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“El año de la plaga”: el desafío de ilustrar la pandemia
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“El año de la plaga”: el desafío de ilustrar la pandemia

Paula Escobar y Francisco Javier Olea revelan detalles del nuevo libro de la Colección Tal Cual de Periodismo UDP y Editorial Catalonia.

Por Safka Parraguez y Catalina Zúñiga

11 Diciembre 2020

En medio de la crisis sanitaria más profunda del último tiempo, Paula Escobar y Francisco Javier Olea se propusieron recoger testimonios para documentar cómo el Covid-19 alteró la vida de miles de chilenos. Un desafío en medio de las restricciones de la cuarentena y con un ingrediente adicional: recrear las historias usando ilustraciones. 

Así nace El año de la plaga: Historias ilustradas de la pandemia, libro con espíritu de cómic, que en estos días llega a librerías. El volumen recorre distintas vivencias: desde un matrimonio de médicos contagiados en Punta Arenas, hasta un activista solidario vestido de completo gigante en el desierto nortino. “El relato gráfico para contar historias de no ficción es un formato súper interesante, que se está practicando hace mucho tiempo y del que ya hay ejemplos increíbles, además de un trabajo previo que habíamos impulsado en la revista El Sábado antes con Pancho (Francisco Javier Olea)”, comenta Paula Escobar, co-autora del libro y ex editora de revistas de El Mercurio

Hace cerca de tres años viajó a Oakland, en la bahía de San Francisco, donde conoció este formato y no dudó ponerlo en práctica más tarde en Chile. “Me impresionó mucho. Sentí que era una manera de usar esas historias que cuesta tanto reportear, en un formato que puede llegar a muchas más personas, sobre todo a jóvenes”, relata la también académica de Periodismo UDP. 

Sobre la génesis de  El año de la plaga, Escobar señala que una de las inspiraciones más importantes fue la publicación en The New York Times de una serie de historias gráficas en formato digital durante el inicio de la pandemia. “Así pensé ‘hay que contar estas historias’. Esto fue a principios de abril. Estábamos recién partiendo, todavía pensábamos que esto podía durar como un mes de cuarentena, y no sé, llevábamos dos semanas recién y nadie se podía imaginar lo que fue. Ahí llamé a Pancho y a él le interesó muchísimo. Y partimos”, cuenta Escobar.

Buscando historias en pandemia

Parte del proceso que vivieron los autores de El año de la plaga fue encontrar historias que lograran representar no solo lo que estaba viviendo gran parte del mundo, sino también que esas historias en particular fueran poderosas. 

De esta manera, Escobar dice que al inicio del proyecto tenían una lista de posibles casos para abordar. Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo se fueron dando cuenta de que algunas  historias que iban encontrando eran mucho mejores que su idea original. “Realmente me sirvió para comprender a un nivel más profundo esas vivencias”, reflexiona la periodista. Agrega que “nosotros las fuimos evolucionando, a medida que la pandemia traía otro tipos de problemas: de partida problemas económicos, de cesantía, después los niños que no iban al colegio, en fin, un montón de variables. Lo que buscábamos, más allá de un check en una lista, era que esa historia fuera mucho más que solo ser la representante de un caso”. 

Asimismo, el ilustrador Francisco Javier Olea afirma que en algunas oportunidades se sorprendió por los casos que fueron encontrando. “Hay historias que son redonditas, que son una película en sí. El tipo que hace los respiradores, por ejemplo, muestra cómo la vida se te da vuelta en un momento, en distintos aspectos de tu vida. Cómo esta pandemia te puede abordar desde distintos lados: desde tu parte profesional hasta tu parte familiar, y cuando estas dos cosas tienen que ver… hay historias que son muy contundentes”, explica el artista. 

El plazo máximo para terminar el libro era finales de octubre. Fueron más de seis meses de trabajo en conjunto y un aprendizaje tanto para la periodista como para el ilustrador. Si bien Paula Escobar y Francisco Javier Olea llevan cerca de 18 años trabajando juntos, nunca antes habían co-escrito un libro con relatos ilustrados en un contexto tan dramático como una pandemia mundial. 

“Yo todavía no puedo creer que hayamos logrado terminar el libro, los plazos que nos pusimos fueron, francamente, muy apretados”, dice la periodista y escritora. Francisco Javier Olea también se refiere a lo difícil que se tornó a nivel personal trabajar durante estos meses de confinamiento. “Partí muy entusiasmado porque pensé que esto iba a durar un mes y era como entretenido ir contando historias de lo que pasó cuando estaba esto del Covid, pero esta cosa avanzaba y avanzaba. Entonces, meterse todas las semanas en una historia sobre el tema (…) tenía que tomármelo con calma, porque uno empezaba a angustiarse de verdad. Y esto de estar conociendo experiencias de enfermos de Covid con historias complejas, realmente iba provocando una pequeña sensación interna como medio terrible, de involucrarse en el tema”, comenta.

Hacer entrevistas en tiempos de distanciamiento social también fue un desafío complejo para Paula Escobar. “Fue súper difícil reportear en pandemia, porque básicamente uno no puede ir a la calle a hablar con las personas. Necesitas que te contesten el teléfono, que quieran hablar contigo, y creo que lo que a mí más me dio fe en el proyecto fue cuando logré tomar contacto con las personas: que quisieran contar su historia y encima en un formato poco conocido, en el que no saben cómo van a quedar dibujada, en fin (…) De alguna manera, se generó una conexión con las personas que finalmente elegimos para el libro; ellos también nos escogieron a nosotros para contar esas historias”, afirma la coautora del texto.

Dibujando la realidad

Francisco Olea, ilustrador con más de 20 años de experiencia en el mundo periodístico, partió con la meta de dibujar una página al día. Sin embargo, con el paso del tiempo, los plazos se fueron acortando y terminó realizando dos o incluso más páginas de las ilustraciones del libro diarias. 

¿Cómo organizaron el proceso creativo? Paula Escobar estaba a cargo de guionizar las historias, explicando los detalles y cómo se iban sucediendo las circunstancias. Francisco desarrollaba el universo visual, recreando las distintas situaciones. “Esto no es una película realista sobre los hechos. En el fondo, como el rol un de director de película, agrego personajes, elijo las locaciones que no están descritas, entonces yo me imagino la casa donde viven y cómo son los personajes reales”, explica Olea. 

Para interiorizarse más con las historias, Paula le pedía a sus entrevistados algunos registros visuales para conocer el contexto de los lugares en el que ocurrían los hechos y luego se los enviaba a Francisco, para que le sirvieran de inspiración para las historietas. Sin embargo, existió una libertad creativa para representar cada relato, la cual fue acordada entre los autores y los protagonistas, quienes iban conociendo de qué forma se estaba representando su testimonio. 

En cada uno de los casos, Francisco ilustró la historia como él la imaginaba y confiesa que “eran tres personas involucradas en el fondo: el personaje, Paula y yo. No podíamos cambiarla mucho, pero había que involucrar de alguna forma al personaje, que fuera realista, pero con un poco de emoción”. 

Respecto a las ilustraciones de los protagonistas de las historias, Olea explica que: “Los personajes sí están basados en la realidad”. Y agrega: “En varios casos para hacer los dibujos sobre los personajes busqué alguna imagen de las personas y traté de acercarme, pero tampoco es que fuera igual. No había un personaje que fuera, digamos, muy conocido públicamente. Si bien la doctora Iduya allá en Magallanes y Felipe Lechuga habían tenido apariciones en televisión, y Luz Vidal también, como presidenta de las trabajadoras de casas particulares, el resto de la gente era más “anónima”. Entonces, tampoco traté de que quedaran igualitos ni perfectos, sino que fueron una sensación. Que tuviera algo: el pelo o algún detalle que hiciera que ese personaje fuera reconocible durante la historia”, concluye el artista.

Revisa a continuación un adelanto del libro, con el capítulo “Dar a luz con Covid”

 

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