Los choques de Javier Olivares

Años antes de la capa prusiana, las peleas en Olmué y las polémicas en redes sociales, el diputado Javier Olivares ya protagonizaba escenas que describen la personalidad que hoy exhibe en política, algunas de ellas hasta ahora desconocidas. Excompañeros de radio y TV, productores y cercanos a él reconstruyen para V240 su historia y su ascenso, marcado por los conflictos y su obsesión con el éxito.

Por Felipe Rivera y Bastián Molina

18 de Mayo de 2026

Corría la mañana del sábado 2 de abril de 2005 y Javier Olivares, entonces de 21 años, discutía a gritos con los guardias de la banda británica Placebo en el ascensor del segundo piso del edificio de Prisa Media, donde funcionaban distintas radios del holding, entre ellas la FM Hit, emisora en la que trabajaba. El grupo acababa de realizar su primer concierto en Chile la noche anterior y esa mañana tenían una presentación exclusiva en la Rock & Pop, del mismo conglomerado radial.

El equipo de la banda había impuesto medidas estrictas. Al estudio solo podían ingresar funcionarios autorizados de la radio, todos debían portar credenciales visibles y cualquier incumplimiento significaba cancelar la actividad. Brian Molko, vocalista del grupo, venía de una larga noche de fiesta y no quería cámaras, fotos ni gente ajena alrededor. Olivares no podía entrar.

“Brian venía carreteado y sin maquillaje. No quería fotos, no quería nada”, recuerda Jorge David, más conocido como “Dr. Zombie”, entonces productor general de la Rock & Pop.

Cuando David volvió al estudio se encontró con una escena que hoy describe como absurda. “Era Javier Olivares peleando con la seguridad sin hablar inglés. Era como ver a Tarzán discutiendo con ingleses”, cuenta.

Olivares quería una foto con Placebo. Pero el problema era que no trabajaba en la Rock & Pop y no tenía credencial para ingresar al estudio.

—No puedes entrar. El equipo pidió que solamente ingresara gente acreditada —le explicó David.

Entonces Olivares levantó el dedo índice y apuntó directo a su cara.

—¿Credencial? Esta es mi credencial. ¡Esta es mi credencial!

Ese es el mismo Javier Olivares que hoy, a sus 42 años, ocupa un escaño en la Cámara de Diputados por el Partido de la Gente. El mismo que se pasea por el Congreso con una capa prusiana idéntica a la que usaba Augusto Pinochet durante la dictadura y el mismo que recientemente se vio envuelto en una confusa riña en Olmué.

Pero esa personalidad, estridente e impulsiva, la viene construyendo desde mucho antes.


“Javier daba ese toque de juventud, desorden y locura propia de la edad. Llegaba muy bien al público”, recuerda Alfonso Romero, quien era director artístico de la FM Hit.


PERDÓN ANTES QUE PERMISO

Javier Ignacio Olivares Avendaño nació el 11 de octubre de 1983 y fue el primer hijo de la familia. Tiene una hermana menor, publicista. Su padre trabajó durante años en el rubro bancario y, según recuerdan cercanos, incluso después de dejar el área seguía asesorando a Javier sobre dónde invertir su dinero. Su madre, en tanto, se dedicó principalmente a las labores del hogar y nunca le gustó demasiado que su hijo se transformara en figura de televisión, como ha reconocido Olivares.

Pero, como a él mismo le gusta contar, comenzó desde muy niño en los medios. A los 12 años ya tenía un programa en la radio comunal San Marcos, que emitía para Macul y Ñuñoa. Cuatro años después, a los 16, era la voz del bloque nocturno de la emisora Los 40 Principales, y al poco tiempo firmaba en la FM Hit, del mismo holding Ibero Americana Radio Chile. Por entonces solía esperar afuera de la oficina de Mario Yamal, director de la emisora, e insistía una y otra vez en sumarse al equipo. Hasta que lo consiguió.

La radio tenía una cercanía natural con el público adolescente de la época y Olivares encajaba bien en ese perfil. “Javier daba ese toque de juventud, desorden y locura propia de la edad. Llegaba muy bien al público”, recuerda Alfonso Romero, quien por esos años era productor general de la FM Hit.

Su primer programa comenzó en el verano de 2001. Llegaba vestido con el uniforme del colegio. Era responsable, nunca faltaba y siempre estaba a la hora para iniciar la transmisión, destaca Romero.

Si en algo coinciden quienes compartieron con él en esa época, es que tenía talento y entusiasmo. Quería participar en otros programas y probar formatos distintos. Fue uno de los primeros locutores jóvenes en operar completamente solo su programa: él mismo ponía la música, lanzaba efectos y controlaba la consola mientras hablaba.

Su nombre comenzó a circular entre los auditores jóvenes y “Javito”, como le decían, pronto se convirtió en una figura popular. También empezó a ganar bastante dinero para alguien de su edad. “Un chico que tiene 16 o 17 años y que de repente empieza a ganar, a ganar y a ganar plata, si no tiene un soporte familiar atrás, olvídate”, dice Mario Yamal.

Fue entonces cuando decidió comprarse un Mazda Miata descapotable, antes incluso de tener licencia para conducir. El auto generó comentarios dentro de la radio. Algunos de sus compañeros de trabajo decían que se le estaban subiendo los humos.

Daniel Fuenzalida —quien no quiso conversar con V240 porque, según explicó, no era tan cercano a Javier— recordó en el programa “Me Late”, de Zona Latina, que incluso hubo una fuerte discusión con Yamal por culpa del auto.

Según relató, Olivares decidió comprarse el convertible con sus primeros sueldos en 2003. Yamal lo encontró un exceso. “Javier, tienes dos semanas para vender ese auto o si no te vas de la radio”, recordó Fuenzalida sobre la advertencia que le habría hecho el director.

En la FM Hit nació también uno de los personajes más reconocibles de Olivares al aire. Todo comenzó con “La Puntita”, canción de la banda boliviana Azul Azul. A Mario Yamal se le ocurrió una idea: “Empecemos a tocar solamente la puntita de la canción”, recuerda.

El juego de palabras derivó rápidamente en dobles sentidos y bromas al aire. Así nació la frase “Tócamela, Javito”, que hasta hoy siguen mencionándosela en la calle.

Para entonces, Olivares ya se había convertido en una de las voces juveniles más reconocibles de la radio. Su programa figuraba entre los más escuchados del segmento y también entre los más atractivos para los auspiciadores. Esa mezcla entre popularidad y exposición comenzó a moldear parte importante de su personalidad. Pero también le generó conflictos dentro de la emisora.

En la FM Hit existía una regla: había una parrilla fija de canciones y nadie podía alterarla. Olivares lo hacía igual. Mientras algunos justificaban sus decisiones por el rating que generaba, otros dentro del equipo comenzaron a verlo como “un regalón” de la radio. Romero recuerda que su capacidad de autocrítica era prácticamente nula. Ante el menor comentario negativo sobre su desempeño, “iba corriendo a hablar con el jefe más grande”, dice.

En esos años, ningún locutor tenía productor. Todo era autogestionado: los controles, los efectos, la pauta e, incluso, los llamados al aire. Fue en ese contexto cuando ocurrió uno de los episodios que más impacto provocó dentro de la radio. Un día Olivares recibió por fax una historia sobre una menor de edad que, supuestamente, mantenía una relación a distancia con un hombre en África y estaba siendo engañada. Fascinado con el relato, comenzó a leer el documento al aire, pero cometió un error grave: mencionó el nombre completo y el colegio de la niña. Después, incluso, la llamó en vivo para preguntarle por la situación.

En el establecimiento tenían puesta la radio por los parlantes y toda la comunidad escolar escuchó la historia. El episodio le provocó un colapso nervioso a la menor.

El caso terminó en una demanda de la madre contra la FM Hit.

La radio debió entregar la grabación del programa, además de pedir disculpas y dar explicaciones por lo ocurrido. El caso generó tal impacto en el holding que fue necesario crear un protocolo sobre la identificación de personas durante las transmisiones en vivo.

“Tras ese episodio, (Javier) hizo muy suya esa frase de ‘prefiero pedir perdón antes que pedir permiso’”, dice Romero.


INFIERNO EN MEKANO

Por esos años, Olivares dio el salto a la TV. Entre 2002 y 2003 condujo “Tremendo Choque”, un programa juvenil de Chilevisión que mezclaba humor, juegos y pruebas físicas en un tono estridente, muy en línea con la televisión juvenil de comienzos de los 2000.

La personalidad de Olivares no tardó en generar tensión dentro del equipo.

La bailarina Maura Rivera tenía 16 años y formaba parte del staff del programa. Años después recordó un episodio ocurrido durante una transmisión. “Había un concurso de la gomita (un popular juego de TV donde las personas acercaban sus labios). Estábamos en vivo y él me pide que haga la gomita con otro participante y yo me negué. Nos fuimos a comerciales y me empapeló a chuchadas delante del público”, contó Maura en el programa “La noche es nuestra” de Chilevisión.

Según su relato, la situación escaló rápidamente. “Bajó el director y Javier dijo: ‘O se va ella o me voy yo’”.

El hecho terminó con Rivera fuera del programa.

Jorge David, el mismo productor radial que años antes lo vio discutir con la seguridad de Placebo, recuerda otro momento que marcó el final del programa.

La producción buscaba un reemplazo para “Los Hermanos sin Dolor”, la dupla de comediantes que realizaba maniobras temerarias frente a cámara. Durante una grabación, uno de los aspirantes se subió al mesón del estudio para lanzarse encima de su compañero, imitando un salto de lucha libre.

La maniobra salió mal.

El joven cayó de cara contra el suelo y uno de sus dientes salió volando en pleno estudio. Mientras parte del equipo corría a auxiliarlo, Olivares reaccionó al aire entre risas.

—¡No hay dolor, no hay dolor! —gritaba al micrófono.

“Esa fue la última gran discusión”, recuerda David, quien se desempeñaba en ese entonces como comentarista del programa.

Después de “Tremendo Choque”, en 2005, el director Alex Hernández llamó a Olivares para integrarse como notero a “Mekano”, pero apenas llegó al programa lo puso como conductor, tras la salida de José Miguel Viñuela. El cambio no cayó bien en el resto del equipo, quienes criticaron su actitud “soberbia” y “egocéntrica”.

“Él no tuvo una muy buena recepción ni onda con el elenco. Eso, en el contexto de lo que estábamos haciendo, que era un programa que debía tener cierta fluidez entre las personas para poder hacer una buena pega, para pasarlo bien, empezó a afectar”, señala Hernández.

De hecho, Olivares se rehusó a compartir la conducción del programa, cuando el espacio bajaba su rating, y hasta tuvo un impasse con Viñuela, cuando le ocupó el estacionamiento asignado por el canal.

El conductor diría después que sufrió “envidia y chaqueteo”, que sus compañeros no le hablaban y que nunca logró sentirse cómodo en el espacio.

Tampoco asistía a las reuniones de pauta. En paralelo seguía trabajando en la FM Hit y estudiaba Periodismo en la Uniacc, donde fue compañero de Juan Pablo Queraltó, uno de los colaboradores de su posterior campaña a diputado.

La tensión con el equipo se notaba en pantalla. Olivares terminó haciendo las menciones comerciales y acusó a través de su programa de radio que ni siquiera le informaban sobre los nuevos proyectos de “Mekano”. Además, en una entrevista a revista TV Grama, aseguró haber sufrido amenazas de muerte, chantajes telefónicos, seguimientos y un episodio en que intentaron entrar a su departamento. Olivares dijo que hizo la denuncia en Carabineros y que solicitó protección policial las 24 horas del día. Algunos cercanos no creyeron su versión y especularon que lo hacía para conseguir más atención de la prensa.

Con todo, su paso por “Mekano” no solo fue breve, sino que terminó con una disputa a golpes y empujones con Alex Hernández en el estacionamiento del canal, según informó La Cuarta. Hoy, el director de TV desmiente esa versión. “Si alguna vez tuve alguna discusión con él, fue en el contexto profesional, como la podría tener con cualquier persona”, dice.

Un periodista que cubría espectáculos en la época señala que Olivares solía llamar a algunos medios y portales de farándula para entregar su versión en off, la que luego desmentía o matizaba en entrevistas de TV. De hecho, más tarde Olivares aclaró que no hubo agresiones, pero que tuvo grandes diferencias con Hernández y que nunca logró congeniar bien con él.

Ese mismo año, 2005, ocurrió otro episodio que todavía persigue a Olivares.

Era el cierre de campaña de la primera candidatura presidencial de Michelle Bachelet cuando, tras una presentación en Temuco, un accidente de tránsito dejó cinco víctimas fatales, entre ellas un asistente técnico de la banda Saiko. Años después, la cantante Denisse Malebrán recordó públicamente un comentario que, asegura, le hizo Olivares tras la tragedia: “Me preguntó si me había ‘servido’ para hacerme más famosa. Quedé muda”, escribió en X.

Consultada al respecto por teléfono, Malebrán fue escueta: “No quiero tener nada que ver con ese tipo”.


EL SOL DE CHILE

En 2006, Jorge Méndez asumió la dirección de Radio Carolina con la intención de elevar el estándar de la emisora. En ese contexto comenzó a fijarse en el joven locutor de la FM Hit. Le llamaba la atención la energía que transmitía al aire. Un año después lo reclutó para la radio.

Con el tiempo, la apuesta de Méndez comenzó a dar resultados. Radio Carolina empezó a liderar los rankings nacionales y Olivares encontró un espacio donde podía hablar con mucha más libertad que en otras radios juveniles. Fue también en esa época cuando empezó a comentar, cada vez con más frecuencia, que quería entrar en política y no ocultaba su admiración por Pinochet, a quien llamaba “el Tata”, según sus compañeros de radio.

Eso duró hasta 2011, cuando viajó a Miami con la idea de seguir su carrera en Estados Unidos. Llegó con una visa de artista, ya que trabajaba en Discovery Channel como voz de continuidad para América Latina. Pronto consiguió un espacio en televisión. Primero como reportero freelance de Telemundo 51, una filial del canal que transmite en el sur del estado de Florida. Y después en Univisión, donde condujo un noticiero por internet durante cerca de un año y medio, hasta que fue desvinculado en medio de una crisis financiera de la cadena.

En Miami, Javier Olivares comenzó a autodenominarse “el Sol de Chile”, en una evidente alusión a Luis Miguel y cultivaba una imagen de éxito profesional. Desde allá seguía transmitiendo de manera remota su programa de Radio Carolina.


Olivares partió en EE.UU. como reportero freelance de Telemundo 51 y después en Univisión, donde condujo un noticiero por internet. (Foto: Instagram de Javier Olivares)


Sin embargo, lo que proyectaba al aire contrastaba con la percepción que varios de sus compañeros tenían de él al interior de la radio. Algunos mencionan que en los pasillos de Carolina se comentaba que Olivares era clasista y que, antes de conversar con alguien, lo miraba de pies a cabeza para hacerse una idea de quién tenía al frente.

También era ostentoso, dicen. Alguien que lo conoció en esa época, quien prefiere no ser nombrado, recuerda que solía presumir su ropa, relojes y accesorios. Le gustaba recalcar que vestía prendas de diseñador y cuánto costaban sus objetos personales. “Repetía constantemente que él era un hombre elegante”, afirma.

Y, según relatan excompañeros, también tenía un trato despectivo con las mujeres. Una de ellas era la locutora María Almazábar, más conocida como “Blue Mary”. Según cuentan a V240, Olivares la menospreciaba por su aspecto y por el estrato social del que provenía, porque la consideraba “flaite”. Consultada por V240, Almazábar prefirió no referirse a esta situación.

En 2017, la locutora Gabriela Flores ingresó al equipo digital de la emisora. Olivares ya vivía en Miami. Ella lo escuchaba constantemente al aire y fue testigo de cómo comenzó a mostrar cada vez más abiertamente sus posiciones políticas. “Al director no le gustó, porque las radios juveniles, si bien tienen mucha libertad de expresión, casi ninguna tiene una línea editorial estrictamente política”, menciona Flores.

Según recuerda, Olivares trataba temas contingentes desde Estados Unidos. Delincuencia, inmigración y política nacional se volvieron habituales en sus intervenciones. Especialmente durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, período en el que endureció más su discurso.

Sus comentarios no pasaban inadvertidos. Aunque Flores dice que medir el impacto real de un programa radial siempre ha sido difícil, había una señal que se repetía constantemente. Cuando terminaba el programa de Olivares y comenzaba el de Karol Lucero, varios auditores llamaban para quejarse de los comentarios que Javier había hecho minutos antes.

“Siempre dijo al aire que era pinochetista”, comenta Flores. “Muchas veces decía que se necesitaba que volviera Pinochet para que el país estuviera mejor”.

Con el tiempo, las opiniones de Olivares comenzaron a incomodar dentro de la radio. Aunque el programa se sostenía en la interacción con los auditores, parte de la audiencia rechazaba sus comentarios.

“Tú puedes dar una opinión, pero después ya se le empezaron a ir los enanos para el monte. Yo creo que por eso muchos de mis compañeros no quieren hablar de él”, reflexiona Flores.

Lo mismo recuerda Jorge Méndez, entonces director de la emisora. “A él siempre se le permitió decir más de lo normal. Pero Javier empezó a ir un poco más allá. Siempre un poco más allá. Ya se le había avisado en una ocasión que no estábamos en la misma sintonía”.

Finalmente, en 2018, Olivares fue despedido de Radio Carolina.


“A él siempre se le permitió decir más de lo normal. Pero Javier empezó a ir un poco más allá. Ya se le había avisado en una ocasión que no estábamos en la misma sintonía”, recuerda Jorge Méndez, quien llevó a Olivares a radio Carolina. (Foto: Instagram de Javier Olivares)


Mientras, en Estados Unidos continuaba su carrera en televisión. Tras salir de Univisión pasó a conducir durante casi tres años un noticiero en Estrella Media, un canal local, por lo que se radicó en Dallas, Texas. En paralelo fue corresponsal de la cadena Al Jazeera, que lo mandó a Egipto para realizar algunos despachos.

Sin embargo, fue detenido por las autoridades de ese país por no contar con visa de trabajo. “ Estoy raptado y detenido en Egipto por la Policia, este es mi tercer día y solo ahora puedo tener unos minutos mi teléfono”, escribió Olivares en Twitter, mensaje que posteriormente borró. Hace unas semanas, en el programa “Nada que perder”, del periodista Roberto Cox, reconoció que no estaba en una celda, sino en un balneario a orillas del Mar Rojo. Incluso contó que los policías lo sacaron a pasear por la playa y que la Cancillería chilena se movilizó para conseguir su liberación. Tras dos semanas retenido, fue deportado.

En marzo de 2025, escogió el diario Las Últimas Noticias para anunciar su regreso a Chile e iniciar una carrera al parlamento. En Estados Unidos dejaría varias propiedades: dos departamentos y dos casas, además de algunas inversiones, según dijo a LUN.

Acá consiguió un espacio de TV en un programa pequeño —“Al Choque”— en un canal pequeño: TEVEX Televisión, una señal abierta de Santiago enfocada principalmente en emprendimiento, finanzas, negocios y entretención.

V240 se contactó con el equipo de prensa del diputado, pero no hubo respuesta a las peticiones de entrevista.

Según ha dicho, mientras estaba en EE.UU., recibió ofertas desde el Partido de la Gente hasta el Partido Social Cristiano. En las elecciones parlamentarias de noviembre de 2025, Olivares compitió por el Distrito 6 de la Región de Valparaíso como militante del PDG. Obtuvo cerca del 5,44 % de los votos y, con ello, consiguió un escaño en la Cámara de Diputados.

Esa misma noche, vestido con una chaqueta de polar naranja marca Puma, pantalón caqui y sosteniendo un pavo real entre sus brazos —“uno de mis regalones, el Perico”, dice a la cámara—, Olivares apareció gritando frente al celular para repetir una de sus mayores convicciones.

—Vamos a recuperar el país (…) y salvarlo del comunismo. Porque Chile jamás va a ser comunista.


La ilustración de portada fue generada con IA

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