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La lucha de los recuperados: cómo se vive la rehabilitación tras sufrir Covid-19
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La lucha de los recuperados: cómo se vive la rehabilitación tras sufrir Covid-19

Dolores de cabeza, pérdida de masa corporal y problemas de movilidad, son algunas de las dolencias que persisten en la vida de muchos de los que padecieron la enfermedad.

Por Rafaella Zacconi P.

8 Septiembre 2020

Eran las 2:00 de la mañana del lunes 15 de julio. Las máquinas en la habitación anunciaban peligro y los profesionales de la salud corrían para salvar una vida, específicamente, la de Fredy Astorga (69). Ocho horas antes, él y su esposa ingresaron a Urgencias de la Clínica Indisa debido a que los síntomas del COVID-19 comenzaron a empeorar. La fiebre superaba los 38°C, la tos no paraba y respirar con normalidad le era cada vez más difícil. La causa: una embolia pulmonar provocada por el virus. Fredy fue hospitalizado de inmediato, pero a pesar de todos los cuidados, el virus no dio marcha atrás y pronto sus pulmones dejaron de funcionar.

Fredy permaneció en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por nueve días, intubado y sedado. “Uno no pierde totalmente el conocimiento, hay un sinnúmero de situaciones que te aparecen en la mente, que se confunden y se revuelven, entre sueños, cuando duermes, con lo que habla la gente que anda cerca, con lo que estaba en la tele, con los pitos de los instrumentos, etc”, agrega.

En total fueron 34 días de hospitalización y si bien un kinesiólogo lo visitaba todos los días, su condición física cambió por completo. Fredy perdió alrededor de 14 kilos de peso, su musculatura se debilitó al punto de no poder pararse, y los dedos de sus pies no respondían. De ahí en adelante la historia se resume en una palabra: rehabilitación.

Antes de contagiarse, Fredy era un hombre sano, sin enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión. Reconoce que su único defecto es que tenía un poco de sobrepeso antes de caer por el COVID-19. Por otro lado, su esposa, quien también se contagió, sufre de hipertensión y del síndrome mieloproliferativo crónico (SMPTE), que se caracteriza por engrosar la sangre. “Afortunadamente no se produjeron trombos en ella, aunque estaban todas las condiciones para ello. Esto grafica que este virus es impredecible en el ataque a distintas personas, por eso es tan peligroso”, menciona.

El Ministerio de Salud ha reportado más de 400 mil casos de personas que han sido diagnosticadas con COVID-19 en Chile, de los cuales un 94% ya estarían recuperadas, es decir, 379.459 pacientes. Sin embargo, aún cuando no haya un registro, hay quienes quedaron con algún tipo de secuela tras contraer esta enfermedad. De hecho, según el intensivista del Hospital Barros Luco, Ronald Pairumani, estas podrían estar relacionados directamente a problemas respiratorios, cardiológicos, neurológicos y físicos. En cuidados intensivos, los enfermos que ingresan con cualquier enfermedad crítica y en particular con el COVID-19, tienden a perder masa muscular durante su hospitalización. Esto es por diferentes factores: la inmovilización y también un estado de hipercatabolismo. El cuerpo trata de defenderse de la enfermedad y para eso utiliza bastante energías y proteínas”, mencionó el profesional.

Volver a caminar

Alejandro Paredes (65) vive en la comuna de La Florida. Recuerda que el pasado 13 de mayo fue un día caluroso, temperatura que empezó a sentir con más fuerza mientras esperaba en su auto el regreso de su esposa, que había ido a comprar a la feria. “Me bajé para refrescarme un poco, estaba con mi mascarilla en el cuello y en eso, desde atrás, escucho una voz que se dirigía a mí, me volteé y era el que cuida autos, muy molesto porque no le habían dado propina. Recuerdo que se acercó mucho a mí y mientras me hablaba, yo me puse la mascarilla y creo que eso bastó para contagiarme”, explica.

Tres días después comenzaron a manifestarse los primeros síntomas del COVID-19 y tras asistir a una consulta de urgencia al Centro Médico Peñalolén por molestias respiratorias, descubrieron unas pequeñas manchas en sus pulmones. Alejandro fue trasladado rápidamente a la Clínica Las Condes, donde permaneció hospitalizado por tres días, hasta que uno de sus pulmones comenzó a fallar y debió ser intubado.

“Estuve 30 días internado y de a poco fui recuperándome, pero lo que sí recuerdo es que tuve muchos pero muchos sueños mezclados con la realidad, algunos terribles, otros no tanto”, agrega.

Cuando Alejandro volvió en sí, luego de haber estado intubado por 12 días consecutivos, debió comenzar con la kinesioterapia. Había perdido 10 kilos de peso y su musculutura estaba tan dañada que no podía pararse ni mucho menos caminar. De hecho, en su primera sesión de ejercicios, Alejandro no pudo reunir fuerzas para levantar y bajar una almohada.

“Habían muchas cosas normales que no podía hacer, como sacarme o ponerme los zapatos y los calcetines, pude bañarme, pero no podía vestirme solo, me tiritaban las manos y me despertaba unas tres veces por las noches”, comenta.

Alejandro estaba bajo los cuidados de tres kinesiólogos que lo visitaban en distintos horarios durante el día. Así, al cuarto día de rehabilitación, pudo ponerse de pie por sí solo y retomar de a poco su autonomía.

Actualmente, Alejandro se encuentra en su casa junto a su familia cumpliendo la cuarentena y, según él, ha superado la mayoría de estas secuelas, pero ha experimentado una fuerte caída de cabello que, antes del COVID, no tenía.

Por el contrario, Fredy Astorga, a un mes de recibir el alta médica, aún no recupera al 100% su movilidad. Cada lunes, miércoles y viernes debe visitar a un fisiólogo para trabajar en la musculatura de sus piernas, sobre todo de la rodilla para abajo, que son las zonas que todavía tiene dormidas.

“Me dicen que esto no es rápido, la recuperación de estos músculos y nervios que están como atrofiados producto de haber estado seguramente boca abajo cuando estaba intubado. Los pies se fueron para atrás, entonces la misma posición, más la pérdida de musculatura hizo que se generara un atrofiamiento en estos tendones y parte de la musculatura”, explica.

Aún cuando ha debido tomar mayores precauciones al momento de caminar, Fredy se mantiene optimista frente a su recuperación, ya que su fisióloga estuvo en una situación similar a la suya y logró volver a caminar y trabajar con normalidad. “Hay que tener paciencia y perseverancia, hacer los ejercicios y ponerle dedicación y cuidado a todo el tratamiento, y con eso en unos tres o cuatro meses más podría estar totalmente recuperado”, agrega.

Costo de vida

El doctor Pairumani afirma que cuando hay una enfermedad, “la etapa de tratamiento o cura es relativamente corta comparado con la etapa de rehabilitación. La rehabilitación siempre es a largo plazo y mucho más costosa”.

Alejandro, por ejemplo, aún no recibe la cuenta de hospitalización y cuidados por parte de la Clínica Las Condes, pero comenta que ha gastado más de $350.000 en medicamentos. De igual forma, Fredy no ha recibido noticias desde la Clínica Indisa, pero estima que por los 34 días que permaneció en la UCI y UTI, deberá pagar varios millones de pesos. En cuanto a los costos por atención médica, sesiones de kinesiología, recetas de medicamentos y exámenes clínicos, reúne un monto superior a $600.000.

Hasta el momento es poco lo que se sabe del COVID-19 y las posibles secuelas que pueda causar en quienes contraen el virus. Sin embargo, para el doctor Ronald Pairumani, lo más importante para evaluar la condición de un paciente es el sistema inmune y sus defensas

“Los enfermos que no han sobrevivido claramente ya tenían patologías previas y otros que no la tenían, desarrollaron una respuesta inadecuada a la enfermedad. Así que este tema todavía está en estudio, todavía está por verse, pero claramente el tener una enfermedad previa, ya sea una ‘simple hipertensión’, puede predisponer o puede afectar el pronóstico de la persona que padece esta enfermedad”, asegura.

Foto: De visuals en Unsplash

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