió una condena de 20 años por homicidio calificado, en calidad de autor y grado de consumado, por premio o promesa remuneratoria y premeditación conocida. Claudio Riveros Canales, chofer que condujo al sicario a Concón, fue condenado 16 años de cárcel por los delitos de homicidio simple, y porte y tenencia ilegal de arma de fuego. Por su parte, Melissa Palma Valdés, pareja del sicario, fue sentenciada como cómplice con 6 años de presidio.

“Cuando ocurren este tipo de cosas uno se disocia, como si fuera una película de la cual uno no se da cuenta que es protagonista. Hay una cierta preocupación por un crimen que sentía lejano, que sabía que existía, pero que se haya instalado en tu familia… Es el temor de qué es lo que viene, cómo se vive una experiencia tan violenta como esta, qué tan excepcional es este caso. Un accidente de tránsito sí te puede pasar porque sí está dentro de tu espacio de representación, esto no. Me costó conciliar e integrar el tema de los sicariatos porque no estaba dentro de mi uso habitual. No es el primero de la historia del país, pero sí el más reciente y relacionado con el narcotráfico y un civil. Eso también lo novedoso de la muerte de mi papá, porque no es un ajuste de cuentas, sino que son los tentáculos del narcotráfico que salen hacia afuera”, asegura Valentina.

Tras el crimen, la seguridad se transformó en “un valor central” para Valentina. “Queda fracturada la confianza en que desarrollar una vida plena y feliz, ya no solamente depende de ti. Queda fracturada la confianza con las instituciones (…). Ha sido muy frustrante ver que el Estado ni siquiera ha hecho lo más obvio que podría haber sido la expropiación de la propiedad, sino que la ha dejado a merced de los mismos asesinos. Creo que la confianza sí se puede ir reconstruyendo. Es lento y yo quiero confiar. Yo necesito la confianza para poder reparar el daño”.

 

***

 

Para Valentina, los últimos meses han sido complicados. La figuración pública de distintos casos de homicidio han calado en su ánimo. La noche del domingo 23 de enero, un padre junto a su hija de 6 años fueron asesinados en plena vía pública en Ovalle; la madrugada del 24, cerca del Terminal de Buses en Estación Central, un hombre de 40 años, que había llegado desde el sur con sus dos hijos, murió tras recibir el impacto de un proyectil.

Las balas en las calles se han hecho comunes. Según la Policía de Investigaciones (PDI), al comparar los homicidios entre enero 2021 y enero de 2022, se ve un aumento de un 42% en uso de armas de fuegos. En las diligencias asociadas al crimen de su papá, cuenta Valentina, fueron incautadas diversas armas.

“Una de mis preguntas fue, ‘bueno, ¿de dónde salen estas armas?, ¿de dónde vienen las balas?’. Hay una sensación muy triste al entender que el narcotráfico ha entrado, mucho más fuerte de lo que nosotros creemos y cuando entra el narcotráfico también entra la corrupción a las policías, a jueces (…). Creo que hemos sido como país un poco soberbio en creer que esto eran cosas que pasaban en otros países de Latinoamérica. El descrédito a las instituciones policiales, como Carabineros, en los últimos dos años tampoco ha aportado. En el fondo, a río revuelto, alguien sale ganando y el ente que ha ganado los últimos tres años desde el estallido social hasta ahora, ha sido el narcotráfico”.

Aunque ha debido enfrentar el miedo, no cree que la solución sea poner muros y rejas. Frente a la decisión del Gobierno de cerrar pasajes es categórica. “Tengo la percepción de que cuando se cierra un pasaje, no se vuelve abrir. Eso habla de una falla de un Estado que no pudo entregar la seguridad que se espera. Después de la muerte de mi papá, yo sabía que iba a tener una percepción de seguridad baja, pero siempre seguí luchando para que el miedo no me dominará porque el miedo es muy invalidante, me iba invalidar para poder volver a ser feliz”, sentencia Correa.

“Los acontecimientos de los últimos seis meses y este ascenso de delitos tan violentos, verme reflejada en otras familias -cuando fueron las balaceras que mataron a dos niños en una semana, los mismos hechos que han ocurrido en Viña del Mar- me entristece y empatizo mucho con esas familias, con esa ‘comunidad de la bala’ que se forma, porque sé que volver a sentirse seguro es un camino muy largo y puede tardar una generación. Entonces con el cierre de los pasajes siento una desesperanza muy grande”.

Entre balas y rejas

Por Ignacia Arriagada, Iván López, Micol Parra, Ignacia Pezoa, Valeria Pozo, Nicolas Villagra, Gonzalo Mendoza.

Edición: Ivonne Toro y Sebastián Palma.

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