Inseparables: La rabia de Paula y Fabiola

Las hermanas crecieron rodeadas de violencia y abandono. El Estado las sacó de allí y las ingresó a distintas residencias de protección. Pero lo que debía ser el inicio de un proceso de reparación, terminó convirtiéndose en otra etapa de las vulneraciones de las que no pudieron salir.

Por Alejandra López Díaz | Ilustración: Violeta Irarrázabal

31 de Julio de 2026

“Estoy acá porque no tengo dónde más estar. Además, aquí está mi hermana y yo quiero estar con ella”.

Ella es Paula a los 14 años. Acababa de ingresar al CREAD Pudahuel junto a Fabiola, su hermana mayor. La frase quedó registrada en un informe elaborado en julio de 2020, un mes después de que ambas llegaran a la residencia. Allí también explicó por qué había terminado bajo la protección del Estado.

Tuve que salir de mi casa porque consumí mucho y me puse tonta. Amenacé a mi tío y él me denunció. Pero es por el consumo, yo no soy así…”.

Los profesionales que la entrevistaron la describieron como una adolescente directa, honesta y cálida en el trato. 

Así soy yo, tía… como me ve ahora. Yo consumía harto. La plata la sacaba de lo que me daban. Tenía un padrino que nos entregaba dinero, pero él no sabía que era para drogarse”.

Paula era alta, delgada, jugaba tenis y había participado en torneos de su liceo. Le motivaba seguir estudiando. Al menos hasta primero medio, mientras cursaba en la Escuela Hospitalaria del Sótero del Río, donde estuvo internada.

Cuando llegó al Sename, hubo un momento en que su vida marcada por el abandono familiar, la violencia y el consumo de drogas parecía mejorar. 

“Me gusta estar aquí. La comida es rica, no paso frío y nos tratan bien”.

Sin embargo, todo empeoró.

***

La familia de Paula está compuesta principalmente por mujeres. Su padre nunca estuvo presente en su vida y su madre consumía drogas y alcohol, incluso durante el embarazo. Fueron la abuela y la bisabuela quienes se encargaron de cuidarla y criarla durante su infancia. Pero la figura más importante fue su hermana mayor Fabiola. Tenían una diferencia de tres años de edad y eran inseparables.

Paula ingresó por primera vez al sistema de protección cuando tenía 7 años. Fue derivada a un Programa de Prevención Comunitaria, destinado a evitar situaciones de vulneración de derechos y prevenir conductas de riesgo, además de impedir que ingresara a otros programas o a una residencia del Sename. Pero permaneció allí solo por cuatro meses. En su expediente no existe una justificación clara ni una causal que explique la decisión tomada por el Tribunal de Familia. Simplemente ingresó y egresó, sin ningún resultado. 

Años más tarde, en 2017, cuando Paula tenía 12 años, su vida comenzó a girar en torno al alcohol y las drogas. Junto a Fabiola consumía pasta base, cocaína, marihuana, clonazepam y benzodiacepina. En esa época, la rutina de las hermanas consistía en escapar de su casa en San Bernardo con rumbo a otras comunas, como Pudahuel o Peñalolén. Se juntaban con amigos y encontraban desconocidos en el camino. 

Un informe familiar al que accedió V240 describe un hogar completamente sobrepasado:

“En la casa han tenido conflictos con el tío y con la abuela materna que residen con ellas, los han golpeado, han roto sillas, televisores, cuando no les gusta lo que hay de comer tiran los platos, además, hay constantemente violencia verbal hacia la bisabuela y debe pasarles dinero o sino los escándalos son mayores”.

Según el documento, la bisabuela relató que una noche debió ser llevada a un centro de urgencia tras sufrir una descompensación producto del estrés al que estaba sometida. La abuela, en tanto, dijo que ya no podía manejar a sus nietas y que tenía miedo de que ellas le hicieran daño a quienes vivían en la casa. 

Cuando Paula y Fabiola volvían luego de sus escapadas, no siempre lo hacían en buenas condiciones. Llegaban “desconectadas, idas y agresivas”. En ocasiones la familia no les permitía la entrada. Otras veces, los conflictos escalaban hasta la violencia física. En 2018, incluso, se dictó una orden de alejamiento contra un tío, luego de que golpeara a una de ellas. 

Sin madre ni padre presentes, las hermanas dependían afectivamente de su bisabuela, que ya superaba los 80 años y que se declaraba incapaz de contenerlas. Ella estaba convencida de que Fabiola arrastraba a Paula hacia la calle y las drogas. Pero Paula siempre la defendía.

En mayo de 2020, ocurrió el quiebre definitivo.

Un día de ese mes, Fabiola volvió a casa tras una de sus escapadas. Había consumido drogas, no se sabe cuáles, y estaba agresiva. La situación se salió de control y la joven terminó golpeando a su bisabuela y destrozando algunos muebles. Su tío intervino para defender a la anciana. 

Al ver la pelea, Paula se puso del lado de su hermana y el tío llamó a Carabineros. Él les insistió a los policías de que el problema no era Paula, sino Fabiola. De todas formas, ambas escaparon nuevamente, pero esta vez, la familia decidió no recibirlas de vuelta.

Quedaron viviendo en la calle. 

Para entonces, Paula llevaba apenas unos días fuera de un programa de rehabilitación por consumo de drogas, al que había ingresado por una intoxicación con medicamentos. Los profesionales destacaban que mostraba adherencia al tratamiento y voluntad de recuperarse. Pero ahora, en la calle, volvía a exponerse. Uno de los monitores del programa la llamó para saber cómo estaba.

La respuesta quedó registrada en su expediente: “Prefiero ir al Sename antes que regresar a la casa de mi mami (su bisabuela)”.

Semanas más tarde, tras una denuncia presentada por el mismo programa de rehabilitación, se determinó el ingreso de ambas hermanas a una residencia del Sename: el CREAD Pudahuel. 

***

Paula y Fabiola llegaron a la residencia en junio de 2020. Desde el inicio, Paula dejó claro cuál era su principal preocupación: permanecer junto a su hermana. En los informes vistos por V240 aparecía catalogada como víctima de negligencia grave, niña en situación de calle, con vulneraciones en la esfera de la sexualidad y una visión profundamente desesperanzada respecto de sus necesidades afectivas.

Fabiola, que había entrado pocos días antes al CREAD Pudahuel, preparó a su hermana para el ingreso. Le advirtió que las otras adolescentes eran “brígidas”. Paula dijo que por eso llegó “picá a chora”.

De hecho, los profesionales de la residencia informaron que amenazó en varias ocasiones a Educadoras de Trato Directo (ETD) y a otros adultos a cargo. Incluso les dijo a las demás residentes: “Digan que aquí todos les pegan y las maltratan… denuncien aunque es mentira, para que despidan a todos”.

Pronto, Paula ya abandonaba y reingresaba al CREAD prácticamente a diario, casi siempre acompañada de Fabiola. Salían juntas, consumían drogas, se relacionaban con adultos y regresaban en malas condiciones. Era una rutina muy similar a la que mantenían antes de ingresar al sistema de protección.

Conseguían dinero robando celulares, hurtando productos en supermercados o pidiéndole ayuda económica a un padrino que las apoyaba desde hacía años. A él le decían que en el Sename no les daban comida y que tenían permitidas las salidas. Además de dinero, el padrino les regalaba ropa e, incluso, celulares.

En una ocasión, Paula vendió uno de esos teléfonos. La situación provocó una discusión con su hermana. Fabiola le dijo que era capaz de hacer cualquier cosa para conseguir drogas. La pelea alertó a los profesionales del CREAD. Comenzaron a preguntarse por la relación con ese padrino: ¿qué vínculo real tenía con ellas?, ¿cuáles eran sus verdaderas intenciones? Se sospechó de una posible situación de explotación sexual comercial y Paula fue incorporada al Programa de Reparación de Explotación Sexual (PEE) de San Miguel.

Sin embargo, la indagatoria mostró una historia distinta a la que suponían. El padrino era vendedor de frutas en una feria y no solo ayudaba económicamente a Paula y Fabiola. También las instaba a cuidarse y dejar las drogas. Además, había intentado apoyar a la madre de las niñas años antes.

Tiempo después, la conducta de Paula comenzó a cambiar. Ya no estaba a la defensiva y, por primera vez en mucho tiempo, parecía estabilizarse. Pero en las entrevistas puso una condición: “Si mi hermana se quiere ir (del CREAD), yo me voy con ella”. 

***

En noviembre de 2020, fue trasladada a la Comunidad Terapéutica Rayencura, en San José de Maipo. La pandemia por el Covid-19 seguía vigente, por lo que solo podía mantener contacto con su bisabuela y una tía materna mediante videollamadas diarias. Había logrado reconocer el lugar como su hogar, pero el proceso volvió a romperse cuando denunció a una cuidadora por malos tratos.

En julio de 2021, se notificó su abandono definitivo y voluntario del CREAD Pudahuel. Sin embargo, Paula aseguraba que su salida había sido por otras razones: “Me echaron del CREAD”.

Se lo dijo por teléfono a una monitora del PEE San Miguel, donde aún estaba inscrita.

“¿Por qué ahora quieren verme? Yo no confío en nadie y no quiero ayuda”.

Esa conversación ocurrió después de una visita del PEE a la casa en San Bernardo. En esa ocasión, solo estaba la bisabuela. La dupla psicosocial la encontró descompensada, producto del comportamiento de las hermanas. Ella seguía aferrada a la idea de que Paula aún podía “rescatarse”. Con Fabiola, en cambio, parecía haber perdido toda esperanza.

Paula, por su parte, había iniciado una relación con una joven tres años mayor, con quien pronto comenzó a convivir. Por un periodo fue considerada como posible adulta responsable para su egreso. Después pasó a ser vista como un factor de riesgo. Su pareja también era consumidora habitual de drogas. Meses más tarde, Paula la denunció por violencia intrafamiliar, a través del programa Mi Abogado.

El año 2023 fue aún más complejo. La bisabuela debió abandonar la casa de San Bernardo por problemas de salud. Allí quedaron Paula, su pareja, la abuela y dos tíos abuelos. Fabiola estaba vetada, tras protagonizar otro episodio violento.

Cuando cumplió los 18 años y egresó de la red, Paula estaba consciente de lo que eso implicaba. Le preocupaba perder las redes de apoyo. Pronto dejó tercero medio, intentó suicidarse y fue ingresada a la Unidad Psiquiátrica del Hospital Sótero del Río.

Familiares consultados por V240 aseguran que tanto Paula como Fabiola se encuentran hoy en situación de calle y que continúan con el consumo de drogas. “Nunca salieron de esa condición”, dice uno de ellos.


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