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Cristian Alarcón: ‘‘Los cambios han llegado a las salas de redacción con nuevas generaciones de periodistas que creen en otro tipo de escritura’’
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Cristian Alarcón: ‘‘Los cambios han llegado a las salas de redacción con nuevas generaciones de periodistas que creen en otro tipo de escritura’’

El periodista y cofundador de Revista Anfibia conversó con Vergara 240 sobre la llegada del medio a Chile, la identidad de la revista y el rol que busca jugar en el actual contexto social.

Por Francisco González y Benjamín Puentes

18 de Mayo de 2023

La trayectoria de Cristian Alarcón Casanova (52), ha estado marcada por un cruce de fronteras y estilos. Nacido en Chile, se licenció de periodista en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Desde inicios de los años 90, se ha dedicado al periodismo de investigación, realizando crónicas y colaborando para medios como Clarín, Página 12, Rolling Stone y Gatopardo. En paralelo, en esa misma década experimentó en otros formatos del periodismo, siendo corresponsal de la revista TV y Novelas, cubrió la vida de Cecilia Bolocco en Argentina a principios de la década del 2000.

A su trabajo periodístico, se suma una prolífica carrera como escritor: Cuando me muera quiero que me toquen cumbia: Vida de pibes chorros (2003); Si me querés, quereme transa (2010); Un mar de castillos peronistas: Primeras crónicas desorganizadas (2013), y El tercer paraíso (2022), su primera obra de ficción ganadora del premio Alfaguara (novela). 

Bajo el alero de la Universidad Nacional de San Martín, en 2012 fundó la Revista Anfibia en Argentina. Un proyecto que ha sido reconocido por liderar un proceso de transformación de la crónica latinoamericana y de la narrativa de no ficción, y que desde el 2022 cuenta con una versión chilena, donde colabora un destacado grupo de intelectuales, académicos y periodistas.

“Anfibia Chile surge como el primer desafío que nos imponemos para apostar por la transnacionalidad de Anfibia, no una transnacionalidad fundada en la idea de que el tránsito de las fronteras solamente es físico, sino también simbólico y que nuestra condición trans nos habita”, cuenta Alarcón a propósito de la llegada del medio a nuestro país. Dice también que el interés por Chile surgió tras el estallido social del 2019, fenómeno que Anfibia cubrió con distintas publicaciones, que convirtieron a nuestro país en el segundo consumidor de la revista. 

 

En la web se define a Anfibia como un experimento, una revista nativa digital ¿Por qué se creó?

“La experimentación está en la raíz del periodismo latinoamericano, no es algo de lo que podemos enorgullecernos o atribuirnos aquellos que hoy damos la batalla por la innovación real dentro de los medios de América Latina. Cuando decimos que Anfibia es un espacio de experimentación, es porque empezamos hace más de 11 años en un vaivén que va de la narración literaria al paper académico, intentando producir textos que respiren adentro y abajo del agua, tal como los anfibios. Es decir, hacer textos construidos con la potencia que da el afán del conocimiento, que es algo que proviene de la ciencia, pero con la ambición de la belleza y del uso del lenguaje con aspiraciones estéticas que se acercan a la novela, al cuento, a la poesía, al arte contemporáneo; a experiencias no textuales”.

 

¿Qué hay detrás del nombre de la revista?

“No nos sentimos satisfechos con una nominación taxativa y cerrada, en donde uno es algo para siempre. Nunca me sentí cómodo en una sola posición: mi propia identidad como migrante chileno en la patagonia argentina, mi hibridez cultural producto de cruzar estas fronteras culturales, mi devenir sexual, mi devenir urbano de hijo de campesinos de la X Región. He sido habitante del desierto patagónico y citadino embelesado por los recodos urbanos y suburbanos de una Buenos Aires sumamente democrática y peronista. La creación de un espacio como Anfibia es el resultado de un loco afán por seguir descubriendo en el periodismo un nuevo modo de estar y de existir. Anfibia define la existencia, el ímpetu y la fuerza que tienen los nuevos periodismos en un contexto de extinción. Ahora nos amenaza el cambio climático, la inteligencia artificial y la tecnología que nos acorrala diciéndonos que no vamos a servir para nada, que nos convertiremos en mascotas de los robots. Anfibia intenta pararse en un lugar que desafía ese futuro incierto, no conformándose con los agoreros que dicen que el periodismo ha muerto, que la política y la democracia murió, que todo lo que vale hoy es asegurarse que el otro no nos dañe buscando en la restricción la única salida posible frente al miedo insoportable que nos produce el futuro”.

 

¿Qué tienen en común las distintas voces que colaboran en Anfibia?

“El riesgo que toman, cómo se permiten acompañar estos procesos que son de diálogo intelectual entre editores y autores interdisciplinarios. Trabajan con sus egos para permitir el proceso maravilloso de la edición compleja, que es un proceso en el cual hay que entender que el otro no es alguien que te viene a golpear y a censurar y a tachar y a reescribir solo por el gusto de desautorizar tu pluma. Existe una vieja escuela en el periodismo que es la del maltrato, un maltrato que está fundado en la idea de que con sangre la letra entra. Las redacciones de nosotros, los que estamos alrededor de los 50 y de las generaciones anteriores, han sido de mucha sujeción, de autoritarismos machistas, gobernadas casi siempre por hombres en donde ganaba el más fuerte, el conquistador, el más atrevido, el sagaz, el capaz de dar el golpe, de conseguir la primicia con codos y puntapiés. Pero las transformaciones han llegado a las salas de redacción con nuevas generaciones de periodistas que creen en otro tipo de escritura, en otro tipo de apuesta política; que no le tienen miedo a la toma de posiciones o al activismo”.

“Lo común de las voces de Anfibia está en algo que podríamos considerar espiritual: el profundo deseo de singularidad, de pertenecer a un colectivo de insatisfechos que buscan con ansias y con esfuerzo la singularidad, y eso se nota en el uso del lenguaje. Es allí donde se construye un nuevo periodismo, en esa búsqueda que implica considerar al editor un cómplice, no un enemigo, y que incluye la idea de retroceder en las convicciones, en las certezas, de entrar en una zona en donde no es necesario saberlo todo, y en donde la lectura de textos a veces teóricos o a veces narrativos ilumina, alimenta, completa y da como resultado un periodismo que no se conforma con los formatos habituales”.

Captura de pantalla web Revista Anfibia Chile

La revista Caras, la farándula, los realities y la gala del Festival de Viña del Mar, que se consideraban extintos u obsoletos tras la pandemia, se reactivaron  ¿Por qué estos formatos están volviendo a consumirse?

“No es sorprendente que las audiencias que están absolutamente saturadas, agotadas, cansadas de la seriedad de los problemas del mundo y de los problemas que tienen todos los días, hagan dos cosas: permitir a la policía que mate de frente a cualquiera, o leer historias basura de lo más entretenidas y divertidas que los rescatan del espantoso tedio que es habitar este planeta ¿Quién de nosotros puede tirar la primera piedra, quién de nosotros no lee una noticia de farándula o a quién no le gusta el chisme? No tengo absolutamente nada en contra de la prensa rosa, me parece mucho más perjudicial la aburrida prensa de izquierda que la del corazón. Le hace más daño al planeta que la revista Hola”.

 

Se dice que en Chile tras el estallido y el proceso constitucional nos encontramos en un período de reacción conservadora ¿Crees que es así? ¿Qué rol puede jugar Anfibia en ese contexto?

“Tal como están las cosas, diría que la reacción conservadora genera resistencias y habrá que prepararse para que esa resistencia sea lúdica, festiva, gozosa, placentera y deseante. Las resistencias desde el sufrimiento no van a sobrevivir a los procesos de extinción que estamos viviendo. Definitivamente, ni el sufrimiento, ni la reivindicación del dolor, ni de la victimización reiterada serán las que nos van a llevar a encontrar modos más o menos felices de transitar una época aciaga. No me gusta la idea de rasgar vestiduras, no quiero tirarme de rodillas en la puerta de La Moneda desilusionado y aterrado por lo que va a ocurrir con la política en Chile porque este gobierno se ha visto compelido a girar a la derecha en sus políticas securitarias por algunos policías muertos. Prefiero buscar respuestas más allá y creo que ni Anfibia ni ningún medio pueden ser el depositario del espanto, del horror que causan las noticias, sino que hay que proponerle a las audiencias modos de estar que los conecten con asuntos mucho más vitales y erotizantes, no en términos solamente físicos, sino en términos intelectuales. Quiero que nuestras audiencias, las que pertenecen a cierto mundo progresista universitario, que intentan estar conectadas con el mundo, que tienen convicciones personales que no quieren abandonar; no sientan el abatimiento. Creo que el gran desafío filosófico de los jóvenes es justamente reinventarse el futuro, sin las utopías de quienes fuimos expulsados de Chile por la dictadura, de quienes abrazaron las grandes causas mundiales, y de quienes estaban a uno o al otro lado de un mundo dividido por la polaridad de un muro”.

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