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Leonidas Panez Fierro, el alcoholismo no perdona
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Leonidas Panez Fierro, el alcoholismo no perdona

Dormía en una carpa ubicada en Alameda con Exposición, en Estación Central, pero visitaba regularmente a su exesposa y a sus hijos, en Peñaflor. Sus familiares recuerdan que era una persona alegre y jovial, a pesar del alcoholismo que arrastraba y que lo llevó a las calles. El 8 de noviembre de 2020 fue asesinado.

Por Valentina Sánchez y Rodrigo Verdejo

29 Enero 2021

El 6 de noviembre del 2020, el calor que azotaba las calles de la capital, no dio tregua. Ese viernes, Leonidas Vicente Panez Fierro (49) visitó a su exesposa Clara Silva (48) en su hogar en Peñaflor. Fue a saludarla, como nunca olvidó hacerlo, por su cumpleaños. Fue el último encuentro. Leonidas murió días después en Alameda con Exposición a causa de una herida cortopunzante torácica.

Clara cuenta que tuvo un mal presentimiento. Aunque Leonidas vivía en la calle, se contactaba de forma permanente. Desde su cumpleaños, había pasado pocas horas sin verlo, pero estaba intranquila. Le pidió a sus hijos Brandon y N.P.S. que comenzaran a llamar a hospitales para buscar información. No obtuvieron respuesta.

Brandon (21) resolvió el misterio sobre el paradero de su padre el lunes por la noche, cuando vio su nombre en la lista de las personas que habrían sido asesinadas por el imputado Diego Ruiz Restrepo. No quiso contarle a su mamá. Clara tenía una hora al médico el día siguiente y, para que no faltara, se quedó callado.

Pero Clara seguía preguntando por Leonidas. Recibía evasivas, sus hijos cambiaban de tema. Después de que concretó su visita médica, lo supo.

–Mamá, tengo que decirte algo.

Brandon le mostró su celular. En la pantalla, una nómina con las víctimas de homicidio atribuidas a un hombre colombiano de 30 años.

–Ahí yo me puse muy mal. Yo sabía, yo sabía. Nunca dudé de que a él le había pasado algo. Siempre lo supe –cuenta Clara.

***

Leonidas Vicente Panez era el mayor de tres hermanos.  Cuando tenía ocho años, su mamá falleció y su padre quedó a cargo de ellos. No pudo con la responsabilidad y los dejó en el Hogar San José de Talagante, donde los niños vivieron hasta que cada uno de ellos cumplió la mayoría de edad. 

Mientras cursaba tercero medio, en el ahora llamado Liceo Politécnico de Talagante, conoció a Clara, un año menor que él. Primero, se hicieron amigos y tiempo después, comenzaron a pololear. Al salir del colegio, Leonidas ingresó a la Escuela de Carabineros en 1992. Estuvo un año: pidió retirarse por los problemas con el alcohol, que recién comenzaban a insinuarse.

En ese periodo, se casó con Clara y tuvieron a su primera hija, Geraldine. Cinco años después nació Brandon, y en 2005, N.P.S., la más pequeña de la familia. 

Clara recuerda que durante sus años de pololeo, Leonidas no tomaba ni fumaba, pero que “en la Escuela de Carabineros, él cambió su forma de ser porque conoció el mundo”.

–Cuando salió del colegio se metió al tiro a Carabineros, entonces fue de un encierro a otro. Y ahí conoció muchas cosas que él no conocía estando en un hogar. Es muy diferente estar en una Escuela de Carabineros donde hay drogas, tragos, mujeres y tienen salidas.

Durante el primer embarazo de Clara, Leonidas “siempre estuvo ausente”. La relación que habían construido en la adolescencia se fue deteriorando en la medida en que el gusto por el alcohol de Leonidas iba en aumento de forma descontrolada. 

Siguieron juntos unos años. Los hijos crecían a la par con los problemas de pareja entre Clara y Leonidas. Él pasaba días embriagado, sin poder ponerse de pie. Ella le dio un ultimátum: o entraba a un centro de rehabilitación o se separaban. 

Clara cuenta que los demonios de Leonidas comenzaron a aflorar en ese lugar, cuando, en medio de las sesiones para tratar su adicción le preguntaban sobre su infancia.

–Él traía muchos problemas de atrás, porque estar encerrado en un hogar no es lo que uno piensa. Es (pasar) hambre, frío, pasar miseria, humillaciones, golpes y maltratos.

Finalmente, Leonidas desistió de continuar su tratamiento. 

La relación con Clara terminó en 2010, cuando decidieron por mutuo acuerdo separarse de palabra. Ella no sabía que ya llevaba un mes embarazada de su última hija, N.P.S. 

***

–¿Ustedes creen en lo paranormal? Porque el Vicente (Leonidas) está aquí –pregunta Paola apenas entramos a su casa en la comuna de Pedro Aguirre Cerda.

Es el miércoles 13 de enero cerca de las 11 de la mañana y Paola Correa abre las puertas de su hogar. Viste un pijama rosado de dos piezas y pantuflas negras. Su cabello es rubio y desaliñado.

Nos lleva a su dormitorio. Se ve ropa y zapatos tirados, la cama deshecha y tazas rotas en el piso. Según ella, Leonidas Vicente, o más bien su espíritu, arrojó todo eso al suelo. Hay que tener cuidado, advierte: Vicente, como lo llama, está con nosotros en ese momento.

En 2012, mientras trabajaba limpiando baños en el Parque O’Higgins, Paola conoció a Leonidas, quien era garzón en un restaurante del sector. Recuerda que la primera vez que se vieron él la molestó por su contextura delgada.  “Uy, va entrando la muerte”, le dijo. 

–Pensé: “Este loco culiao, ¿quién es?”. 

Leonidas le propuso pololeo dos años después y “le picó el bichito por irse a Cartagena. Íbamos por un fin de semana y nos quedamos tres años”. Así fue como en el litoral central ambos empezaron a trabajar como garzones. Paola administraba los sueldos.

Al terminar la temporada alta, Leonidas comenzó a trabajar en la construcción en la misma comuna y Paola se quedó en la casa que arrendaban haciendo las labores del hogar.

–Yo le preparaba su vianda y su mochila, porque ¡pobre que no comiera, se ponía idiota! Llegaba del trabajo y me mandaba a comprarle una caja de vino. Nos poníamos a pelear y yo intentaba que no me afectara y que él se tranquilizara. 

Nuevamente, el alcoholismo acechaba a Leonidas. 

A comienzos de 2017, se separaron por primera vez. Ella retornó sola a Santiago. Él la siguió y ese mismo año volvieron a estar juntos. Arrendaron una casa en El Carmelo, en Pedro Aguirre Cerda, cerca de donde hoy nos acompaña el fantasma de Leonidas.

–Ahí Vicente ya era otra persona. Se tomaba un vaso grande de alcohol al seco. 

Estuvieron juntos hasta febrero de 2018, cuando terminó su relación de manera definitiva. 

–Ni siquiera se podía dormir con él. Su aliento a alcohol era insoportable –recuerda Paola. Luego de eso, Leonidas volvió por un tiempo a la casa de su padre en El Monte. 

***

La estancia en la casa de su padre fue breve y Leonidas pasó a vivir a una pequeña habitación que su hija Geraldine le arrendó en la comuna de Quinta Normal. “Le buscamos una pieza chica, le hicimos un currículum y quedó trabajando de guardia en Estación Central. Ahí vivió como cuatro meses, hasta que dejó la casa botada”, cuenta Geraldine.

Según su expareja Paola, fue en 2019 cuando Leonidas comenzó a pernoctar en las calles de la capital o en el Hogar de Cristo de Estación Central. En julio del año pasado, comenzó a vivir en la calle definitivamente.

Cuando Paola supo de su situación, se reunió con él. 

–Estaba irreconocible, tenía una guata gigante y tenía tres pelotas por las hernias. Su dentadura estaba picada y con caries.

Se conmovió y lo recibió otra vez en su hogar.

Ahí, Vicente comenzó a tener filtraciones en sus hernias. “Era tanto que me asusté y lo llevé al Barros Luco. Él ya perdía la noción del tiempo. Me empezó a desconocer, y eso no era normal”, recuerda su expareja. 

A Leonidas lo operaron en 2019. Intervinieron quirúrgicamente en dos de las tres hernias que tenía. Se descartó hacerlo en una de ellas, porque estaba ubicada cerca de su corazón  y era de alto riesgo. Aun así, tuvo complicaciones y estuvo en la UCI y la UTI. Se escapó para volver a la casa de Paola, quien otra vez debió internarlo.

–De repente, se le iban las cabras pal’ cerro y empezaba con sus incoherencias por el trago.

Luego de sus hospitalizaciones, Leonidas empeoró mentalmente. Era notorio. Su exesposa, Clara, narra que hubo momentos en que Leonidas no reconocía ni a su propio hijo, Brandon. En ocasiones, no recordaba cosas que le habían dicho minutos atrás. Clara presume que podría haber tenido algún grado de Alzheimer. 

El 8 de noviembre, mientras Leonidas dormía con Pedro Bustamante, su compañero de carpa en Alameda con Exposición, fue atacado con un arma cortopunzante presuntamente por Diego Ruiz Restrepo, a quien se le imputan otros seis asesinatos, la mayoría realizados mientras las víctimas se encontraban durmiendo en la vía pública. 

A pesar de que Leonidas tenía una dirección registrada y portaba carnet de identidad, desde el Servicio Médico Legal, acusa Clara, no se comunicaron con ningún miembro de la familia para informarles sobre su muerte. 

Se enteraron cuando Brandon vio la lista de asesinados en un portal de noticias.

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