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La olla común más grande de Quilicura

Llegaron a entregar cerca de mil raciones diarias. Pasaron rápidamente de ser una olla común a un centro de ayuda para todos quienes requerían apoyo, incluso para hacer trámites. Entre los más necesitados: el alto número de migrantes que vive en la comuna del norte de la capital.

Por Rafaella Zacconi P.

1 Diciembre 2020

A eso de las 7 de la mañana, cada lunes, miércoles y viernes, Ana María Millacaris (45), presidenta del Sindicato de Manipuladoras de la empresa de alimentos Saludable y Nutritivo S.A, llega a la sede de la CUT Chacabuco (Luis Zegers #423) para preparar el menú de la olla común Organizaciones sociales de Quilicura.

El 17 de abril del 2020, Ana recibió la invitación de Yerko Toro, fundador de la iniciativa, para participar de la olla común e ir en ayuda de las personas afectadas por la crisis sanitaria. En aquel entonces, Fundación Mi Casa, Dejando Huellas, CUT Chacabuco, Constramet y el sindicato que ella lidera eran quienes principalmente mantenían en pie la olla. 

Si bien en un inicio el objetivo principal era atender a personas en situación de calle, a los pocos días se comenzó a difundir la iniciativa entre los vecinos del sector y el número de asistentes que iba a solicitar comida fue en aumento. Así, de 150 raciones diarias terminaron a fin de mes entregando más de mil, transformándose, según Yerko, en la olla más grande de Quilicura.

Aún cuando el trabajo aumentó de un día para otro, las ganas de ayudar a la comunidad nunca cesaron. De hecho, para Ana esto sólo significó generar más redes de apoyo, como ayudar a realizar trámites en línea, cobrar seguros de cesantía, solicitar bonos, entre otras cosas necesarias “para paliar un poco esta crisis”.

“Para mí, en lo personal, es imposible no emocionarme con cada historia de dolor que nos toca escuchar y es imposible no involucrarme y hacer todo lo que yo puedo por mi vecino, hermano, compañero”, explica.

Sin embargo, tres meses después de su creación, los recursos escaseaban y la carga de trabajo era para muchos insoportable. Así, tanto las organizaciones como el propio fundador de la iniciativa comenzaron a realizar otro tipo de ayudas solidarias y dejaron de asistir a la olla común. Frente a esto, el Sindicato de Manipuladoras junto a la CUT se hicieron cargo del comedor comunitario y Ana se convirtió en la coordinadora principal.

Además, al verse disminuida la mano de obra, como comenta Ana, debieron cambiar la modalidad de la iniciativa y ahora sólo operan tres días a la semana, entregando aproximadamente 300 raciones diarias. Para ello, cuentan también con el apoyo de la Municipalidad de Quilicura que, según Ana, ha sido indispensable para todas las ollas comunes del sector, pues además de aportar insumos todas las semanas, facilitan transporte y asesoramiento en materia social.

A nosotros nos ayudan con el vehículo municipal que nos prestan para poder entregar las colaciones, porque nosotros atendemos en la misma sede, la gente va con su fuente y, aparte, tenemos una ruta que entrega en domicilios, que es para la gente con discapacidades, gente postrada, la gente más vulnerable, la tercera edad”, explica.

Asimismo, por medio de la olla común han apoyado constantemente a la comunidad migrante que reside en la comuna, ya que, según Ana, son las personas que más necesitan y que se han visto afectados por los índices de cesantía. “Todos los días escucho relatos de inmigrantes. Hay un montón de casos que son bien complejos que nosotros atendemos. Porque en realidad nosotros fuimos evaluando la situación, fuimos dándoles herramientas a la gente, como por ejemplo, buscar trabajo, a cobrar la cesantía, etc.”, señala.

Aquellos días en los que la olla no funciona, los diez voluntarios que se encuentran actualmente trabajando se reparten distintas labores, como comprar alimentos e insumos básicos, conseguir donaciones y atender público para guiarlos en distintas materias sociales como la vivienda y el trabajo.

“Creo que hay un gran trabajo desde las ollas comunes, el resultado del plebiscito fue muy importante, porque la gente vio que el pueblo está ayudando al pueblo, no el gobierno que nunca se hizo cargo de apoyar al pueblo, todo lo contrario. O sea, solamente favoreció a los grandes empresarios, no a los trabajadores, y los trabajadores han tenido que pagar esta crisis”, enfatiza Ana.

Actualmente, según datos recopilados por La Olla de Chile y Voluntarios X Quilicura, existen alrededor de 75 ollas comunes en Quilicura, las cuales alimentan a más de 100.000 personas diariamente. Y si bien la cuarentena ya no es un impedimento para seguir con la anhelada “normalidad”, varios sostenedores de ollas comunes como Ana afirman que no tienen proyecciones de terminar, sino que buscan mantenerse al 100%.

“Al pasar el tiempo se hace todo más difícil. Por ejemplo, los primeros meses algunos concejales de la comuna nos aportaron con repartir las comidas de la olla, ahora tampoco está ese apoyo. Los aportes económicos o de insumos también disminuyeron. Creo que va ser necesario levantar una campaña solidaria para poder seguir manteniendo la olla. Pero para las personas que seguimos trabajando es impensable dejar en el abandono a tantas personas que solo tienen lo que nosotros le podemos entregar”.

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