El mercado negro de los ajolotes en Chile

Viajan ocultos en cajas, botellas y recipientes plásticos. La mayoría muere antes de llegar a destino. Tras la incautación de más de 65 ajolotes en abril de este año, V240 reconstruyó cómo opera el contrabando de este anfibio en peligro crítico de extinción, además de la compra y venta de ejemplares, que funciona a plena vista en grupos de Facebook.

Por Margareth Chirinos y Silvana Campos 

25 de Junio de 2026

El ajolote suele cruzar la frontera dentro de una botella plástica con la tapa apenas perforada. A veces viaja envuelto en una polera húmeda. Otras, encerrado en cajas de plumavit selladas o en pequeños recipientes que no le permiten moverse, apenas flotar.

Su tamaño juega a favor de los traficantes. Es tan pequeño que cabe en la palma de una mano. Tampoco hace ruido y puede transportarse junto a decenas de ejemplares en una sola caja. Según la Policía de Investigaciones (PDI), las redes que lo ingresan al país utilizan las mismas rutas que el contrabando de drogas o armas: pasos irregulares, zonas sin control y caminos que no aparecen en los mapas. Las fronteras con Bolivia y Argentina concentran gran parte de estos movimientos. Las técnicas son las mismas, las redes también. Lo que cambia es la carga.

El ajolote fue declarado en peligro crítico de extinción en 2006 por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una categoría que implica un riesgo extremadamente alto de desaparición en estado silvestre. Por lo mismo, su comercialización en Chile está restringida y exige acreditar el origen legal de cada ejemplar.

El negocio, sin embargo, es rentable y el contrabando, difícil de controlar.

Según datos de la PDI, apenas uno de cada diez ajolotes traficados sobrevive al traslado. El resto queda en el camino, asfixiado, deshidratado o expuesto a temperaturas que no resisten. Cuando son incautados, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) evalúa si pueden ingresar al país. Muchos no cumplen con las condiciones sanitarias. Algunos mueren durante el procedimiento. Otros deben ser sacrificados.

En abril, la PDI realizó un operativo en la comuna de San Miguel donde decomisó más de 65 ajolotes, la mayor cantidad hasta ahora, lo que encendió alarmas de las autoridades fiscalizadoras. A diferencia de otros animales, como monos o aves, que suelen ser decomisados en grupos de entre uno y cinco ejemplares, los ajolotes se incautan en cantidades mucho mayores, según la PDI. Esto se explica, en parte, por su capacidad reproductiva: una hembra puede poner entre 100 y 600 huevos en una sola puesta, lo que permite a los vendedores ilegales obtener rápidamente grandes camadas de anfibios.

V240 comprobó que los animales se comercializan en Facebook bajo la misma lógica de cualquier feria virtual. “Busco ajolote en Santiago”, “¿Alguien vende en la zona norte?”, “Disponibles, hablar interno”, se lee en grupos dedicados a la compra y venta de estos animales.


Los anuncios duran horas. A veces minutos. Cuando alguien muestra interés, la conversación migra a privado: “Escríbeme por interno y te doy más información”, respondió un usuario a una consulta de V240.

Se venden en grupos cerrados, perfiles falsos y publicaciones que desaparecen rápidamente. Entre ellos, el más activo es Ajolotes Chile, con más de 500 miembros. Los precios dentro de esta comunidad varían entre 20 mil y 120 mil pesos, dependiendo del color, el tamaño o la rareza del ejemplar. El rosado es uno de los más cotizados, junto al mosaico, una variedad que combina múltiples tonalidades en su cuerpo.

Pero esto no es una tienda de animales. No hay vitrinas ni boletas, solo contacto directo. Como documentó V240, las conversaciones comienzan con fotografías: imágenes y videos enviados por interno donde aparece el ajolote dentro de un recipiente transparente de pocos centímetros de diámetro. Otros, en bolsas con agua turbia.

Pero el vendedor no entrega toda la información de entrada. Solo habla si le consultan por los cuidados básicos del animal. Tampoco le interesa si el cliente tiene experiencia con ellos. En los grupos, las dudas de los interesados en comprar van desde los años que puede vivir hasta otras más inesperadas: “¿Por qué mi ajolote se convierte en una salamandra?”.

En diversos posteos publicados en grupos de Facebook, monitoreados durante semanas por V240, varios vendedores de ajolotes dan consejos. “Come larvas, lombrices, pellet”, “necesitas pecera, mínimo 40 litros, a menos de 20 grados”, “se entrega en domicilio”. Sin embargo, ninguno de ellos transparenta el origen del animal ni advierte que no cuentan con el certificado de Origen Legal, otorgado por el SAG.

Entre los mensajes aparece Danilo. Responde rápido. Su contacto circula de mano en mano entre quienes ya le compraron. Es conocido en el grupo. Aparece en comentarios, recomendaciones y en conversaciones cruzadas, pero no publica mucho. Vende desde su casa.

—Yo tengo un hermano en el norte que me trae las larvas —dice por teléfono—. Así es como tengo tantos. Ahora no tengo ninguno, porque se venden rápido. Sobre todo a señoras. Los compran como regalos de cumpleaños para sus niños.

De hecho, según compradores consultados, el interés ha crecido entre adolescentes debido a la popularidad del ajolote en redes sociales y a su aparición como personaje en el juego Minecraft. Otros piensan que tener uno da suerte.

Una clienta señala que adquirió dos ejemplares en Santiago por 45 mil pesos y que la persona que se los vendió los ofrecía “bien cuidados y baratos”. “Los míos los traje (a la casa) en marzo y están sanitos”, asegura y, como muestra, envía un video de ellos nadando en una pecera. Sin embargo, admite desconocer la normativa que restringe su tenencia y no sabe si es necesario contar con algún permiso del SAG para tenerlos legalmente.

En el grupo hay vendedores de casi todo el país. En San Bernardo, un hombre ofrece ejemplares según su edad: 40 mil pesos por animales de un mes y 60 mil por aquellos de tres meses. En Iquique, una mujer los vende a domicilio entre 40 mil y 80 mil pesos, dependiendo del color, el tamaño y lo que describe como su “calidad”. En Temuco, los precios parten en los 20 mil pesos por ejemplares pardos de seis meses. Son los más baratos en el grupo.


El interés por los ajolotes ha crecido entre adolescentes debido a su popularidad en redes sociales y a su aparición en el juego Minecraft.


El ajolote evolucionó en un ecosistema que ya casi no existe: los antiguos lagos mexicanos de Texcoco, Xochimilco y Chalco. Hoy, gran parte de ese entramado yace bajo Ciudad de México. Lo que queda son algunos canales contaminados, donde la especie apenas sobrevive.

No nada como los peces ni se desplaza como otros anfibios. Permanece suspendido en el agua y se mueve poco, como si durmiera. Su cuerpo es blando, alargado y pequeño. En la naturaleza es de color oscuro, café o negro, suficiente para confundirse con el fondo de los canales. En cautiverio, en cambio, aparecen ejemplares blancos, rosados e, incluso, translúcidos.

Lo más llamativo es la cabeza. Ancha y redondeada. De cada lado brotan tres ramas finas, como plumas, que se abren y se cierran con suavidad: sus branquias externas. Sus ojos son pequeños, sin párpados. Nunca se cierran. Y debajo, una línea curva cruza el rostro. Parece una sonrisa.

“Es un animal extraordinario”, dice Pablo Quilodrán, arqueólogo. Hace más de veinte años tuvo ajolotes en su casa. Los compró legalmente en una tienda de mascotas, antes de que fueran declarados en peligro de extinción. Tiempo después los donó al acuario de Aquamundo, ubicado en el Parque O’Higgins, donde aún permanecen.

“Son neoténicos. No completan su desarrollo”, explica. “Mantienen características larvales toda la vida”. Eso significa que nunca dejan el agua, porque nunca se transforman del todo. Se quedan en un punto intermedio. Al no desarrollarse, obtienen otras características.

“Tienen células totipotenciales”, agrega Quilodrán. “Pueden regenerar partes completas de su cuerpo. Extremidades, órganos… incluso partes del corazón o del cerebro”.

Esa capacidad ha convertido al ajolote en objeto de estudio para científicos de todo el mundo. Vive entre 10 y 15 años en estado silvestre y supera las dos décadas en cautiverio. Bajo ciertas condiciones, puede sufrir una metamorfosis. Pierde las branquias, desarrolla características propias de una salamandra terrestre y abandona parte de la capacidad regenerativa que lo ha hecho famoso.


La foto fue enviada por un vendedor. Los ajolotes están dentro de un recipiente de vidrio de pocos centímetros de diámetro, donde apenas pueden moverse.


Aunque Chile mantiene una de las barreras zoosanitarias más estrictas de la región, los ajolotes siguen ingresando al país de forma irregular. El país es parte de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), un tratado que regula el comercio de especies en riesgo para resguardar su conservación.

Por ello, la legislación nacional exige acreditar la procedencia de cada ejemplar mediante documentación específica. Comercializarlos o transportarlos sin esos permisos puede derivar en multas superiores a los seis millones de pesos e, incluso, penas de cárcel que van desde 61 días a tres años.

Los decomisos, sin embargo, muestran que el mercado sigue activo.

En 2020, un ajolote fue rescatado desde una tienda de mascotas en Quilpué, donde permanecía en un recipiente tan pequeño que apenas podía desplazarse. Ese mismo año, otros dos ejemplares fueron encontrados en un restaurante de Paillaco, en la Región de Los Ríos.

Dos años más tarde, otros 44 ajolotes llegaron al Buin Zoo después de ser incautados por la PDI. Los animales estaban siendo comercializados a través de Facebook. El zoológico suele recibir fauna decomisada mientras los tribunales y organismos competentes deciden su destino definitivo. Consultado por V240, confirmó que los ejemplares continúan bajo su cuidado y que permanecen en exhibición.

Ese mismo 2022 se registró una de las mayores incautaciones de la última década. Según antecedentes obtenidos por V240 a través de la Ley de Transparencia al SAG, se detectaron 50 ajolotes en el complejo fronterizo de Chacalluta, en la Región de Arica y Parinacota.

Según la PDI, el ingreso irregular de especies no solo afecta al animal, puede introducir enfermedades y alterar ecosistemas, además de generar riesgos económicos y sanitarios. Por eso, después de la incautación, el destino nunca es claro. Pueden ir a centros de rehabilitación, zoológicos o fundaciones. Lugares que, muchas veces, no tienen capacidad suficiente para los cuidados de un animal exótico como este.

Pero determinar cuántos ajolotes han sido decomisados en Chile resulta difícil. V240 solicitó a la PDI y al SAG información sobre el número de ejemplares incautados. La policía indicó que las estadísticas debían ser consolidadas por el SAG. Sin embargo, este último organismo solo entregó antecedentes tras una petición realizada por Ley de Transparencia.

Esa base de datos registra 57 ejemplares incautados y apenas cinco operativos en los últimos diez años, ocurridos en 2015, 2016, 2020, 2022 y 2024. Pero los antecedentes recopilados por V240 a partir de registros policiales y archivo de prensa permiten identificar al menos 110 ajolotes decomisados en los últimos seis años.

Desde el SAG señalaron, mediante un comunicado, que la venta de ajolotes en redes sociales es “una materia que reviste especial relevancia para este Servicio” y que actualmente trabajan en la implementación de “inteligencia artificial para robustecer y mejorar la búsqueda de posible comercialización de fauna silvestre”.

El organismo agregó que, formalmente, no registra solicitudes de importación de esta especie y recordó que la persecución de los delitos asociados al contrabando de fauna protegida corresponde al Ministerio Público.

También reconoció que “actualmente no existe un plan de fiscalización específico enfocado exclusivamente en esta especie”, aunque aseguró que realiza controles periódicos en establecimientos inscritos en el Registro Nacional de Tenedores de Fauna Silvestre, además de atender denuncias ciudadanas.


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