El privilegio de preservar: La brecha de género en la fertilidad de pacientes con cáncer
Aunque el GES garantiza a los hombres con cáncer testicular la congelación gratuita de espermios, las mujeres que enfrentan tratamientos oncológicos deben costear por su cuenta la preservación de su fertilidad. Datos obtenidos por Ley de Transparencia y testimonios de pacientes revelan una brecha de acceso en pleno auge de la medicina reproductiva.
Por Florencia Plá
15 de Julio de 2026
En lo alto del clóset, dentro de una caja blanca, Diego Carrillo y Alexandra Badilla guardan lo que llaman “el sueño de ser padres”. Ella la baja con cuidado y la apoya sobre el escritorio. Al abrirla, se asoman frascos de hormonas, jeringas selladas, papeles con interconsultas, órdenes médicas dobladas, medicamentos y boletas que nunca quiso sumar.
Tras varios intentos fallidos por tener hijos, la pareja decidió iniciar un tratamiento de fertilización in vitro. Fue entonces cuando ambos se sometieron a una serie de exámenes y descubrieron que Diego padecía cáncer testicular. Antes de comenzar cualquier tratamiento oncológico que pudiera afectar su fertilidad, él decidió congelar sus espermatozoides a través del sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES).
En Chile, los hombres diagnosticados con cáncer testicular pueden conservar su fertilidad gracias a la cobertura del GES, que reconoce la criopreservación de espermios como parte del tratamiento integral. Esto les permite acceder de manera gratuita a la congelación de hasta tres muestras de semen y a su almacenamiento por un período de cinco años, según señala Abril Salinas, ginecóloga del Hospital San Borja de la Universidad de Chile, donde realizan este procedimiento.
Pero las mujeres que padecen un cáncer que puede afectar su capacidad reproductiva, como cáncer de mama, ovario o cervicouterino, deben financiar por completo los procedimientos para congelar sus óvulos. El costo puede alcanzar los cinco millones de pesos.
La criopreservación permite conservar células reproductivas a temperaturas cercanas a los –196 °C para su uso futuro. En los hombres consiste en la recolección y congelación de semen, un procedimiento rápido y poco invasivo. En las mujeres, en cambio, implica un tratamiento más complejo: estimulación hormonal durante cerca de 12 días y la posterior extracción de los óvulos.
En los hombres, la quimioterapia, la radioterapia o la extirpación de los testículos son capaces de dañar la producción de espermatozoides. En las mujeres, estos tratamientos pueden comprometer los ovocitos, alterar los niveles hormonales o afectar el funcionamiento de los ovarios.
Por esta razón, los pacientes que deciden preservar su fertilidad deben hacerlo en un plazo acotado, antes de iniciar los tratamientos oncológicos, ya que una vez comenzada la quimioterapia no hay certeza del impacto que tendrá en la capacidad reproductiva. Esta situación perjudica mayormente a las mujeres, que enfrentan la presión de iniciar cuanto antes su terapia contra el cáncer y, a la vez, reunir una alta suma de dinero en poco tiempo para congelar sus óvulos y así comenzar sus tratamientos.
Raúl Sánchez es doctor y académico de la Universidad de la Frontera, y sus principales líneas de investigación se han centrado en nuevas técnicas reproductivas. Cuenta que “la explicación más recurrente no apunta a un sesgo de género, sino a un desfase entre los avances médicos y la actualización de las políticas públicas”. Sostiene que la tecnología reproductiva ha evolucionado con rapidez, por lo que hoy permite procedimientos más seguros y efectivos, mientras que la regulación y la cobertura estatal quedaron estancadas en un modelo antiguo, pensado originalmente solo para la criopreservación masculina.
El Departamento de Cáncer del Ministerio de Salud (Minsal) confirma estos antecedentes y señala que, cuando la congelación de espermios fue incorporada al GES en 2004, cumplía con los criterios técnicos exigidos: carga de enfermedad, evidencia científica, costo-efectividad y factibilidad de implementación, ya que se trataba de un procedimiento estandarizado, de baja complejidad y menor costo.
No obstante, el sistema GES se revisa cada tres años, a la luz de los avances científicos y tecnológicos. Desde el Minsal explican que el acceso a la preservación de la fertilidad como parte integral de la atención oncológica es hoy un aspecto pertinente de ser reevaluado.
BENEFICIOS Y SOBRECARGAS
Diego y Alexandra llevan 17 años juntos y, desde su primer año de casados, esperan poder tener un hijo. Luego de la confirmación del cáncer testicular, en plena pandemia, Diego ingresó al GES y fue internado rápidamente en el Hospital Las Higueras de Talcahuano, donde le realizaron una extirpación para luego definir el tratamiento a seguir. Antes de esa intervención, usó el beneficio de congelar sus espermatozoides gratuitamente.
Luego de este proceso, la pareja esperó varios meses la llamada del hospital para comenzar la terapia de fertilización, pero nunca llegó. Finalmente, decidieron ingresar al sistema privado “nos endeudamos con la convicción de no renunciar a su proyecto de formar una familia”.
Según cifras de la Superintendencia de la Salud, obtenidas por Ley de Transparencia, entre 2007 y junio de 2025 se registraron 7.924 diagnósticos de cáncer testicular cubiertos por el GES. Sólo 889 pacientes congelaron sus espermatozoides antes de comenzar el tratamiento. Aunque el número de diagnósticos ha aumentado con el tiempo, llegando a 680 casos anuales, la cantidad de hombres que decide preservar su fertilidad se mantiene baja: entre 30 y 38 al año. En 2025, de hecho, solo se registraron cinco casos hasta junio.
La mayor cantidad de congelación de espermios se concentra en la Región Metropolitana, que reúne 88% del total. Le siguen Biobío, con 3,9% y Valparaíso, con 3,2%. En estas zonas se encuentran los centros especializados en fertilidad y reproducción, por lo que los pacientes de otras regiones deben trasladarse cuando requieren tratamientos de mayor complejidad.
Desde 2007, las técnicas para congelar espermios se han sofisticado rápidamente. Por ejemplo, el doctor Sánchez, en la Universidad de la Frontera, desarrolló el método Vitrisperm. Se trata de una técnica de congelación ultrarrápida de espermatozoides que evita la formación de cristales de hielo y reduce el daño celular. Gracias a ello, dice que entre 60% y 80% de las células vitrificadas mantiene su función, en contraste con cerca del 30% que alcanza la congelación lenta tradicional.
“Su acceso en Chile sigue siendo limitado, no así en España, ya que los medios necesarios para la vitrificación aún no están disponibles de forma comercial ni cuentan con certificación para su uso”, añade.
Desde 2020, sin embargo, la tendencia se desacelera: el promedio anual cae a entre 40 y 50 casos en la Región Metropolitana, con escasa variación en el resto del país. Aunque desde 2010 comienzan a registrarse casos en regiones como Valparaíso, Biobío, O’Higgins, Antofagasta, La Araucanía y Los Lagos, los volúmenes siguen siendo bajos, entre uno y siete casos al año.
El gráfico muestra que, con el paso de los años, los casos de cáncer testicular han aumentado, mientras que el uso del banco de espermios se mantiene bajo, pese a ser una prestación gratuita para pacientes GES.
Alexandra deja al descubierto otra desigualdad en el proceso. Aunque es Diego quien padece cáncer y presenta problemas en sus espermatozoides, es ella la que debe realizar los trámites y asumir la relación con el sistema de salud en reemplazo de él. “La mujer es la que tiene que ir a la matrona para que la ingresen y la deriven al programa de fertilidad”, explica.
En el comedor de su casa, Alexandra extiende las boletas que han guardado desde que decidieron optar por el sistema privado. Sumadas, alcanzan los cinco millones de pesos: exámenes, medicamentos, estimulación hormonal y controles médicos, para los tratamientos que sólo ella necesita.
“No teníamos otra opción”, dice Alexandra.
UNA CARRERA CONTRARRELOJ
Camila Vera tiene 35 años, vive en Valparaíso y en enero de 2025 fue diagnosticada con cáncer de mama. Tras recibir la noticia, su médico le habló principalmente de los costos del tratamiento oncológico.
“Él solo me hablaba de los presupuestos de los medicamentos del cáncer, que eran casi 60 millones de pesos. Me dijo que, por mi edad, si quería ser mamá podía congelar óvulos, y si no, al otro día me podía poner el catéter e iniciar la quimioterapia”, recuerda.
El diagnóstico abrió para Camila otra preocupación: la posibilidad de perder su fertilidad. Mientras debía decidir con rapidez dónde iniciar su tratamiento contra el cáncer, también tenía que encontrar un centro donde congelar sus óvulos en el menor tiempo posible. Sin embargo, dice que contaba con muy poca información sobre las alternativas disponibles.
El proceso de congelación de óvulos se extendió por dos meses, inicialmente por la búsqueda de un centro accesible y, posteriormente, por la negativa de su oncólogo a firmar la autorización, quien priorizó el inicio inmediato de la quimioterapia. Así, Camila perdió un ciclo y redujo sus posibilidades de preservar más óvulos.
Entre la desesperación, la presión y la ansiedad, llegó hasta una clínica en Viña del Mar, donde le cobraban cerca de seis millones de pesos, monto que Camila estaba dispuesta a pagar con tal de hacerlo lo antes posible.
Fue su hermana quien, tras buscar en internet, encontró otra alternativa: la Clínica de Reproducción Humana de la Universidad de Valparaíso (UV), donde existe un centro de oncofertilidad que permite realizar el tratamiento de forma gratuita. Con sorpresa y esperanza, acudieron para conocer más sobre el programa.
Este proyecto, fundado en 2021 y encabezado por el doctor Aníbal Scarella, es pionero en Chile y Latinoamérica y busca que mujeres de la Región de Valparaíso puedan acceder a este tratamiento subvencionado por la Gobernación Regional. “El programa ha logrado reducir la brecha, facilitando el acceso a tratamientos de mayor costo, como la criopreservación de óvulos. Desde su implementación, ha aumentado sustancialmente el número de mujeres que acceden a esta opción”, explica el especialista.
El programa de oncofertilidad de la Clínica de Reproducción Humana de la UV realiza procedimientos para preservar la fertilidad en pacientes oncológicos, como la criopreservación de óvulos, espermas y tejido ovárico. Entre las técnicas que se utilizan están la vitrificación de ovocitos, la congelación de espermios y la conservación de tejido ovárico, especialmente en niñas y mujeres jóvenes que aún no han iniciado su vida reproductiva.
Esto ha permitido que más de 100 pacientes puedan acceder a beneficios para preservar su fertilidad (congelación de óvulos, espermas o corteza ovárica) de manera gratuita, según el doctor Scarella. Para acceder a este beneficio es obligatorio ser residente de la Quinta Región y, en el caso de las mujeres, tener menos de 35 años y no presentar metástasis.
Pese a que Camila pudo congelar sus óvulos de manera gratuita, su experiencia refleja la falta de información que existe sobre estas alternativas. Sus médicos nunca le mencionaron la existencia del programa, dice.
“Fue súper emocionante y, a la vez, doloroso darme cuenta de que hay personas a las que no les interesa. ¿Cómo tan poca empatía? La clínica estaba al frente y ellos deberían saber esa información. Si no hubiese sido por mi hermana, lo habríamos tenido que hacer de forma particular con un gran esfuerzo”, cuenta.
Camila comenta también que el programa de oncofertilidad de la UV le entregó los insumos necesarios para el tratamiento, que consistía en inyecciones que debía administrarse desde el inicio de su período menstrual y durante un proceso de entre 10 y 12 días. Además, tanto el procedimiento como el acompañamiento psicológico posterior fueron costeados por el centro.
Posteriormente, el programa cubre por un año la mantención de los óvulos y, pasado ese plazo, la paciente debe pagar $170.000 anuales hasta decidir utilizarlos, contando con un período máximo de diez años. De acuerdo con Camila, el procedimiento fue expedito, ya que solo estuvo un día hospitalizada y las inyecciones se las aplicó de manera autónoma en su hogar.
Desde el Departamento de Cáncer del Minsal señalan que las principales barreras que enfrentan las pacientes al momento de querer congelar sus óvulos son económicas, debido a los altos costos del procedimiento, por la limitada capacidad de centros especializados a lo largo del país y las dificultades para asegurar la gestión de conservación de tejidos a largo plazo. A esto se suman barreras éticas y legales, vinculadas a la regulación del uso de gametos, los derechos de las pacientes y el destino de los óvulos congelados en caso de no ser utilizados.
Meses después de iniciar su tratamiento, Camila recibió otra noticia difícil: “Hace poco pude confirmar que las drogas de la quimioterapia secaron por completo mis ovarios”.
Los tratamientos oncológicos pueden afectar directamente la fertilidad femenina, en especial cuando involucran órganos reproductivos. En algunos casos, incluso, pueden provocar una menopausia precoz.
Las cifras evidencian que una proporción significativa del cáncer de mama en mujeres ocurre en edad reproductiva (31 años en promedio), lo que incrementa el impacto de los tratamientos sobre su futura fertilidad.
En Chile, las pacientes pueden acceder a la congelación de óvulos dentro del sistema público, pero bajo modalidad de pago, lo que limita su acceso. Actualmente, el Hospital Clínico San Borja Arriarán y la Clínica de Reproducción Humana de la UV son los únicos centros públicos especializados en fertilidad que reciben pacientes derivados para procedimientos de criopreservación.
Según la doctora Abril Salinas, del Hospital San Borja, entre 2015 y 2025 se han realizado 41 tratamientos de preservación de óvulos en pacientes oncológicas. Por su parte, en la Clínica de Reproducción Humana de la UV 50 pacientes han congelado sus óvulos de manera gratuita, de acuerdo con el doctor Scarella.
Durante el tratamiento, Camila recibió también apoyo psicológico para enfrentar el impacto emocional del diagnóstico y de la decisión de congelar sus óvulos. “Yo, en el fondo, estaba perdiendo mi capacidad de ser mamá”, dice hoy.
LOS LÍMITES DEL SISTEMA
Después de tres años sin avances en la lista de espera del sistema público, Diego y Alexandra decidieron continuar su tratamiento de fertilidad de manera particular y realizaron la fertilización in vitro por su cuenta. “Nos endeudamos para tener una oportunidad”, dice Alexandra. Ambos coinciden en que el sistema público no les dejó otra alternativa y que su deseo de ser padres sigue intacto. A pesar de que el primer intento resultó negativo, la pareja mantiene congelados los espermios gracias al GES.
En junio de 2024, un grupo de diputadas presentó una resolución ante la Cámara de Diputadas y Diputados para solicitar la incorporación de tratamientos de preservación de la fertilidad femenina al Régimen de Garantías Explícitas en Salud (GES-AUGE).
Actualmente, Camila y su hermana comparten su experiencia con otras mujeres, orientando a pacientes. Para ellas, visibilizar esta realidad es clave para que otras mujeres no enfrenten solas un proceso que ambas resumen en una frase: “Cada día sin información es un ciclo perdido, y cada ciclo perdido es una oportunidad menos de ser madre en el futuro”.
Como resume el doctor Scarella, “probablemente esto se debe al desconocimiento del impacto de los tratamientos oncológicos en la fertilidad femenina, al costo asociado y a la complejidad del proceso. En el caso de los hombres, la cobertura del GES solo incluye el cáncer testicular, pero no en otros que también pueden afectar la fertilidad masculina. Claramente es una brecha a subsanar”.
Desde el Departamento de Cáncer del Ministerio de Salud señalan que el proceso de evaluación del GES 2025–2028 ya está concluido y formalizado, y que entró en vigencia el 1 de diciembre de 2025, por lo que la criopreservación de óvulos solo podrá evaluarse en el próximo ciclo de revisión.
Este reportaje fue realizado en el curso Digital III Periodismo de Datos, del profesor Matías Sánchez, y editado por V240.
Colaboración: Yaritza Barra y Felipe Muñoz
La ilustración de portada fue generada con IA
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