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La película que esperó 100 años para ser vista
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La película que esperó 100 años para ser vista

Durante más de un siglo, la primera cinta de animación chilena estuvo perdida. Apareció en 2023, en el fondo de una bodega en Providencia. El historiador Jaime Córdova dio con ella por casualidad. Este es el relato del hombre que, sin proponérselo, recuperó la cinta que marca el punto de partida de los dibujos animados en Chile.

Por Martín Ferrada Rojas

15 de Enero de 2026

Acto 1: EL TESORO

La vieja bodega estaba repleta de cajas, latas oxidadas y cachureos. En medio del desorden y la penumbra, Jaime Córdova tenía la mirada fija en una sola cosa: las películas. Frente a él había cerca de 300 cajas de rollos de nitrato, muchos dañados por décadas de polvo, humedad y cambios de temperatura. Todavía no sabía qué guardaban.

Era 28 de diciembre de 2022 y el lugar, ubicado al interior de un edificio de locales comerciales en Providencia, estaba pronto a ser demolido. Córdova, cinéfilo, académico e historiador del cine, había viajado desde Viña del Mar, donde vive, porque un amigo le había dado el dato: el dueño de la bodega necesitaba deshacerse de las cintas. Córdova vio la colección y no lo pensó demasiado. Decidió comprar todo el lote por un monto que prefiere no detallar. “Fue un valor casi simbólico”, recuerda.

Días después llegó en un vehículo y con un par de ayudantes para llevarse todo a Viña. Córdova lleva más de 45 años haciendo lo mismo. Desde niño, las películas lo obsesionaron. Relata que a los 5 años, cada vez que iba al cine con sus abuelos, se asomaba a la caseta a pedir algún fragmento de la cinta que proyectaban, esperando la buena voluntad del operador.

En la adolescencia aprendió a usar el proyector de cine y a manipular correctamente las cintas, instruido por un funcionario del propio teatro. A los 14 realizó su primer rescate: hurgó entre las latas que tenía un antiguo operador y encontró una película de los años 40 de El gordo y el flaco. No era una cinta perdida, pero la sensación de haber salvado esa copia del olvido se le quedó grabada para siempre.

Desde entonces, no dejó de buscar. Hoy, su colección personal supera el millar de películas y en sus búsquedas entre las bodegas, ferias y los datos de amigos ha recuperado películas de todo el mundo. Entre ellas, una copia casi completa de La gota escarlata, una película muda estadounidense de 1918, dirigida por John Ford, la que hasta el momento de su hallazgo en un almacén abandonado de Santiago, tenía dos tercios de su duración perdida.

“No sabría dar una respuesta racional y tampoco lógica de por qué hago lo que hago, simplemente sé que tengo que hacerlo”, dice.

Cuando llegó con las cajas a Viña, Córdova comenzó a revisarlas una por una. La primera que abrió fue una de las pocas que estaba etiquetada: “Dibujo Animado Alessandri”.

Quedó asombrado.

Antes de confirmar su contenido, Córdova ya intuía lo que tenía entre manos. Años de coleccionismo y rescate audiovisual le habían dado el olfato suficiente para presentir lo que escondía esa lata.

Pese a su impaciencia, la abrió con cuidado. Sabía que cualquier daño podría hacer que el nitrato se deshiciera, o una chispa del roce entre la tapa y la lata oxidada podría prenderle fuego. “La abrí y efectivamente era La Transmisión del Mando Supremo. No traía los créditos, pero evidentemente era el dibujo animado mudo que venía teñido con algunos colores”.

Luego de más de 100 años perdido, el primer eslabón de la animación chilena había sido encontrado.

Acto 2: EL ORIGEN

Alfredo Serey era un personaje enigmático. Todavía lo es. Hay pocos detalles de su vida, muchos menos de su trabajo anterior a la película, y lo poco que se sabe ha sido documentado en algunos libros, como Historia del cine chileno: 1902-1966, de Mario Godoy; Diccionario del cine iberoamericano, de Jorge Montealegre y Animación, la magia en movimiento, de Vivienne Barry.

Durante siete meses, Serey, caricaturista de Las Últimas Noticias, ilustró alrededor de 24.000 dibujos que completaron casi 200 metros de cinta, con una duración cercana a los cinco minutos. Lo hacía entre el despacho de su casa y las oficinas del diario. La película en la que trabajaba era La Transmisión del Mando Supremo.

Serey era reconocido por sus críticas ácidas y la mirada punzante hacia la política nacional, las cuales ilustraba tanto en las portadas como en las páginas interiores del diario.

No existe registro de cuántos años trabajó allí, lo que sí se sabe es que no fueron pocos. Los suficientes para que, con el tiempo, el ilustrador sintiera que su trabajo aspiraba a más. Así, a finales de 1920 y en paralelo con su labor en el diario, empezó a desarrollar el metraje.

Similar a las primeras animaciones de Mickey Mouse, la película brilla por su calidad artesanal. Muda, pero con globos de diálogo acompañando a los textos en pantalla completa, el filme se asemeja más a una historieta en movimiento que a las animaciones profesionales que ya se hacían en los grandes estudios estadounidenses. Sus fondos vacíos contrastan con el negro profundo de los personajes que apenas se mueven.

En su historia, alejado de las aventuras y desventuras clásicas, Serey eligió retratar la actualidad nacional con una recreación de la ceremonia de cambio de mando presidencial de Juan Luis Sanfuentes a Arturo Alessandri Palma. Versiones exageradas de los políticos de la época protagonizan la obra, mientras se retrata la situación social y la corrupción en el Estado. Fue una sátira de lo que vivía el país en esos años.

Producida por la National Films de Santiago, Nicolás Martínez Esquerro fue el encargado de fotografiar y ensamblar los miles de cuadros que componen la película. Aunque no queda claro si su trabajo fue puramente técnico, Serey le otorgó la co-dirección del corto.

La cinta se estrenó junto a dos películas de Charles Chaplin en el Teatro Central de Concepción, el 25 de julio de 1921, para luego ser exhibida en dos oportunidades más en ese mismo teatro y ser trasladada en agosto hacia Santiago, donde luego caería en el olvido.

Según Las Últimas Noticias, el impacto fue tal, que hasta el mismo Alessandri invitó a la dupla de realizadores al Palacio de La Moneda para felicitarlos por el hito histórico.

Luego de La Transmisión del Mando Supremo, Chile estuvo casi veinte años sin mayores intentos de animación. Apenas un par de cortometrajes, hasta que en 1942 apareció el primer mediometraje animado, 15.000 dibujos. Más de la mitad de esa película está perdida actualmente.

Pese al éxito de su proyecto, Serey nunca volvió al cine ni a la animación. Después del estreno de la obra, se diplomó de electrotécnico en la Escuela de Artes y Oficios en 1923 y trabajó como jefe técnico en la fabricación de radios en el Ejército.

Sus intereses fueron varios. Participó en el estudio técnico para la construcción del ferrocarril metropolitano de Santiago, en la fundación del extinto Partido Social Republicano y fue editor de las revistas El Yunque y Medicina Homeopática, donde escribió varios textos.

Aunque se desconoce el año de su muerte ni qué edad tenía entonces, para cuando la animación chilena se popularizó en los años 70, Serey ya superaba los 85 años.

Con el tiempo, su obra, la primera en su tipo en Chile, pasó de mano en mano, se le perdió la pista y quedó en el olvido por más de un siglo, hasta que Córdova entró a la bodega y la encontró. Ahora, quedaba restaurarla.

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Foto de Alfredo Serey | Una crítica del filme aparecida en el diario La Nación | Teatro Central de Concepción donde se estrenó la película

Acto 3: SALIR A LA LUZ

Durante años, Marcelo Morales, actual director de la Cineteca Nacional y fundador de Cinechile, se sumergió entre los archivos disponibles en la Biblioteca Nacional en busca de cualquier indicio que pudiera reconstruir un poco más la historia del cine chileno. Fue entre el 2012 y el 2014 que, revisando ejemplares de Las Últimas Noticias de 1921, se topó con seis imágenes de La Transmisión del Mando Supremo que habían sido publicadas para promocionar el filme.

Morales las compartió en la página web de Cinechile. Esos fragmentos fueron el primer indicio de la película perdida y confirmaban su carácter cómico y satírico, con fotogramas como el del Presidente Alessandri llegando a las arcas fiscales vacías y llenas de telarañas o el de la “madre” democracia levantando al pueblo y al Presidente electo.

Antes de eso, solo se sabía que la película existía por la literatura que la mencionaba. Estas imágenes fueron clave para que, años después, la película fuera identificada por Jaime Córdova.

“Él me reconocía que gracias a esos fotogramas él había identificado la película cuando la vio. Le llamó la atención y como que le hizo clic: ‘Ah, esto yo lo he visto’, y ahí se dio cuenta de que era La Transmisión del Mando”, recuerda Morales.

Entre el descubrimiento de las imágenes hasta el hallazgo de Córdova, pasaron más de ocho años. Durante ese tiempo, Morales trabajó como encargado del archivo digital y documentación de la Cineteca Nacional de Chile y, en 2022, asumiría su dirección. Desde su ingreso, trabajó en incontables restauraciones y modernizaciones de películas. Pero cuando Córdova le llevó la cinta, supo que este sería un trabajo especial.

Según Córdova, el filme de nitrato estaba “impecable”, infinitamente mejor que los demás de su lote. Tan solo un par de pequeñas perforaciones, producto del desgaste del tiempo.

En Santiago, desde enero hasta marzo de 2023, Córdova y Morales realizaron el cuidadoso proceso de digitalización y recuperación en los laboratorios de la Cineteca, donde la cinta fue limpiada químicamente.

“En el caso de esta película, fue un milagro. Primero, que Jaime la encontrara, y el otro milagro fue que estaba en muy buenas condiciones, dado el tiempo que ha pasado; un siglo entero”, dice Morales.

Una vez lista, se estrenó el 16 de marzo del 2023 en el 17º aniversario de la Cineteca Nacional, donde Córdova recibió un reconocimiento por su aporte al cine chileno.

Más de un mes después, el 26 de mayo, entre las paredes de madera de uno de los auditorios del GAM, se realizó una conferencia para reestrenar el filme en gloria y majestad. La sala estaba a media capacidad, entre estudiantes de animación y algunos pocos realizadores. En la pantalla del escenario se leía el nombre del encuentro: “Rescatado de la basura”, una actividad del festival internacional de animación ChileMonos.

Luego de una breve introducción, las luces se apagaron y desde el fondo del auditorio se proyectó el corto. Al otro día, el evento se repitió en la Cineteca Nacional. El público aplaudió. Para la organización del festival, no solo era un estreno, era la celebración de los primeros 100 años de animación chilena.

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Jaime Córdova presentando La Transmisión del Mando, en la Cineteca Nacional.

Durante octubre de ese mismo año, fue exhibida en el Festival de Cine Recobrado, de Valparaíso, que el mismo Córdova dirige. La pieza ahora está resguardada en las bodegas especiales de la Cineteca y puede ser vista en su página web.

En el estudio de su casa en Viña del Mar, rodeado por cientos de cintas y DVD’s ordenados en grandes repisas blancas y a dos años de encontrar el corto, Jaime Córdova reflexiona con una sonrisa: “Uno no anda buscando eso, no anda buscando recompensas redituables ni nada por el estilo, simplemente yo hago el trabajo que siento que tengo que hacer, nada más (…). No me veo haciendo otra cosa con mi vida. Simplemente buscar, difundir, restaurar”.

 

 


 

Este artículo fue realizado en el curso Crónicas y Perfiles, del profesor Gazi Jalil F., y editado por V240.

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