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Santa Augusta: el vecino incómodo de Quintay
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Santa Augusta: el vecino incómodo de Quintay

El exclusivo condominio está lleno de acusaciones por parte de los habitantes de la localidad costera. El más importante: ser causante de la falta de agua que los afecta.

Por Francisca Carriel y Jorge Monge

28 Julio 2020

Conseguir agua en Quintay es una tarea ardua. La localidad costera de Valparaíso ha sido testigo por más de un año de cómo las condiciones del recurso hídrico se han visto alteradas de forma radical y preocupante. Según el Comité de Agua Potable Rural (APR), entidad encargada de administrar el suministro, el agua de la zona se encuentra en perfectas condiciones. Sin embargo, los vecinos ven que su calidad es opuesta a lo asegurado por el comité: presenta un sospechoso color café, destiñe la ropa y ha enfermado a miembros de la comunidad. 

Y con la actual pandemia, el panorama no mejora. La principal recomendación de la autoridad sanitaria ha sido el constante lavado de manos, pero esto es derechamente imposible para los habitantes de Quintay. Ante la incertidumbre de la calidad del recurso que llega a sus hogares, los vecinos se han visto en la necesidad de comprar agua embotellada, con la que se hidratan y asean. 

A lo anterior se suma otra encrucijada: las formas de abastecimiento. La municipalidad dispuso tres estanques ubicados en la plaza central de Quintay. Sin embargo, dicho sector se encuentra en una pendiente, lo que dificulta el acceso para los adultos mayores del sector, que deben recorrer kilómetros para llegar a los estanques y después devolverse a sus hogares con los pesados bidones. La presidenta de la Junta de Vecinos, Naomi Porras, afirma haber visto cómo distintas madres llegan a la plaza a buscar agua con sus bebés en coche y deben regresar con ellos en brazos para así poder transportar el líquido.

A esto se suma el reclamo de los habitantes de Quintay por la baja calidad del agua que reciben, situación que alegan no ha sido debidamente fiscalizada por el APR ni por la Seremi de Salud Regional. Por ello, la Junta de Vecinos realizó un análisis independiente sobre el flujo del agua, el cual arrojó que distintos niveles químicos superan hasta en un 300% el máximo legal estipulado por los organismos de salud. Casi tres veces el máximo de hierro, y más del doble de manganeso, nitratos, sólidos disueltos, entre otros químicos, son parte de las conclusiones del análisis realizado ante la visible contaminación en el agua que llegaba a los hogares de la comuna. 

Según el análisis realizado, si estos químicos se ingieren de forma recurrente e indiscriminada, pueden afectar el sistema nervioso, generando alteraciones motoras, enfermedades de origen cardiovascular e incluso la muerte. Además, Porras afirma que los encargados de los estanques retiraron los filtros de carbono activo y los reemplazaron con cuarzo, elemento que no cumple con la función de colar los componentes que presenta el agua, siendo este el posible causante del habitual desperfecto de estos depósitos de agua, que solo lograron funcionar correctamente seis meses.

Pero la escasez del recurso natural no es un tema nuevo en Quintay y varios vecinos miran con recelo el despliegue hídrico del mayor complejo turístico de la zona, que llegó en 1994 a irrumpir con sus instalaciones. 

 

El factor Santa Augusta

Para hacer funcionar las múltiples piscinas y las 57 hectáreas de canchas de golf, el confominio Santa Augusta necesita enormes cantidades de agua. Según comentó a la revista Capital su gerente general, Rotui Tehei, el condominio tiene acceso permanente a 60 litros por segundo durante todo el año de manera ininterrumpida. Esta cantidad se contrapone a los 6 litros por segundo que tiene designado el Comité de Agua Potable de Quintay, cantidad que debe ser administrada a más de 1.144 personas, quienes reciben el líquido desde sus casas con un sospechoso color café, teniendo que salir en busca  de agua a los estanques ubicados en la plaza de la localidad.  

Y las quejas contra el exclusivo resort, suman y siguen. Según denuncia la junta de vecinos del sector, en 2016 indagaron la desembocadura del estero El Jote, el principal caudal del sector, encontrando una serie de tuberías de PVC que llevarían más agua de la reglamentada al lujoso condominio.   

Hace más de una década la comuna presenta un déficit hídrico provocado, en parte, por los efectos del calentamiento global que azota a gran parte de la zona central del país. El recurso de protección presentado por los vecinos denuncia “la inexistencia de control sobre el consumo de agua del estero El Jote (principal abastecedor del recurso natural de la comuna) por parte el Condominio Santa Augusta”, lugar con 350 casas edificadas y con la posibilidad de construir tres mil viviendas más, además de contar con una cancha de golf que necesita aproximadamente, entre 24 y 35 litros de agua por segundo para su mantención.

La idea del lujoso complejo turístico nace en 1994. En sus más de 726 hectáreas los visitantes podrían encontrar “todas las comodidades, tecnología de punta y la satisfacción de las inquietudes culturales y de recreación, en medio de uno de los paisajes más hermosos de la zona central de Chile”. Sin embargo, llevar a la realidad este magno proyecto significaba invertir cerca de 60 millones de dólares. Es por esto que, en menos de dos años de conformada la sociedad anónima, septuplicaron el capital inicial para llevar a cabo la construcción del colosal resort. 

Pero a pesar de la importante inversión, la inestabilidad siempre rondó Santa Augusta. Trece años después de iniciado el proyecto, los nueve socios decidieron venderlo. Marcos Kaplún, director de la firma Kayco International Group -consultora inmobiliaria encargada de vender el complejo turístico- señaló que los inversionistas de Santa Augusta “se aburrieron de meter plata en este proyecto y por lo mismo decidieron vender. Este resort se suponía que iba a ser lo más top, pero no resultó”.

En 2010, la Inmobiliaria Club de Golf Santa Augusta solicitó la liberación del pago de patente municipal que le cobraban en Huchuraba, donde tenían una oficina, argumentando que en dicho recinto se realizaban actividades deportivas sin fines de lucro. Sin embargo, la Contraloría General de la República determinó que no cumplía con los requisitos para acogerse a la exención del pago, debido a que la naturaleza de la sociedad posee un carácter privado y por consiguiente presenta ánimo de lucro. 

Nueve años después, la Contraloría Regional de Valparaíso realizó una auditoría a la Dirección de Obras Municipales de Casablanca, encontrando que la ampliación realizada por Santa Augusta en 2016 sobrepasaba en más de 252% la densidad máxima contemplada en el plan territorial, construyendo 96 departamentos en un sector donde el límite permitido era, originalmente, 38. 

La municipalidad se excusó argumentando que cuando se modificó el Plan Regulador Metropolitano de Valparaíso, en 2014, este no hacía mención a la derogación de las normas vigentes hasta la fecha, mientras que el Director de Obras Municipales, Yuri Rodríguez, entendió que se mantenían vigentes los usos de suelo, lo que dejaría el resort “en regla”. Sin embargo, dentro de la normativa queda expresamente establecido que, si se implementaba un nuevo plan intercomunal, el anterior queda derogado. 

Nicole González, Ingeniera Civil en Obras Civiles, explica la importancia del cumplimiento del Plan Regulador, puesto que “si no se respetan estos planes reguladores, los impactos suelen volverse notorios y graves en la obtención de recursos naturales”. Para González, “la explotación se evita mediante los planes reguladores, y la correcta fiscalización por parte de la municipalidad permite prever las posibles consecuencias hidrológicas”. 

El municipio de Casablanca, además de cometer la omisión en la actualización del plan regulador, carece de una Unidad de Medioambiente, entidad encargada de velar por la protección ambiental comunal y que está presente en otras alcaldías. Esto se suma a la inexistencia de proyectos de agua potable y alcantarillado entre 2010 y 2013. La lista de falencias continúa: en el análisis del Plan de Desarrollo Ambiental, se evidencia que la municipalidad, en materias de sustentabilidad, no ha realizado estudios sobre el plan regulador y su impacto medioambiental debido a una declarada “falta de presupuesto”.

A esta seguidilla de irregularidades por parte del municipio, se agregan las acusaciones por parte de Contraloría en contra de la Dirección de Obras Municipales. El ente contralor  constató que los permisos de edificación, subdivisiones y loteos, los concedía la misma persona: el arquitecto Franco Marzal, quien también era el encargado de las visitas de inspección y fiscalización de las obras; acciones que deben ser realizadas por personas diferentes, con el fin evitar posibles conflictos de interés y velando, además, por el equilibrio de los poderes involucrados.

Pese al lapidario informe de Contraloría, tanto Yuri Rodríguez como Franco Marzaval siguen en los mismos puestos administrativos dentro del municipio. Tras intentar conocer la versión de la alcaldía, Vergara 240 no obtuvo respuesta por parte de la Municipalidad de Casablanca.

Estragos medioambientales

El panorama medioambiental de Quintay ha cambiado en los últimos años. Alyzon Valdés, geóloga, explica que la zona residencial del sector pasó de diez hectáreas en 1965, a más de 165 en 2014. Esto ha afectado directa y negativamente la vegetación de la zona. Ante la creciente demanda de agua, los esteros y embalses no se hacen suficientes para abastecer a toda la localidad. La magnitud de los proyectos inmobiliarios que se han gestado en ese periodo ha mermado el valor ecosistémico del lugar.

Las consecuencias en la biodiversidad ya se están notando. Santa Augusta, el complejo turístico más imponente de Quintay, ha sido un agente clave en el déficit que presenta el territorio costero. Parte del estero El Jote se sitúa dentro del resort y éste, al poseer derechos permanentes y continuos tanto de aguas superficiales como subterráneas, ha extraído indiscriminadamente el recurso para regar sus imponentes canchas de golf y diversas piscinas, causando un importante daño al ecosistema que rodea al estero, generando la pérdida casi total de la fauna autóctona del lugar, como la nutria marina, especie en peligro de extinción. 

Porras explica que algunos vecinos, los que en algún momento trabajaron en una planta de elevación de aguas servidas dentro del resort, le comentaron que cuando hicieron el pozo, el drenaje daba al estero El Jote, filtrándose a la napa subterránea y ocasionando el olor a excremento en el agua que llegaba a los hogares de los habitantes de Quintay.  

La municipalidad de Casablanca, en su último informe medioambiental, explica que el humedal donde termina el estero El Jote se encuentra con una significativa explotación de sus aguas debido al riego de la cancha de golf del complejo inmobiliario Santa Augusta. La presión del uso turístico y residencial ha generado la pérdida de la biodiversidad producto a la alteración del hábitat de las especies que lo habitaban, provocando la muerte masiva de aves costeras y otras especies típicas del sector.

A pesar del desalentador paisaje, la lucha de los habitantes para asegurar la obtención de un recurso digno ha dado algunos frutos. La Corte de Apelaciones de Valparaíso acogió el recurso de protección interpuesto por la Junta de Vecinos, y ordenó tanto a la municipalidad, como al APR y a la Seremi de Salud asegurar el abastecimiento de agua potable a la comunidad. Además, exigió al Comité de Agua Potable Rural que instale filtros para los estanques y que el organismo sea quien provea de agua apta para el consumo humano. 

La situación del agua ha llegado al punto que algunas vecinas que trabajan en Santa Augusta como asesoras del hogar, llevan su ropa a escondidas al recinto ya que es la única oportunidad que tienen para lavarla. Una medida desesperada, que se enfrenta al intenso riego que reciben las cincuenta y siete hectáreas de canchas de golf del condominio y que utiliza tres veces más agua que los novecientos habitantes de Quintay. Un escenario que muchos esperan cambiar tras el fallo de la Corte de Apelaciones, anhelando que alguna vez regrese la diversidad y abundancia que alguna vez caracterizó a su localidad.

 


*El texto fue modificado el 29 de julio de 2020 para agregar que el cobro de patente se realizó en la comuna de Huechuraba

Este texto fue desarrollado en el curso de Periodismo de Investigación, guiado por la profesora Paulina Toro.

Foto de Portada: Freepik – www.freepik.es

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