El señor de las máscaras

El actor Tomás O’Ryan creó hace 17 años un taller de máscaras, objetos escénicos y animales realistas. Hoy es uno de los más cotizados dentro y fuera del país. Sus trabajos son considerados obras de arte en sí y se han presentado en ballets, obras de teatros y hasta películas. Esto es O’Ryan Lab.

Por Bastián Molina

18 de Agosto de 2026

Tomás O’Ryan sostiene con ambas manos la cabeza de un coyote. El animal parece vivo: tiene el pelaje desordenado, colmillos y una mirada fija. Solo al acercarse se descubren las costuras del artificio. Está hecho con pelo sintético y un termoplástico que apenas pesa.

A su lado, su hermana Josefina dibuja en un cartón lo que será el fémur del animal. Y en el fondo del taller, dos ayudantes pintan y terminan los detalles de las patas. No sobra el tiempo. Están apurados. Deben entregar el coyote para una película mexicana que se graba en Chile.

O’Ryan hace una pausa. Busca en su celular una foto de un caballo hiperrealista que le encargaron para Wild Horse Nine, la película dirigida por el ganador del Oscar Martin McDonagh. Se filmó en la Isla de Pascua y, si fuera solo por la foto, se diría que el caballo es de carne y hueso.

En esta casa de Providencia, de murallas rojo claro, conviven decenas de rostros. Hay cabezas de animales colgadas en las paredes, prototipos de personajes, marionetas, herramientas, repisas con pinceles y moldes repartidos entre las mesas. Aquí funciona O’Ryan Lab, uno de los talleres más cotizados en Chile, donde se diseñan máscaras, títeres y objetos escénicos para compañías de teatro, ballet y producciones audiovisuales. Este lugar nació hace casi dos décadas como el proyecto personal de Tomás O’Ryan y, con el tiempo, terminó reuniendo a parte de su familia alrededor de un mismo oficio.

“Llevamos más de 17 años haciendo máscaras, efectos y distintos tipos de piezas. Todo fue creciendo de a poco, hasta que mis hermanas terminaron incorporándose al taller”, dice Tomás, director y fundador de O’Ryan Lab.

Hoy, la fama del trabajo de O’Ryan es reconocida en teatros y productoras de cine.

“Es espectacular, las terminaciones y la calidad de los personajes están súper logrados, el maquillaje es perfecto. Es algo que lo caracteriza al lograr que todo se vea tan realista, pero, a la vez, tierno”, dice Carlos Mora, jefe de taller del Teatro Municipal de Santiago, que usó las máscaras de O’Ryan Lab para el ballet La Cenicienta que se presentó durante mayo y junio.


Máscaras realizadas para el ballet La Cenicienta (Fotos del Teatro Municipal)


LA NECESIDAD DE CREAR

Josefina ya terminó de dibujar el cuerpo del coyote sobre la base de planos a escala real. Ahora, con sus manos, le da forma al torso con greda.

Los hermanos O’Ryan son cuatro. Natalia (44) estudió Química Farmacéutica y luego Diseño; Josefina (43), Diseño Gráfico; Álvaro (41), Periodismo; y Tomás (37), Actuación. Solo este último imaginó desde el principio una vida ligada al escenario. Sin embargo, actualmente todos, salvo Álvaro, trabajan en el laboratorio.

No fue casualidad. Crecieron en una casa donde el dibujo y la pintura formaban parte de la rutina. Su madre era profesora de arte; su padre, pintor. Además, su tatarabuelo era Alberto Valenzuela Llanos, uno de los grandes maestros de la pintura chilena.

“Nuestra casa siempre fue como una escuela de arte. Mi mamá nos hacía clases de figura humana con otros alumnos, yo tenía como 10 años y hacíamos bocetos. Nos enseñó muchas técnicas. Desde muy chicos aprendimos acuarela, batik, mosaico, carboncillo, óleo, dibujo a lápiz, pastel seco y plasticina”, recuerda Tomás.

El menor de los hermanos estudió Actuación en la escuela de teatro La Mancha. Allí, durante un examen del curso de Media Máscara, creó un trabajo replicando el rostro de su abuelo, pero decidió romper una regla: le agregó ojos, lo que no era común. “Las medias máscaras usan los ojos del actor, porque tienen mucha más vida y no mueren tan rápido en el escenario, y porque al moldear los ojos, la gente los hace mal. No se ven realistas, se ven muy artificiales”, explica Tomás.

Su profesor, el director de teatro Rodrigo Malbrán, pensó que era un error, pero el alumno aprobó. Con el tiempo, Malbrán no solo cambió de opinión, sino que lo llamó para fabricar 26 máscaras con características muy peculiares: un Jesús sin piel y con el cerebro expuesto, unas catrinas, gemelos de cuatro años con progeria y bufones, entre otros, todos para su obra Reventando la pelota, presentada en Matucana 100 en 2012. Ese encargo fue el punto de partida.

“Yo me di cuenta de que él tenía un talento único para hacer máscaras, que se podía convertir en un mascarero de gran nivel”, recuerda Rodrigo Malbrán.

No sería el último encargo que le haría. Luego le pidió máscaras para una obra llamada Con Empatía, estrenada en 2023 en el Teatro Nescafé de las Artes y siguió con La Giornata que, durante mayo, se presentó en el Centro de Artes Aéreas.

“La experiencia con Tomás O’Ryan siempre ha sido de gratitud, de respeto y de admiración recíproca”, agrega Malbrán.

Entre medio, O’Ryan tomó un curso con Natasha Belova, una marionetista belgo-rusa que vino a Chile a hacer un taller de creación de máscaras. Años después creó O’Ryan Lab.

Su hermana Natalia dice que, desde niña, siempre tuvo un gran acercamiento a las máquinas de coser y tejer a crochet. Ella misma hacía su ropa y la de sus hermanos. Incluso, de adulta, confeccionó un vestido de novia para una amiga. De las dos carreras que estudió, no terminó ninguna. Explica que no le gustaba la estructura de la academia.

“Mi forma de ver el mundo siempre trata de acercarse un poco, como a reventar algo y llevarlo hasta el final. Yo me obsesiono con las cosas y no las suelto hasta que considero que están listas… pero nunca lo están”, dice Natalia.

Un día, Tomás tenía demasiado trabajo que entregar y debía confeccionar unas marionetas. Como él no sabe sobre textilería, le pidió ayuda a Natalia. “Él estaba atrasado con una pega y lo ayudé con la ropa. No dormimos. Me quedé toda la noche cosiendo”, recuerda Natalia. Desde entonces, se quedó trabajando junto a su hermano en O’Ryan Lab.

Josefina O’Ryan cuenta que su decisión de estudiar Diseño Gráfico era escapar del arte. Quería una profesión que fuera rentable. Pero el arte la terminó encontrando igual. “Me acuerdo de que Josefina siempre se fijaba (en objetos) y quería sacar fotos, el paisaje de la ciudad y las pinturas que nacen como de una necesidad artesanal de las personas de promocionar algo”, señala Tomás mientras esculpe la cabeza del coyote.

En 2021, Josefina decidió unirse a sus hermanos en el taller, mientras en paralelo se dedicaba a la pintura. Una de sus exposiciones más famosas fue cuando hizo cuadros de comida típica chilena, especialmente completos.



En medio del taller, hay un altar sobre una manta roja donde hay monedas, un Furby, unas flores rosadas, algunos santos y, en el centro, una ilustración de una mujer de pelo largo y mejillas rojas por el frío. Tiene un abrigo color café y de fondo cae nieve.

Durante años el taller respondió a encargos ajenos. Pero en 2025, los hermanos decidieron hacer lo contrario: llevar al teatro una historia que los inspirara. La mujer del altar es Ada Blackjack, una joven iñupiat que sobrevivió dos años en el Ártico sola con su gata.

“Nació como la necesidad de hacer algo propio, porque ya teníamos toda la experiencia de poder hacer marionetas y máscaras muy bacanes, entonces dijimos: ‘Bueno, hagamos algo nuestro, que no tenga límites’”, dice Tomás.

Por eso el altar. Cada día, durante ocho meses, le encendieron una vela mientras preparaban la postulación al Fondart. “Ada fue una batalla. Nos leímos todo lo que teníamos que leer, estudiamos todo lo que teníamos que estudiar, para poder hacer una postulación que fuera lo más perfecta posible, para poder ganarnos el fondo”, recuerdan.

Finalmente obtuvieron el financiamiento y estrenaron ADA, una obra que fusiona marionetas, máscaras y música en vivo. La presentaron en el Teatro Viaje Inmóvil. Hoy siguen con funciones: en agosto se presentarán en el Festival Internacional de Teatro Familiar en el Centro Cultural Ceina.


ADA fue estrenada en el Teatro Viaje Inmóvil.


CONTACTO EN FRANCIA

Faltan los últimos detalles del coyote. El animal está a escala real y deben rellenarlo con espuma de poliuretano para que sea más liviano y fácil de mover.

El reconocimiento más inesperado para los hermanos O’Ryan llegó desde Europa. El 19 de agosto de 2024, mientras se presentaba la obra Moonrise junto al Ballet Nacional Chileno, el coreógrafo sueco Pontus Lidberg conoció el trabajo del taller y quedó sorprendido con las máscaras que usó el elenco. Entonces conversó con Tomás, le propuso trabajar juntos en el futuro y un año después cumplió su promesa: invitó a los hermanos a diseñar las máscaras de los personajes de La Bella Durmiente para la Ópera de Niza.

“Él es el mejor. He trabajado con máscaras durante toda mi carrera y Tomás es realmente uno de los mejores creadores que he conocido. Tuve una experiencia increíble con él en Santiago y quería seguir trabajando con ellos”, dice el coreógrafo sueco desde Francia.

Durante casi un mes Tomás y Natalia trabajaron en La Diacosmie, en la Costa Azul, el gigantesco complejo donde se construye la escenografía de la ópera francesa, para realizar 27 máscaras y enseñar a más artistas las técnicas para fabricarlas. “Era un taller enorme. Tenía el tamaño de tres canchas de fútbol, en un edificio de tres pisos”, recuerda Tomás.

Pontus Lidberg añade que las máscaras de los O’Ryan “no solo son hermosas, sino que también están diseñadas para que los actores y bailarines puedan hacer muchas cosas con ellas. No te limitan los movimientos. Son muy útiles. Cada máscara es una obra de imaginación y arte”.

Pese a que en Niza tuvo peste Cristal, logró cumplir con los plazos junto a Natalia y entregaron el trabajo a tiempo y Lidberg quedó más que satisfecho. “Trabajar con O’Ryan Lab es simplemente un sueño. Son tan profesionales, tan generosos y tan excelentes en lo que hacen”, dice.

Para los O’Ryan también fue una gran experiencia. “Estamos contentos, porque no sabemos qué nos va a traer a futuro. Uno nunca calcula quién ve lo que hicimos. Cada pega origina cosas. De hecho, con La Cenicienta, que se presentó este año en el Municipal de Santiago, estamos inundados de trabajo”, comenta Tomás O’Ryan.

De hecho, hace unos días recibieron otra solicitud internacional. Les pidieron diseñar las máscaras para el ballet Cascanueces, que el Master Ballet Academy realizará en Arizona, Estados Unidos, durante diciembre. Los hermanos estarán allá durante 21 días.

El cuerpo del coyote ya está listo. Ahora tienen que pegarle el pelaje con un adhesivo de carpintería. El pelo es real. Está reciclado de abrigos de piel de animal. Ese detalle hará que la bestia tenga el realismo que buscan. Solo entonces lo entregarán.

“Me pasa que tiendo mucho a buscar que la gente, cuando vea el resultado de lo que hacemos, tenga una sensación de que lo que está viendo es bello. Nos interesa mucho la belleza, aunque sea un personaje horrible”, dice Tomás.


Josefina y Tomás O'Ryan en el taller.

Josefina y Tomás O'Ryan en el taller.

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