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La farmacia que no existe
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La farmacia que no existe

El boom del comercio clandestino de medicamentos con y sin receta se expande en redes sociales como Facebook, Telegram y WhatsApp. En Chile, solo en Facebook hay al menos diez grupos activos con más de mil miembros, donde se ofrecen antidepresivos, ansiolíticos y estabilizadores del ánimo con entrega inmediata y sin control médico. Las transacciones se concretan a diario en estaciones de Metro y puntos públicos, en un mercado informal que ya preocupa a las autoridades sanitarias.

Por Isidora Baeza y Roberto Berríos

12 de Enero de 2026

Eran las diez de la noche cuando V, una estudiante de Derecho de 20 años, decidió comprar por primera vez un medicamento con receta por redes sociales. Corría julio de 2025 y estaba sentada en el piso de su pieza, apoyada contra la cama, en la casa en que vive con sus padres en Lo Prado. 

—Llevaba tres días sin dormir. Sentía el pecho apretado, la cabeza zumbando… me costaba respirar —dice ahora, sentada en la misma pieza, en voz baja.

Buscaba fluoxetina, un antidepresivo recetado para tratar cuadros de depresión y ansiedad. Esa noche abrió Marketplace, el sitio de compra y venta de artículos en Facebook, y escribió “fluoxetina 20 mg sin receta”. En segundos aparecieron publicaciones que ofrecían entrega inmediata. V les mandó el mismo mensaje a, al menos, siete personas: “Hola ¿Sigue disponible?”.

Un perfil sin foto le respondió al instante: 

—Sí, entrego mañana, hora a coordinar y metro a convenir. Diez mil pesos la caja.

V no dudó.

—Estaba temblando, pero no de miedo, sino de ansiedad. Si no lo hacía esa noche, algo malo me iba a pasar en cosa de días.

Durante la pandemia le diagnosticaron depresión y, desde entonces, comenzó a tomar fluoxetina. Por dos años asistió regularmente al médico, quien evaluaba y ajustaba el tratamiento mes a mes. Al ser un fármaco que incide en el estado de ánimo, es esencial que un especialista recete las dosis con mucho cuidado en menores de 25 años, ya que puede aumentar pensamientos y comportamientos suicidas.

Pero en enero de este año, cuando su padre perdió su trabajo, ya no pudo seguir pagando las consultas.

La tarde siguiente de haber acordado el encuentro con el vendedor de fluoxetina, la entrega no tomó más de cinco minutos. V recuerda que un hombre bastante mayor, que necesitaba ayuda de un bastón para caminar, llegó con una chaqueta negra y el rostro medio cubierto por una mascarilla. Ella esperó junto a un kiosco en la salida del metro Lo Prado. 

—¿Tú eres la de Marketplace? —le preguntó él. 

V asintió, le pasó un billete de cinco mil y recibió una bolsa pequeña, que guardó rápido en su cartera.  

Intercambios como ese son pactados a diario en redes sociales: anuncios camuflados con fotos de otros productos, como chocolates, mensajes privados para cerrar la venta y entrega en lugares públicos. Basta con escribir el nombre de un medicamento en Facebook, Telegram o en grupos de WhatsApp, para que comiencen a llegar respuestas. Los vendedores envían fotos de las cajas de los medicamentos y las recetas con que las obtuvieron, para generar confianza y demostrar que no están vencidos. 

Según cifras del Instituto de Salud Pública (ISP), en 2024 se incautaron más de 17,5 millones de dosis provenientes del comercio informal, muy por encima de los 10,4 millones registrados en 2022. Un fenómeno que crece en visibilidad y que, según las autoridades, se ha vuelto muy difícil de controlar. 

El comisario Edgardo Rodríguez, de la Brigada de Delitos contra la Salud Pública (BRIDESMA), asegura que el auge del comercio ilegal de medicamentos está directamente relacionado con la facilidad de acceso que ofrecen hoy las plataformas digitales, y la ausencia de controles efectivos.

—Hay un problema que es bastante grande y muy masificado. Hoy hay personas que pueden comprar un medicamento desde Arica a Punta Arenas sin problema, no existe una barrera territorial, el courier y las empresas de mensajería funcionan bastante bien y no hay control en ese sentido. Entonces es un problema grave, porque hay mucha masividad de oferta en redes sociales sobre medicamentos, tanto de uso común como también controlados por sustancias psicotrópicas y estupefacientes.

Rodríguez advierte que la compra de medicamentos por redes sociales es un fenómeno peligroso: puede alterar tratamientos médicos en curso e, incluso, agravar las enfermedades preexistentes.

—Puede que una persona esté en un tratamiento sumamente meticuloso respecto a su salud, pero al comprar medicamentos fuera de este circuito regular, se arriesga a que no tengan los efectos deseados o, en caso de estar dañados o adulterados, generar efectos adversos o secundarios. 

V conoce estos riesgos, pero dice que no tiene otra alternativa. En su casa están enterados de que compra de esta forma y, según cuenta, su padre no la cuestiona porque sabe que no puede pagarle un psiquiatra. 

—Las farmacias cierran la puerta sin receta, los consultorios no tienen hora y los privados salen un ojo de la cara. Mientras tanto, tú sientes que el cuerpo se te apaga de a poco.

Con el paso de las semanas, recuerda, empezó a sentir que la fluoxetina hacía su efecto. Así que le volvió a escribir al hombre de la mascarilla y la chaqueta negra de Marketplace, varias veces.

—Lo mismo de siempre —le decía al vendedor.

Tres meses después, el basurero junto a su escritorio acumula tres cajas vacías.

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REDES SIN CONTROL

El comercio de fármacos no solo atrae a adultos, también alcanza a los menores de edad. D tiene 15 años, cursa segundo medio en un colegio particular subvencionado de Lo Barnechea y recuerda con precisión la primera vez que alguien le ofreció un ansiolítico, en septiembre de 2024.

—Fue en el baño, a la hora del almuerzo. Un compañero me dijo si quería probar, que me iba a relajar altiro. Me pasó media pastilla y me dijo que era alprazolam.

D lo guardó en su mochila y apenas llegó a su casa, encerrado en su pieza, decidió tomarlo. 

—Todo el ruido que traía del colegio se apagó de golpe. Desde entonces, compro a través de un grupo de WhatsApp que me agregaron mis compañeros. Ahí hay varios vendedores, así que repito al menos dos o tres veces a la semana la dosis.

El alprazolam es un ansiolítico usado para tratar trastornos de ansiedad y pánico. Al actuar sobre el sistema nervioso central, puede provocar somnolencia y dificultad para concentrarse. Su consumo prolongado puede generar dependencia y síntomas de abstinencia al suspenderlo. 

Jorge Cienfuegos, expresidente del Colegio de Químicos y Farmacéuticos, señala que el acceso y consumo de los adolescentes a este mercado ilegal es una de las caras invisibles del problema. 

—Los jóvenes suelen tener menor percepción del riesgo. Por ende, meterse un comprimido o algo para adentro lo ven como normal, no lo ven como algo que podría ser potencialmente tóxico.

El riesgo, advierte Cienfuegos, no se limita a que el medicamento sea falso. Incluso cuando se trata de un producto real y no vencido, su uso sin supervisión médica puede tener consecuencias graves.

—Está el riesgo de que genere efectos tóxicos que puedan provocar daño y, en el peor de los casos, la muerte. Un medicamento real, pero mal tomado, puede ser suficiente para matar a alguien. Hay medicamentos que hoy se venden en redes sociales o ferias, que generan somnolencia o desmayos, e incluso pueden ser utilizados para cometer delitos graves como secuestros o violaciones.

El ISP ha señalado que la compra de psicotrópicos en mercados ilegales es de alto riesgo, ya que pueden ser falsificados o contener dosis distintas a las declaradas. Su uso sin control médico conlleva peligros como sedación excesiva, dependencia, pérdida de conciencia y, en casos graves, puede comprometer la vida de quien lo consume, especialmente cuando es utilizado con fines distintos a los terapéuticos.

D compra en el metro más cercano a su casa, Manquehue. Aprovecha los días viernes que sale antes del colegio y se va de inmediato a comprar. Es un viaje en micro de media hora, en el que le manda siempre el mismo mensaje a su mamá: “Voy a jugar FIFA a la casa de un amigo, vuelvo para tomar once”.

Vive con sus padres en La Ermita, un sector popular de Lo Barnechea. Es el menor de tres hermanos y pasa la mayor parte del tiempo solo, jugando en una vieja consola que heredó de su hermano mayor.

—Mis papás me dicen que no tengo mucho futuro, que no sirvo para estudiar. Cuando estoy mal, prefiero apagarme un rato —explica D.

Suele recibir la caja de alprazolam en una bolsa plástica y el vendedor le hace descuento si compra más de una: tres cajas por nueve mil pesos. Dice que sus padres nunca se han percatado de lo que consume, ni tampoco sus profesores en el colegio.

—Al principio me daba miedo, pero después te acostumbras. En los recreos algunos estudiantes intercambian pastillas como si fueran chicles.

Según el comisario Rodríguez, de la BRIDESMA, la ley penaliza solo la venta y no la compra, por lo que los clientes no enfrentan sanciones. Esa falta de castigo, asegura, es lo que permite que el mercado se mantenga activo. Respecto a la persecución de los vendedores, indica que identificarlos no es tan fácil como puede parecer, a pesar de que las ofertas en redes sociales son altamente visibles.

—Si entras a cualquier red social y buscas el medicamento que quieres, lo vas a encontrar. Existe una gran oferta con diferentes perfiles, en diferentes plataformas, y el gran desafío es poder descifrar quiénes son las personas que están detrás porque la mayoría usa seudónimos, nombres falsos u orientaciones falsas. También hay muchas que son estafas o personas que ofrecen medicamentos previo pago, y después ese medicamento no existe o no corresponde a lo que se está vendiendo. 

Según el comisario, aunque las publicaciones estén visibles no pueden actuar de inmediato, ya que la investigación debe ajustarse a un procedimiento penal y sanitario que involucra a varias instituciones.

—Como es un delito, trabajamos principalmente con una orden de investigar del Ministerio Público. La coordinación se hace principalmente con el Instituto de Salud Pública y las Seremis de Salud en las regiones. Cuando tenemos un caso relacionado con tráfico de medicamentos, debemos consultar al ISP, porque su procedimiento técnico nos entrega los indicios suficientes para poder configurar el delito.

La Ley 20.000, que regula las drogas y sustancias sujetas a control en Chile, también se aplica a los medicamentos distribuidos sin autorización. La norma establece sanciones que pueden ir desde multas millonarias hasta penas de cárcel, según la gravedad del caso. Aun así, hay vendedores que comparten públicamente en redes su calendario semanal de días, horarios y metros donde entregan. Una usuaria que vende losartán en Marketplace, un medicamento para la presión arterial, responde con el mismo mensaje a todos los interesados. Un texto breve y formal que podría pasar por el de una empresa:

Entrego en metro Lo Vial y San Miguel de lunes a viernes, después de las 19:30 y sábado y domingo horario a convenir.

Y mi esposo entrega en estas estaciones en estos horarios:

Metro San Joaquín: Miércoles 13:20 hrs. Martes y jueves 13:30 y 18:15 hrs

Metro Baquedano: Martes y jueves 12:45 hrs. Miércoles 13:00 hrs

Metro Manquehue: Lunes y miércoles 20:00 hrs. Martes y jueves 12:00 hrs.

Cuando se le pregunta por el origen de los medicamentos, no duda en responder:

—Me las pasó el papá de mi hija. Anda en negocios truchos, pero están buenas. Me dijo que las vendiera para hacer plata.

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EL ALIVIO Y EL RIESGO

En Renca, un refrigerador viejo guarda tres frascos con etiquetas distintas. Son de L, un hombre de 85 años que también compra sus medicamentos por Facebook. L tiene diabetes tipo 2, y hace cuatro años perdió los dedos del pie derecho debido a la falta de cuidado en su tratamiento. Depende de la insulina para mantenerse estable, pero asegura que conseguirla en el consultorio se volvió casi imposible.

—A veces me daban menos dosis de las que necesito, otras me hacían esperar más de tres horas para atenderme —cuenta.

A causa de la enfermedad arterial periférica que padece —una obstrucción de los vasos sanguíneos provocada por la misma diabetes—, un equipo médico debió implantarle una vena plástica en la pierna para restablecer la circulación. Por esto, caminar distancias largas se le hace muy difícil. Trasladarse de un centro médico a otro dejó de ser una opción y por eso, dice, hace ocho meses comenzó a comprar sus medicamentos a través de Facebook.

—Le escribí a una señora que vendía insulina por el grupo “Recetas médicas, cheque y otros (CHILE)”. Le pregunté si estaban vencidas, me dijo que eran del hospital y que vencían en 2026. A las dos horas ya me estaba insistiendo con mensajes: “¿Va a querer o no?”, “¿Le guardo las cuatro?”.

Compra cada frasco a siete mil pesos y dice que lo va a seguir haciendo. En el mercado legal, el precio de la insulina varía según el tipo y la marca: algunas presentaciones de insulina de acción prolongada pueden superar los 25 mil pesos por frasco, y llega hasta los 60 mil pesos en farmacias de retail

En 2025, una investigación liderada por la Fiscalía Regional de Ñuble, junto a la PDI y el ISP, permitió desarticular una red ilegal de venta de medicamentos. El operativo incluyó allanamientos en las regiones Metropolitana, Ñuble y Bíobío, 50 toneladas de fármacos incautados y veinte personas detenidas, que fueron formalizadas por asociación ilícita, tráfico de drogas y comercio ilegal de medicamentos.

—Los municipios y las policías realizan un mayor número de decomisos, que luego llegan al Instituto de Salud Pública para su categorización, clasificación y conteo, por lo que aumentan finalmente el número de dosis incautadas —explica Sebastián Riquelme, jefe de Control de Comercio Nacional del ISP—. El Estado ha impulsado la planificación para el control del mercado ilícito de medicamentos, con acciones coordinadas entre los organismos encargados de la seguridad y la salud pública. 

Los inspectores del ISP, cuenta Riquelme, toman contacto directo con los administradores de los perfiles en redes sociales, para solicitar la baja inmediata de cualquier publicación que promocione la venta ilegal de medicamentos. Cuando no es posible identificar a los responsables o no existe información suficiente para avanzar en la fiscalización, el caso se deriva a otro organismo.

—En caso contrario, se procede a denunciar ante el Ministerio Público cualquier acto que genere un perjuicio a la salud de la población, para que esto sea investigado a través de las policías.

En su casa en Renca, L cuenta que intenta no pensar en los riesgos a su salud, solo en mantener su azúcar controlada. Sin la cadena de frío adecuada, la insulina puede perder efectividad en pocas horas, poniendo en riesgo la vida del paciente. Abre su refrigerador: entre verduras y botellas de agua guarda tres frascos con etiquetas distintas. Los observa un instante, como si fueran relojes marcando una cuenta regresiva.

Con el paso del tiempo, además de comprar su insulina, se empezó a dar cuenta de que era muy fácil ganar dinero vendiendo él también medicamentos por redes sociales. Cuenta que su nieta está en un tratamiento psiquiátrico y que a veces le entregan más cajas de fluoxetina de las que necesita.

—Cuando sobran, las vendo. No creo que sea algo malo, tal como a mí me ayuda comprar por redes sociales, espero ayudar a alguien más —explica L.

Hace una pausa y luego agrega que, desde hace tres meses, le vende a una joven que le escribió que necesitaba fluoxetina urgente. Se pone su mascarilla, chaqueta negra y la espera en el metro afirmado de su bastón.

La joven se llama V y vive en Lo Prado.

 


 

Este artículo fue realizado en el curso Taller de Reportajes Interpretativos, del profesor Nicolás Alonso, y editado por V240.

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