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Testigos de la calle: las plataformas que surgieron en las redes sociales
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Testigos de la calle: las plataformas que surgieron en las redes sociales

Utilizando registros propios y ajenos, distintos proyectos digitales se instalaron en las redes sociales para denunciar lo que ocurría en las manifestaciones callejeras. Con una postura ideológica clara, lograron protagonismo por documentar lo que otros no alcanzaban. ¿Qué es de ellos a dos años del estallido? ¿Cómo recuerdan su labor en el inicio del proceso histórico más importante de los últimos 30 años?

Por Marcelo Díaz, Vicente Gómez, Federico Montes, Sebastián Uribe, Franco Garrido y David Tralma.

5 Noviembre 2021

El camino de Prensa Chilena

El domingo 27 de octubre de 2019, la región de Valparaíso concentró los focos mediáticos con una de las movilizaciones más importantes desde el inicio del estallido social. Las autoridades indicaron que hubo más de 100 mil personas que marcharon en dirección al Congreso. Drones, videos desde los edificios cercanos y equipos profesionales fueron algunas de las herramientas que utilizaron los medios de comunicación tradicionales para cubrir el acontecimiento. 

Camilo González, periodista fundador y director de la plataforma digital Prensa Chilena, asistió a la manifestación solo con su celular. La idea, dice,  era transmitir vía Instagram desde su inicio en Viña del Mar. Ya en la convocatoria, González comenzó un live desde la plaza Sucre hasta la Avenida España. El directo culminó en la entrada a la comuna de Valparaíso, cuando Carabineros dispersó la marcha con gases lacrimógenos para resguardar  el perímetro del Congreso Nacional. La acción quedó registrada en las stories de Prensa Chilena, un modelo de cobertura que hoy suma más de un millón de seguidores en la red social.

“En un principio, la idea de este proyecto era muy amplia, cubrimos mucho espectáculo, magazine y música. Eso fue hasta el estallido. Desde ahí se comenzó a tratar más la contingencia relacionada a lo que pasaba en las calles (…). La idea surge desde las ganas de tener una plataforma para entregar mensajes y poner las agendas temáticas que a veces pasan desapercibidas, pero que son muy importantes para el ciudadano en general”, recuerda González. Si bien comenzó solo, hoy Camilo cuenta con un equipo de siete personas que lo apoyan en el reporteo, además de temas legales y comerciales.

González reconoce que uno de los objetivos de su plataforma fue matizar las imágenes de violencia transmitieron algunos medios durante las semanas posteriores al 18 de octubre de 2019. La idea era entregar un punto de vista distinto de las manifestaciones, “para que la gente entienda que hay un grupo haciendo disturbios, pero hay otro que está unido luchando contra todo lo que hemos vivido en nuestro país”.

Cada marcha era cubierta por tres integrantes del equipo, todos provistos con un teléfono como principal herramienta de reporteo. “Llegábamos muy temprano -recuerda González-, íbamos mostrando desde el principio hasta cuando quedaba la embarrá y nos teníamos que ir, porque ya era imposible estar ahí (…). Tratábamos de evitar un poco el tema de los saqueos, pero no por censurar ni nada, sino porque de repente hay gente que te ve y saca ideas de cómo hacerlo y hay que ser responsable con lo que uno está publicando”.

A lo generado por el equipo, sumaron además las publicaciones de otros usuarios que les compartían material de las manifestaciones. “Eso funcionó muy bien. Toda la gente que iba a marchas nos etiquetaba en la cuenta y eso se empezó a viralizar. Esa fue la respuesta, que nuestro deber era muy importante para lo que estaba aconteciendo”, cuenta el fundador de Prensa Chilena.

Sobre la posición editorial de su plataforma, González reconoce que buscan una mirada más objetiva. “Siento que hay medios que se extreman mucho hacia un lado, dejan de lado otras cosas y que caen en el mismo error que los grandes. Caen en el mismo error que El Mercurio o La Tercera. Se extreman a publicar solamente cosas que ellos están de acuerdo y eso tampoco creo que esté bien, pero es algo muy personal, considero que la gente lo que espera es que se le entregue la información lo más amplia para que formen su opinión y tomen sus decisiones”.

 

Piensa Prensa, el pulso de la calle

Elena Ríos no es periodista. Se desempeñó durante casi toda su vida como técnica en enfermería (Tens), pero recuerda que cuando vio la “Revolución Pingüina” de 2011, surgió su interés por comunicar lo que ocurría en las manifestaciones, pero desde la calle. Dos años más tarde, junto a dos amigos fundó Piensa Prensa. Cuenta que desde ese momento trató de no perderse ninguna marcha importante, para salir a la calle a fotografiar lo que ocurría en cada manifestación.

“Un día, camino a Valparaíso para el 21 de mayo, dijimos ‘tenemos que hacer algo con estos registros, veamos cómo lo hacemos para que la gente vea realmente lo que pasa’”, relata Ríos. Partieron con una cuenta en Facebook, luego pasaron a Twitter, Instagram y, finalmente, armaron su propia web. 

Ríos detalla que durante el estallido social, Piensa Prensa se concentró en grabar los rostros de “todos quienes estaban ejerciendo represión”, para lo que contaron con un equipo de cerca de 15 colaboradores, entre ellos, algunos estudiantes de Periodismo. Un modelo de cobertura que no estuvo exenta de riesgos. Elena reconoce que algunos de sus compañeros fueron alcanzados por balines, por lo que debieron extremar las precauciones: “Nosotros mantenemos distancia con Carabineros, no contestamos, si nos corren evitamos cruzarnos en el camino de ellos, mantenemos nuestra distancia. No como otros fotógrafos, chiquillos que también son independientes, que discuten, pelean, ya después los marcan, los detienen, o les pegan, los mojan, les tiran los equipos al suelo”.

“Nos pasó algo super bonito durante varias marchas a las que nosotros asistimos -cuenta Elena-. Yo me ponía una polera con el tremendo logo que decía Piensa Prensa aquí en el pecho, no para los pacos, si no para que los cabros me identificaran y todos los compañeros hacíamos lo mismo, para que ellos supieran cómo éramos, porque ya éramos conocidos durante el estallido (…). Cuando llegábamos a las cercanías de la plaza no faltaba la gente que nos abrazaba y a veces se sacaban fotos con nuestra compañera, yo no, yo soy más bajo perfil. Gente nos regalaba bebidas, chocolates, o a veces yo le decía a los chiquillos ‘necesito fotografiar al que está con la escopeta, por favor me ayudan’ y me ponían los escudos, me decían ‘¿A dónde es? Si tía, ningún problema, para ustedes sí’, entonces yo me podía acercar, llegar con mi lente más cerca”.

La cobertura realizada por Piensa Prensa, les valió notoriedad no solo en redes sociales. En 2019, su trabajo fue preseleccionado en la categoría digital por el Premio Periodismo de Excelencia, organizado por la Universidad Alberto Hurtado. Un trabajo les permitió además sumar seguidores, más allá de nuestras fronteras. “Unos suecos, cuando vinieron a Chile en el verano de 2020, nos enviaron un billete de mil libras esterlinas, con el cual compramos un computador que no teníamos”, recuerda Ríos.

Con ocasión del segundo aniversario del 18 de octubre, la plataforma estrenó Dignidad, testimonios de una revuelta, documental en el que reconstruyen las historias de quienes fueron víctimas de violencia policial.

La irrupción de “La Voz de los que sobran”

En abril de 2020, María Francisca Quiroga se despidió de El Desconcierto, medio electrónico en el que fue directora editorial por más de cinco años. Durante su último periodo en el sitio y en medio del estallido social, propició la aparición de El Matinal de los sobran, espacio conducido por Mauricio Jurgensen, Daniel Stingo y Alejandra Valle, todas personalidades que compartían una circunstancia común: una salida muy bullada de los tradicionales matinales de la televisión abierta.

La apuesta, según recuerda Quiroga, partió en noviembre de 2019 con serios problemas técnicos, pero que no afectaron su popularidad. “Tuvimos 1 millón de visitas por Facebook -comenta-. Dijimos, ‘acá tenemos una propuesta y tenemos que seguir haciéndolo’, y de la nada empezamos a hacer programas lunes, miércoles y viernes. Terminamos haciendo el programa de lunes a viernes (…). Ahí fui directora, productora y tramoya diría yo, porque me encargaba del café hasta hacer la pauta”.

Concretada la partida de Quiroga de El Desconcierto, las tres figuras que realizaban el espacio matinal la acompañaron. “Y ahí pensé que era el momento de que formemos un medio en función de este programa, y sigamos cubriendo el estallido y la Constituyente. En ese momento estábamos hablando de cómo ser un medio para hacer pedagogía política y nosotros colocar los contenidos que la televisión no iba a poner (…). Así, en mayo de 2020 formamos el medio digital LaVozDeLosQueSobran.cl, con algunas columnas, notas del día, pero principalmente con reportajes, con temas de DDHH, feminismo, pero siempre el ancla de este proyecto fue este matinal de 10 a 12, que se hace hasta hoy”, comenta Quiroga.

El camino del medio no ha estado exento de problemas. Uno de los más polémicos fue la denuncia realizada por parte de un grupo de trabajadores en enero de este año, acusando precarización laboral. “El error nuestro en esa oportunidad, que es un aprendizaje, es que debimos haber hecho contratos inmediatos, y pasaron los primeros tres meses con honorarios. Ese fue un error, porque no podíamos hacer lo que los otros medios sí, porque éramos críticos (…). Después de que la comunidad creció, nos hicimos cargo del tema de los contratos. Ahora tenemos a todo el mundo contratado y muy pocos freelance”, reconoce Quiroga.

Frente a la irrupción de proyectos periodísticos digitales que trajo el estallido, la actual directora de La Voz de los que Sobran, reflexiona sobre su viabilidad: “Creo que los medios independientes están un poco en crisis, en la lógica de producción y contenido. Cuesta mucho golpear si tienes dos o cinco personas versus un equipo entero de investigación. Yo hago una autocrítica, cuando partimos estábamos vueltos locos: en la pandemia, en teletrabajo, creando cuatro programas paralelos y tirando reportajes cada dos días. Una locura. Estábamos reventados. Estábamos también en esa competencia y ese ego, que es algo que también debiera preocuparnos. Este tema de las firmas, de quién golpea y eso, en los equipos genera problemas”.

Cerca de cumplir dos años, Quiroga se muestra conforme con los resultados que han tenido en las distintas redes sociales: “Han crecido de forma bastante exponencial. Piensa que en menos de dos años alcanzamos casi 86 mil en Instagram, 95 mil en Facebook, 75 mil en Twitter y en Youtube tenemos más de 27 mil suscriptores. Es una comunidad que tiene alto compromiso e interacción entre las personas que participan”.

Tras la partida del periodista Mauricio Jürgensen, el puesto en el matinal fue tomado por el economista Hassan Akram, quien además es parte del directorio. Un ajuste al que se suma el fin del acuerdo que La Voz de los que Sobran mantuvo con los medios dependientes de la Universidad de Santiago (Radio Usach y Stgo TV). “El tema del estallido para nosotros es un significante que tiene que ver con nuestro ethos, porque surgimos como una propuesta alternativa y nos hicimos importantes y necesarios en función de que los otros medios de comunicación, sobre todo en la TV, nos veían como la contracultura de ahí porque teníamos estos rostros que venían de ahí, que habían asumido un cierto compromiso político con la revuelta y las demandas”.

 

Crecimiento en el límite

Uno de los puntos más críticos que han debido sortear las distintas plataformas digitales, tiene que ver con las normas que cada red social impone para lo que puede ser o no difundido. A lo que se suma la posibilidad que tienen los usuarios de denunciar aquellos posteos que les parecen ofensivos o violentos. Por ejemplo, las normas comunitarias de Instagram explicitan que: “Debido al gran número de personas y grupos de edad diferentes que utilizan Instagram, es posible que eliminemos videos que contengan una enorme cantidad de violencia gráfica con el fin de asegurarnos de que Instagram siga siendo apropiado para todos”.

“A mí me bajaron la cuenta -reconoce Camilo González de Prensa Chilena- . Durante el estallido me bloquearon el contenido, fue complicado. Entonces ahí, también fue replantearse de qué manera uno está mostrando los mensajes cachai, porque a veces uno quiere mostrar todo-todo, pero hay gente que maneja Instagram (…). Tuvimos que armar estrategias que podamos evidenciar  lo que está pasando, pero de una manera no tan fuerte para el espectador”.

Una experiencia similar tuvo Piensa Prensa, medio que actualmente cuenta con cuatro perfiles en Instagram. Esto es parte de una estrategia para tener un respaldo frente a la posible baja de su cuenta activa, que hoy suma más de 200 mil seguidores. 

Al resguardo por el tipo de contenido, se suma además el chequeo de las imágenes e informaciones que estos medios reciben por parte de sus seguidores. Sobre este proceso, Elena Ríos de Piensa Prensa, explica que: “Generalmente si alguien nos manda una foto, a la persona le preguntamos si quiere que la publiquemos con su nombre o su perfil y ahí le ponemos ‘compartido por tal persona. Y cuando nos dicen que nos quedemos con ella (la foto), nosotros le ponemos el logo nuestro (…). Cuando estamos en la calle o en el momento que sea, nos vamos comunicando mediante WhatsApp, se manda al editor directamente y él va chequeando”.

A pesar de este procedimiento, información publicada por Piensa Prensa ha sido desmentida por plataformas de chequeo. Al respecto, el profesor de Historia del Periodismo de la Universidad Diego Portales, Alfredo Sepúlveda, explica que “esto es muy típico de las redes sociales, en donde hay una creencia de que no importa que la información no esté verificada, porque alguien lo hará después”.

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