Ignacio Cayumán: Por mapuche, por pobre, por trans


El INDH interpuso una querella por la tortura que vivió Ignacio -su nombre registral es Nataly- durante la tarde del 22 y la madrugada del 23 de octubre por parte de carabineros de la comisaría de Lo Hermida. “Todo era muy sexual, a las niñas le decían: ‘tení buenas piernas, tení bueno aquí’. Un carabinero de Fuerzas Especiales me pasó la luma por el contorno de la entrepierna  mientras me decía: ‘Ahora te van a gustar los hombres, ahora vas a saber lo que es bueno’”.

Por Simona Paranhos y Daniel Meza

Ignacio tiene rapado el pelo en ambos costados de su cabeza y luce una cola de caballo que toma con un elástico celeste. Mide cerca de 1.60 metros y es delgado. Viste de negro, como lo exige su trabajo en el retail. A través de su camisa se asoman tatuajes en el pecho y en el brazo. Además de desempeñarse en el comercio, en horario del mall, algunas noches trabaja en un call center.

Nació como Nataly, estudió electromecánica industrial y desde hace un tiempo está en tratamiento para adoptar el género con el que se identifica, el masculino. De discriminación, Ignacio Cayumán sabe: su apellido es indígena; es poblador de la Villa San Luis de Macul, en Peñalolén; y su identidad sexual ha sido motivo de burlas desde la infancia. Pero es diferente que el acoso sea de un ciudadano a que provenga de una autoridad: “A mí siempre me han dicho frases, pero en situaciones de la calle por parte del típico ‘macho’ inseguro, pero es distinto a que te lo diga un carabinero. Imagínate, que un carabinero te diga que te va a hacer mujer porque te va a meter una luma o un palo”.

Eso último, relata, fue lo que le ocurrió entre la tarde del 21 y la madrugada del 22 de octubre, cuando fue detenido y liberado tras horas de apremios. Aquella jornada, cuenta, iba camino al call center -su segundo trabajo a honorarios- manejando su auto, pero primero decidió pasar a dejar a una amiga y a su hermano a un sector cercano: “Cuando llegamos a Vespucio con San Luis de Macul, tuvimos que devolvernos porque estaba la cagá, porque allá está la central de los supermercados de Wallmart. Dimos la vuelta en U mientras veíamos cómo estaba lleno de autos saqueando. En ese momento me devuelvo una cuadra hacia arriba y veo que venían todos los carabineros. Ahí yo dije: ‘metámonos acá, estacionemos el auto y esperemos que pasen’. Después de un rato, salimos a una plaza y vimos cómo la gente corría. Corrimos hacia abajo, llegamos a la central, entramos por la bodega y salimos por un lado”.

Girar hacia el lugar equivocado derivó en una situación que aún lo tiene con angustia. “Corríamos, sentía lacrimógenas y disparos, entonces me di vuelta, me acerqué a un carabinero y le dije: ‘míreme, yo no ando robando. Tengo las manos limpias, nos puede dejar salir, por favor’. En eso un carabinero, el único al que logré verle la cara, me agarra, me hace una llave, me bota al piso y me pisa la cabeza y el brazo. Ningún carabinero tenía nombre. No supe nada más de mis acompañantes y ellos de mí tampoco”. 

Eran días agitados en el país y en Peñalolén la alcaldesa Carolina Leitao afirmaba que en su comuna había caos. Los saqueos a locales comerciales se sucedían en distintas regiones.

Ignacio estaba en medio de la batahola, aunque insiste en que no estaba provocando desmanes:

Soy el  primero que tiran al suelo, después trajeron a un cabro y lo tiraron al lado mío. Luego dos cabras más y a una de ella la ponen al frente. Yo miré y me retaron. A la cabra la lumearon.  Carabineros nos pegaba con la luma por todo: “no bajaste la cabeza”, lumazo; “tienes buenos cachetes”, lumazo. Todo era muy sexual, a las niñas le decían: “tení buenas piernas, tení bueno aquí”. Un carabinero de Fuerzas Especiales me pasó la luma por el contorno de la entrepierna, por atrás, mientras me decía: “ahora te van a gustar los hombres, ahora vas a saber lo que es bueno». Sólo a las mujeres las molestaban. Yo estaba en shock. Pensaba sólo en aguantar y quedarme callado para que no me pasara nada.

Ignacio afirma que había un sesgo claro.

Con los hombres la actitud era “¿por qué chucha estai robando?”; con las mujeres, el cariz era otro: “ah tú erí mujer, ¿qué estai haciendo acá? Las mujeres están en la casa, las putitas tienen que estar en la casa, no tienen por qué estar robando”.

EL CUERPO DE IGNACIO

Ignacio nació en Puerto Montt, pero emigró a Santiago a los 11 años con su mamá y su hermano menor. “Para estudiar en la universidad pedí el CAE ya que no me dieron beca por ser indígena, pero sí por ganar poco. Ahora debo pagar hasta mis 35 años. Al llegar a Santiago sentí una discriminación por ser mapuche”, plantea. No fue la única afrenta que le afectó. 

Yo siempre me sentí niño, toda la vida. Mi transición comenzó en 2018 legalmente, y en 2019 empecé a inyectarme. Me siguen llamando Nataly por el carnet. Siempre me molestaron por ser más “amachada”, entonces tuve que cambiar mi imagen para ser aceptada socialmente y poder tener un trabajo digno. Empecé a dejarme el pelo largo, maquillarme, ocupar ropa de mujer. Esto fue años atrás. Si hubiera tenido el pelo corto como ahora, o si hubiese tenido más rasgos de hombre en ese tiempo, habría conseguido trabajo de guardia o para hacer el aseo. No es por denigrar esos trabajos, si no que evidencia la limitación de vida que uno tiene. Cuando me veo como mujer e igual que en mi carnet, puedo andar tranquila en la calle. 

Todos esos dolores confluyeron el día en que fue detenido. 

A mí Carabineros me dijo todo el rato: “te creí hombre, te vamos a hacer sentir mujer”. Luego un paco me pisó la espalda, el muslo y me dijo: “ahora te va a gustar, ahora te va a gustar”, y me siguió pisando. 

Lo que vivió, sostiene, fue una tortura. Así quedó además estipulado en la querella del INDH que consigna a Ignacio, María Paz (24) y Carmen (24) como víctimas de este delito. Las dos mujeres han ratificado ante el Instituto la versión de Ignacio sobre lo sufrido.

Sí, esto fue tortura porque no sabes dónde te van a llevar. A mí me agarraron del cuello, me levantaron y me dijeron “camina”. Escuchaba que los carabineros hablaban entre ellos: “y ¿qué vamos a hacer?, ¿pa dónde los vamos a tirar?, ¿con quién la vamos a meter a esta si no es hombre ni mujer?, no sé poh, la vamos a hacer mujer y de ahí la metemos donde las mujeres”. 

Ignacio relata que él es partidario de las demandas sociales y que sabe, por su propia experiencia de vida, que se requieren cambios, que el país hoy es injusto y clasista.

—Carabineros ha violentado tanto emocional, sexual, social y monetariamente. Si uno anda mal vestido, es que andas robando y por eso te van a sacar la chucha o intentar violarte. Por andar protestando y diciendo lo que piensas, lo mismo.  En las comunas del barrio alto, Carabineros sí protegió, hizo su trabajo. En Vitacura protegieron los malls, pero a las personas comunes y corrientes… ¿qué pasa con nosotros? Nos sacaron la chucha, nos amenazaron. Entonces claro, yo por ser mapuche ando quemando. Es penca, muy penca. 

Sobre la experiencia de su detención, relata que en el vehículo de traslado al centro donde permaneció retenido -la 43° Subcomisaría de Lo Hermida- , hubo un uniformado, de los cinco con los que tuvo que enfrentarse,  que al quedarse solo con ellos tuvo un gesto que, en rigor, es un derecho que ellos desconocían: “Nos dijo ‘avisen que están bien’ y nos pasó los celulares. ‘¿Para dónde nos llevan?’, preguntó una niña, y el carabinero dijo que no podía decir nada, que nos estaba hablando rápido porque si lo veían haciendo eso, íbamos a cagar nosotros. Yo le avisé a Mónica, mi pareja, que estaba bien. En ese momento no sabía nada de lo que estaba pasando, así que solo le escribí eso».

—Después se subió el resto de carabineros y empezaron a amedrentarnos, “miren hacia el suelo, pobre el que mire arriba, les vamos a sacar la chucha”.

En la comisaría continuó el asedio. “Recuerdo que la luz titilaba y era muy oscuro, como de película. Nos pusieron contra la pared y a mí me pasaron la luma, de nuevo. Una paca me empieza a tocar por encima de la ropa para revisarme y en eso un paco le dice: ‘¡no la toquís tanto que se puede calentar contigo’. Ahí empezaron las tallas, a reírse entre ellos. Además a la entrada me habían dicho ‘¿Nataly Patricia Cayuman? Tss, tiene nombre de indígena, tiene apellido de indígena, más encima es indígena”. 

—Todo el rato nos amedrentaban sexualmente. Los carabineros no sabían si yo era hombre o mujer, y simplemente por la espalda que yo tengo, me dijeron que era amachada y que me tenían que gustar los hombres a punta de lumazos y pisadas. 

Ignacio cuenta que ha participado de protestas sociales, pero que ahora tiene temor y rabia hacia los uniformados:

—Uno paga sus impuestos, el IVA, un montón de cosas, ¿para qué? Para que ellos te protejan, no para que ellos te peguen, te amenacen con que te van a violar.