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Punta de Parra, el día después del infierno
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Punta de Parra, el día después del infierno

Tras el incendio que consumió casi la totalidad de Punta de Parra, el balneario al norte de Concepción se transformó en un campo en ruinas. En medio de ese paisaje, Patricia Beroíza vuelve al terreno donde vivió 42 años y reconstruye, entre restos calcinados, la noche en que el fuego se llevó su casa, su barrio y parte de su historia.

Texto e imágenes: Jesús Martínez

21 de Enero de 2026

Punta de Parra, Tomé. En el terreno de la familia Beroíza residían siete personas. Eran dos casas: en una vivía Patricia con su marido y su hijo; en la otra, su mamá, su hermana, su cuñado y su sobrino.

Fue la noche del sábado cuando comenzaron a ver cómo el fuego asomaba desde la playa. Patricia cuenta que fueron al baño y, al mirar nuevamente hacia afuera, las llamas ya estaban rodeando Punta de Parra.

Hoy, la calma que recorre las calles del pueblo es engañosa. Lo que hay y lo que se escucha es desolación. Hasta hace unos días, Punta de Parra, al norte de Concepción, era un balneario. Ahora es un paisaje de cenizas y escombros que revela la magnitud de la tragedia: el fuego devoró casi toda la localidad. Hubo, al menos, un fallecido y decenas de lesionados.

Entre los restos aún humeantes, el desastre es total. Más de 250 viviendas han desaparecido, dejando a cientos de familias sin más pertenencias que la ropa que llevaban puesta al huir.

Antes de que el fuego llegara al terreno familiar, Patricia alcanzó a evacuar a su hijo, de seis años. Cuando las llamas se acercaron definitivamente, todos huyeron. Todos, menos su cuñado. No quiso abandonar la casa. Allí estaban los años de trabajo, los recuerdos y la vida completa. Bajó hasta la cancha de tierra que separa su propiedad de otras viviendas y desde ese punto observó cómo el fuego consumía ambas casas.

Logró llamar a Patricia cuando regresó la señal telefónica.

—Se quemó la casa, Paty —le dijo.

Al escucharlo, ella sintió un nudo en el estómago.

Había vivido sus 42 años ahí. Nacida y criada en Punta de Parra, fue el lugar donde vio crecer a su familia y a su hijo. En la última Navidad le había regalado un Lego de Minecraft. Otros familiares le habían regalado zapatillas deportivas.

Cuando regresaron con el niño a la casa, ya destruida, él solo preguntó:

—¿Y no quedó ningún lego ni ninguna zapatilla, mamá?

La Escuela Punta de Parra, la única del sector, también resultó completamente quemada.

—Ahora tampoco tengo colegio al que ir —le dijo su hijo a Patricia Beroíza.

Mientras ella relata el desastre, sus familiares recogen lo que quedó de ambas casas: latas y madera calcinada, algunas herramientas, la bicicleta quemada de su hijo y un juego de loza.

Junto a ellos está la sobrina de Patricia, que había llegado desde Viña del Mar de vacaciones cuando el incendio se desencadenó. Ella no quiso que los canales de televisión la entrevistaran, porque su mamá podría ver el estado en que quedó la casa. Su madre tiene 80 años y, mientras el incendio consumía Punta de Parra, se encontraba hospitalizada.

—Hija, échale agua a la casa, a las plantas, no importa que paguemos más agua —le decía por teléfono la madre de Patricia cuando vio por televisión lo que les pasaba a sus vecinos. No tenía idea de que su hogar ya había sido alcanzado por el fuego.

Patricia tenía otros familiares en Punta de Parra. De su primo Lorenzo recibió una noticia aún peor:

—Solo encontraron sus huesitos, se habían calcinado.

A pesar de todo, Patricia se muestra optimista. Está segura de que lograrán salir adelante. Entre todos los vecinos se han unido para levantarse. Muchas personas llegaron desde otros lugares para entregarles insumos básicos, ofrecer ayuda para despejar escombros y darles la fuerza que necesitan.

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