SOBREVIVIENDO EN CHILE: DISCRIMINACIÓN A MÉDICOS EXTRANJEROS EN LA SALUD PÚBLICA

10/10/2019

Hostigamientos, discriminaciones y acosos son parte de la rutina diaria a la que se enfrentan médicos extranjeros que trabajan en la salud pública, a manos de sus colegas chilenos. Llegan en busca de mejores oportunidades, pero se encuentran con profesionales que les hacen pensar en devolverse. Casos de xenofobia y racismo que no son aislados y en donde incluso se llega a poner en riesgo la vida de los pacientes. Es la mafia blanca chilena.

El urólogo venezolano Juan Carlos Riera (46) había llegado hacía 15 días a Chile. Era noviembre de 2015 cuando tomó la decisión de abandonar su país. Llegó solo, huyendo de la violencia y el caos. No le costó encontrar trabajo y a las dos semanas ya estaba atendiendo en el Hospital de Quilpué, en la Región de Valparaíso. El panorama se veía promisorio, pero en medio de una consulta una llamada lo cambiaría todo. Era el subdirector del hospital. Riera debía dirigirse inmediatamente a su oficina.

-Lo siento mucho, pero no puedo hacer nada. No puedo mantenerte en este hospital- dijo el subdirector.

Hasta el día de hoy, Riera no tiene palabras para definir cómo se sintió al enterarse que los tres urólogos chilenos del hospital habían firmado una carta en la cual exigían que fuese removido. Amenazaron con que todos renunciarían. ¿La razón? No la sabía. Jamás había hablado con ellos. En más de una ocasión intentó entablar una conversación, pero no obtuvo respuesta. Lo dejaban plantado afuera de sus oficinas e incluso se negaban a darle la mano porque era extranjero. “Fue terrible porque ni siquiera es humillación, es un desprecio, te sientes como que no eres nada”. Mientras esto ocurría, Riera solo pensaba en una cosa: odiaba Chile.

En otro lugar del país, a cientos de kilómetros, comenzaba el calvario de Patricio (45), otro médico extranjero. A petición suya, así como de la mayoría de los profesionales entrevistados para esta investigación, no es identificado por temor a sufrir represalias. Es por esto que sus nombres han sido cambiados y no serán revelados los hospitales en donde se desempeñan. Sus nacionalidades tampoco se darán a conocer.

Vivir en su país de origen se hizo insostenible para Patricio y su familia, por lo que llegó a Chile a finales de 2015. Con más de 20 años de experiencia en la medicina y casi una década especializado, consiguió trabajo en un hospital regional. En menos de un mes comenzó a ser víctima de insultos de parte de un colega chileno que argumentaba que Patricio venía a quitarle su trabajo y a robarle “su” hospital. “Eres un extranjero muerto de hambre”, solía decirle, al mismo tiempo que comenzó a reportar acusaciones falsas para perjudicarlo y desacreditarlo como profesional. “Todo se convirtió en un camino de colocar piedras y obstáculos, para tropezar y caer. Al cabo de un año a los ojos de mucha gente estaba en desventaja, porque estaba lleno de trampas”, cuenta Patricio.

Así como Patricio y Juan Carlos Riera, existen múltiples casos en donde médicos extranjeros sufren discriminaciones en el sistema público por parte de sus pares chilenos, quienes los ven como una competencia que pone en riesgo sus beneficios económicos y su estatus de poder. Desde la Comisión de Salud y Migrantes del Colegio Médico reconocen que existe discriminación. Sin embargo, muy pocos doctores se atreven a tomar medidas y alzar la voz. “Al médico extranjero no le da miedo hablar, le da pánico. Temen represalias porque venimos de un país en donde si tú hablas o dices algo en contra del más fuerte, estás muerto”, reflexiona Riera. Pero los abusos no terminan ahí, sino que incluso llegan a poner en riesgo la vida de los pacientes.

¿Cuánto vale una vida?

Según el estudio “Estimación de personas extranjeras residentes en Chile” elaborado por el INE en conjunto con el Departamento de Extranjería y Migración (DEM), al 31 de diciembre de 2018 se registraban 1.251.225 extranjeros residentes en el país. En el documento se señala que esta cifra supera en un 67,6% el número de migrantes que registró el Censo 2017 (746.465 personas). A su vez, según estadísticas del DEM, en el año 2018 se entregaron 93.021 visas a extranjeros, de los cuales 1.175 son profesionales médicos. Las cifras arrojan que actualmente hay 588 médicos venezolanos, 241 de Colombia y 179 de Ecuador . 

Poco a poco los médicos extranjeros comenzaron a agruparse en diversas asociaciones según su nacionalidad. Pero el ingeniero comercial chileno Manuel Araneda sentía que faltaba algo que los organizara a todos sin distinción alguna. Casado con una doctora extranjera que trabaja en el sistema público, Araneda conocía detalles de las discriminaciones y acosos que sufrían médicos foráneos por parte de sus mismos colegas. Por ello, en 2015 decidió agrupar todas las organizaciones y unirlas en una sola: la Asociación Chilena de Médicos Extranjeros, la cual tiene por objetivo proteger y defender los derechos de todos los doctores foráneos. 

Mientras Araneda creaba la asociación, Patricio fue contratado en un hospital a modo de reemplazo del único especialista chileno del área, quien se encontraba con licencia. Su primera semana fue amable. “La bienvenida fue muy bonita, hubo un periodo de luna de miel. Pero un día desperté con un combo en la cara”, explica Patricio. A los pocos días, el especialista chileno regresó sin previo aviso al enterarse de que su poderío en el hospital corría peligro. A partir de ese momento comenzaron los hostigamientos hacia Patricio. Malos tratos y la invención de historias eran parte del día a día. Según él, todos sus colegas, así como también las jefaturas, sabían del trato al que estaba siendo sometido. Nadie nunca le tendió una mano. “Me daban puros combos bajo la mesa. Lo que más cuesta aceptar es que las jefaturas lo sepan y no hagan nada. Sentía mucha impotencia”, dice Patricio. 

El acoso no cesaba, pero un suceso sobrepasaría todos los límites. Tras terminar una cirugía, Patricio dejó un catéter en el cráneo de un paciente para que drenaran los líquidos de la intervención durante la noche. Al día siguiente se percató de que alguien ingresó por la madrugada y removió el artefacto. El drenaje en estas operaciones neuroquirúrgicas es fundamental puesto que los cambios en el flujo sanguíneo pueden causar un daño neuronal. Si el drenaje es removido sin una indicación previa las consecuencias pueden ser una infección bacteriana, daños neurológicos irreparables e incluso la muerte.

Al poco tiempo Patricio descubrió, gracias a las enfermeras de turno, que había sido el profesional chileno que lo hostigaba quien removió el catéter. A pesar de haber sido testigos, ninguno de sus colegas quiso decir la verdad ante la dirección del recinto, para no tener problemas con el doctor chileno. Patricio dio cuenta de esta situación a la administración del hospital. Nuevamente nadie lo ayudó. Solo le aseguraron que revisarían el caso. Pasaron los meses y seguía sin respuesta.

Cansado de esperar decidió escribir un informe a Contraloría, dando cuenta del caso y de todos los insultos y hostigamientos que recibió. Misteriosamente, una semana después del envío, el hospital abrió un sumario, en donde la sanción para el médico chileno fue “suspensión de empleo por 3 meses con goce de 50% de remuneraciones”. En el documento se indica que se infringió la Ley 18.834 sobre Estatuto Administrativo en los Artículos 61°, 64° y 84°. En el Artículo 61 se definen las horas del trabajo nocturno, así como la obligación de “una conducta funcionaria moralmente intachable y una entrega honesta y leal al desempeño de su cargo”. En el Artículo 64 se establecen los turnos del personal y en el Artículo 84 se establece que los funcionarios tienen derecho a “ser defendidos y a exigir (…) la responsabilidad civil y criminal de las personas que atenten contra su vida o su integridad corporal, (…) o que los injurien o calumnien en cualquier forma”, tal y como le ocurrió a Patricio.

Para la realización de este reportaje se solicitó a través de Ley de Transparencia el sumario íntegro efectuado en contra del doctor chileno para conocer los detalles de éste. No obstante, el profesional acusado se negó a autorizar la entrega de esta información. Para ello se acogió en lo dispuesto en el Artículo 20 de la Ley 20.285 sobre Acceso a la Información Pública, en donde se establece que si la solicitud de acceso contiene antecedentes que puedan afectar a terceros, éstos pueden negar la autorización de entrega de estos documentos. 

El urólogo Juan Carlos Riera también vivió una situación en donde se puso en riesgo la vida de una persona: “Derivé al paciente para que le realizaran una biopsia y el doctor, al ver que yo era venezolano no quiso hacerla. A los 6 meses logré hacerle la biopsia en otro hospital. El resultado arrojó un cáncer”. El diagnóstico precoz del cáncer cambia el pronóstico. En este caso, el paciente pudo haber sabido antes que tenía esta enfermedad, pero el retraso se lo impidió. El afectado no quiere hacer una denuncia por temor a represalias del médico chileno, quien sigue tratándolo. 

Amos y señores de la salud pública

Según el Octavo Informe del Centro Nacional de Estudios Migratorios de la Universidad de Talca del año 2018, el 57,6% de los inmigrantes en Chile cree que es en el trabajo donde tiene mayores probabilidades de encontrarse con actitudes y acciones discriminatorias y xenófobas. Mientras, un 53,2% cree que esta discriminación es porque los chilenos los ven como una amenaza económica y laboral. A raíz de esto, Manuel Araneda, fundador de la Asociación Chilena de Médicos Extranjeros, explica que “el perfil del médico chileno es complejo. Muchos les dicen diostores porque se creen los amos y señores del sistema de salud en Chile”

Este fue el caso de dos profesionales extranjeras, quienes fueron desplazadas por colegas chilenos con menos años de práctica. Cecilia es una doctora titulada hace casi tres décadas en su país y con más de 15 años trabajando en Chile. Señala que en 2011 fue removida de la jefatura de un Servicio de Atención Primaria de Urgencia (SAPU) para beneficiar a un doctor chileno, quien ansiaba ese puesto. “Fue una falta de respeto. Él tenía meses de graduado y yo años de experiencia. Ese mismo día renuncié”. 

Paola es una doctora ecuatoriana que llegó a Chile en 2012, en busca de un empleo estable. En uno de los hospitales públicos en donde trabajó, fue discriminada por una doctora chilena que no le dirigía la palabra ni a ella ni a ningún extranjero. “No éramos dignos para que hablara con nosotros”, dice. Según Paola, su xenofobia puso en riesgo la vida de un paciente. Durante un turno fue llamada por el médico a cargo de un SAPU del Sur de Santiago, que necesitaba una ambulancia para un paciente. Paola afirma que cuando esta doctora se enteró de que el médico era colombiano, comenzó a interrogarlo — vía telefónica — acerca de todos los procedimientos que le había aplicado al paciente, demorando así el envío de la ambulancia. Se perdió tiempo valioso y el paciente sufrió un paro cardiorrespiratorio. No obstante, tiempo después logró recuperarse.

Desde la Comisión de Salud y Migrantes del Colegio Médico de Chile, el coordinador Matías Libuy reconoce que sí hay discriminación hacia los colegas foráneos, pero asegura que no hay evidencias “de calidad” que permitan afirmar que existen diferencias significativas entre las aptitudes de un chileno y un extranjero. “Lo que sí se sabe es que en general, los médicos extranjeros son mejor evaluados por los usuarios, refiriendo un mejor trato que de médicos nacionales”.  

“Bananeros” 

Tras ser expulsado del Hospital de Quilpué en 2015, el urólogo Juan Carlos Riera rápidamente encontró trabajo, esta vez en el Hospital Dr. Mario Sánchez de La Calera. Pensó que esta segunda oportunidad podría traerle frutos. Pero no pasaron ni seis meses cuando los mismos urólogos que consiguieron removerlo en Quilpué, volvieron a actuar. Esta vez se organizaron para denunciarlo por “ejercicio ilegal de la medicina”, con el pretexto de que Riera no estaba validado por la prueba EUNACOM (Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina), la cual deben rendir todos los egresados de medicina de Chile y los médicos titulados en el extranjero para poder ejercer en el país.

El doctor Juan Eurolo Montecino es el presidente del Colegio Médico de Valparaíso y fue quien llevó la denuncia hasta la Fiscalía Regional de Quillota. “Queríamos saber si efectivamente tenían los títulos que decían tener. El trabajo de ellos era ineficiente y ponían en peligro la salud de los pacientes que atendían”, asegura Eurolo. No recuerda un ejemplo puntual de esto, pero asegura que se trataba de “errores en las dosis de remedios y en los diagnósticos”. Señala que lo ocurrido no fue discriminación. “Solamente fue pedirles que regularicen su título mientras ejercen”.

Sin embargo, el 11 de agosto de 2016, la Brigada de Investigación Criminal de Quillota concluyó que los hechos no constituían un delito. Se determinó que “conforme a los protocolos, los servicios de salud pueden contratar los servicios de profesionales extranjeros, aunque no hayan aprobado el EUNACOM, pero que al menos se encuentren inscritos para rendirlo”, situación en la que se encontraba Riera a la fecha de la denuncia. “Fue lo más bochornoso que me ha pasado en la vida. En Venezuela jamás pisé la policía. Sentía que me iba a morir de la vergüenza”, finaliza el urólogo.

La prueba EUNACOM es el mayor punto de desacuerdo entre quienes la califican como un instrumento injusto y quienes dicen que es necesaria para medir las aptitudes y competencias de los médicos extranjeros. En el caso de Patricio la experiencia de dar EUNACOM fue compleja. “Rendir una prueba estandarizada 14 años después, no es imposible, pero hay muchas áreas que escapan a la memoria”, reflexiona el doctor. Según el informe final de la Organización Panamericana de la Salud “Evaluación del Examen Único de Conocimientos de Medicina de Chile” de enero de 2018, se reconoce que en parte de la prueba se mide la memoria. El documento concluye: “En realidad, el instrumento es un examen para evaluar los conocimientos médicos de los recién egresados de las facultades de medicina chilenas que comienzan la práctica profesional autónoma”.

Por otra parte, dos enfermeras de un hospital público de Santiago, quienes han trabajado con médicos extranjeros, concuerdan en que los profesionales deben acreditarse a través de esta prueba. Haciendo una pausa durante su labor profesional, ambas esgrimen que deben someterse a las reglas del país al que llegan. Rocío es enfermera de la Universidad Católica, con más de 20 años de experiencia, y Daniela es enfermera de la Universidad Andrés Bello. Ambas pidieron resguardar su identidad puesto que temen que sus comentarios sean mal vistos. Descartan que exista una discriminación en contra de médicos foráneos. Por el contrario, aseguran que el trato siempre es cordial. “De 100 casos solo hay uno de discriminación y es porque simplemente son malos”, reflexiona Rocío.

Las capacidades de los doctores extranjeros les generan desconfianza a ambas enfermeras. Daniela señala que si hay un paciente complicado lo derivarán al médico que ellas consideran tiene más experiencia. “Si ya con un médico chileno tienes que estar alerta porque también se condorean, con estos hay que estar revisándolo todo. Por eso los hemos pelado hasta que nos hemos cansado”, ríe. 

Juan Pablo Rubio (29) es un médico chileno residente de Medicina Familiar y trabaja en el Centro de Salud Dr. Arturo Baeza Goñi, ubicado en la comuna de San Joaquín. Afirma que no ha sido testigo de malos tratos hacia los médicos extranjeros, pero que sí son frecuentes los pelambres: “Se les pone el apelativo de bananeros, haciendo alusión a la banana, porque la mayoría de los médicos extranjeros que llegan acá no son europeos, son latinoamericanos y tienden a comer más plátano. Es un término descriptivo que quiere decir: no sabe y no cacha nada”.

El otro abuso

Además de las discriminaciones, hostigamientos, desconfianza y pelambres, existe otro tipo de abuso: en los servicios públicos contratan a doctores especialistas extranjeros pagándoles como médicos generales, cuyo sueldo es significativamente más bajo. Esto ocurre debido a que muchos profesionales no tienen aprobada la prueba CONACEM (Corporación Nacional de Certificación de Especialidades Médicas), que valida su especialidad en el país. Según la base de datos “Permanencias Definitivas otorgadas período 2018” del Departamento de Extranjería y Migración, de los 1.175 doctores extranjeros, 1.141 son reconocidos como médicos generales y solo 33 son reconocidos como médicos con especialidad. 

En el caso de Patricio, cuando comenzó a trabajar en el hospital regional, se decidió que trabajaría como médico especialista, pero recibiría sueldo de médico general. Él aceptó, esperando que después de un tiempo el pago se formalizaría con el debido sueldo. Esto nunca ocurrió. Tras el incidente del catéter, el hospital decidió que se trasladaría a Patricio a un consultorio anexo. Allí estuvo durante meses, “escondido y silenciado”, dice. Según él, esto fue con el objetivo de hacerlo “invisible para el mundo, para que yo dejara de hinchar y que pareciera que tenían las cosas piolas y calmadas”. Tras meses sometido a esta situación decidió renunciar e irse de la región. 

Luego de haber sido removido del Hospital de Quilpué, de haber sido demandado y de haber ganado el juicio, Juan Carlos Riera continuó su trabajo en el Hospital de La Calera. Sin embargo, aquí también comenzó a sufrir malos tratos. “No me aceptaban. Nunca habían trabajado con médicos extranjeros. Pegaron pancartas en el hospital diciendo que estaban en contra de mi trabajo porque aún no había aprobado el EUNACOM”. 

A pesar de haber aprobado tanto el EUNACOM como la CONACEM, hasta el día de hoy a Riera se le niega la posibilidad de ejercer como especialista. “Estoy más que validado y aun así me tienen confinado en donde hago menos que un médico general. Es más, los urólogos de Quilpué, que son lo que me hicieron la vida imposible, ninguno tiene aprobada la CONACEM, ninguno tiene la certificación y yo sí la tengo. Ya cumplí con Chile. No le debo nada. En la parte pública no me van a dejar crecer, me siguen poniendo trabas inexistentes”. 

Hasta la realización de este reportaje, Patricio seguía sin encontrar trabajo. Afirma que dio vuelta la página, no ha vuelto a ser víctima de discriminaciones y se encuentra en la búsqueda de un nuevo empleo. Riera, en cambio, pretende ingresar a la salud privada. 

Vencer al odio

La alarma de Juan Carlos Riera suena a las 5:45 A.M. Comienza un nuevo día en donde trabajará un turno de más de 12 horas y en un ambiente laboral hostil. Abre los ojos y lo primero en lo que piensa es en su Venezuela. A pesar de la inseguridad y la violencia que se vive en su país de origen, no ve el minuto de poder retornar. “Si tú me preguntas: ¿qué extraño? Extraño todo, hasta el olor”. Pero el desánimo desaparece por algunos momentos cuando llegan los primeros pacientes a la consulta. Huevos de campo y sacos de paltas son algunos de los regalos que le entregan. “Gracias doctor, le debo la vida”, le comenta un paciente. Las humillaciones y discriminaciones pasan a segundo plano cuando recibe la gratitud de las personas que atiende.

“En este momento, profesional y humanamente estoy un escalón arriba de los que me discriminaron. Hoy me quedo en Chile porque soy más fuerte que el odio”, concluye.

Este reportaje fue realizado en el curso ‘Periodismo de Investigación’ dictado por el profesor Javier Ortega durante el primer semestre de 2019.