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Óscar Martínez: ‘‘Hacer periodismo en un régimen autoritario y personalista no te va a llevar a ser una persona ni popular ni querida’’
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Óscar Martínez: ‘‘Hacer periodismo en un régimen autoritario y personalista no te va a llevar a ser una persona ni popular ni querida’’

Conversamos con el periodista salvadoreño, autor de Los Muertos y el Periodista (Anagrama, 2022) y jefe de redacción del periódico digital El Faro, medio que ha fiscalizado el accionar del polémico Nayib Bukele. Aquí repasa la persecución que ha sufrido la prensa en El Salvador y el rol que hoy juegan los periodistas que buscan fiscalizar al poder. 

Por Benjamín Puentes

24 de Mayo de 2023

Óscar Martínez es periodista y jefe de redacción de El Faro, periódico digital salvadoreño que esta semana cumplió 25 años de vida. Recientemente su equipo tuvo que mover las áreas administrativa y legal a Costa Rica, producto de una embestida en su contra por parte del gobierno de Nayib Bukele, la que incluyó intervenciones telefónicas, acusaciones de evasión fiscal, y amedrentamiento a reporteros y a sus fuentes.

Los ataques del régimen de El Salvador responden a la cobertura que El Faro le ha dado a las políticas gubernamentales para erradicar la violencia de pandillas, una crisis que alcanzó un punto crítico al reportarse 67 muertos durante un solo día en marzo de 2022. A partir de ese mes, el gobierno de Bukele decretó estado de excepción y los homicidios disminuyeron en un 55%. Entre las victorias de las que se ufana el régimen, están los 65 mil encarcelados por su vinculación con las pandillas. 

Según las encuestas, a principios de este año, la aprobación de Bukele alcanzaba el 91% debido, en gran parte, a sus restrictivas políticas de seguridad pública.

Fue El Faro el que develó cómo el gobierno salvadoreño pactó una tregua secreta con la Mara Salvatrucha. Al romperse ese trato, tras la captura de miembros de la pandilla, se produjeron las violentas jornadas de marzo del 2022 que dejaron un saldo de casi un centenar de muertos en dos días. La Mara Salvatrucha 13 –una de las principales organizaciones criminales que operan en El Salvador– reconoció la autoría de los asesinatos.

 

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Las denuncias contra el gobierno no quedaron ahí porque la guerra contra las pandillas ha provocado una suspensión en las garantías constitucionales, detenciones arbitrarias y violaciones a los derechos humanos, todo en medio de acusaciones de creciente autoritarismo contra el presidente. 

En este clima, El Faro dio a conocer la intervención de los teléfonos de administrativos y periodistas del diario con el software de espionaje Pegasus. Además, entre 2020 y 2021, se amenazó a los anunciantes, se siguió a sus reporteros, Hacienda les hizo auditorías no habituales y el presidente Nayib Bukele acusó al periódico digital de lavado de dinero. 

 

El Faro acaba de cumplir 25 años de existencia y justamente este año tuvo que trasladar su estructura administrativa a Costa Rica producto de los ataques del gobierno ¿Esto es inédito en El Salvador o los medios han tomado anteriormente determinaciones parecidas?

“No, esto nunca había pasado en la vida democrática del país desde la firma de los Acuerdos de Paz (1992). Cuando nosotros hablamos de persecución de parte del Estado no decimos cualquier cosa. Toda nuestra estructura administrativa y legal, no solo los periodistas, ha sido intervenida durante 17 meses con Pegasus. Tenemos ahora más de cuatro auditorías maliciosas de Hacienda que pretenden acusarnos de evasión fiscal  después de que el presidente en cadena nacional nos acusara de lavar dinero sin presentar ninguna prueba. El Estado ha decidido terminar con El Faro, cerrar el periódico y nosotros no estamos dispuestos a permitirlo. Entonces la lógica ha sido esa: proteger el diario para que sus periodistas puedan seguir haciendo periodismo”. 

 

¿Hay otros medios en El Salvador que están actualmente siendo perseguidos? 

“Sí. Gato EncerradoFactumLa Prensa GráficaEl Diario de Hoy, todos los medios que han sido críticos con la administración de Bukele, que han revelado decenas de casos de corrupción y de numerosos detalles de su pacto con las pandillas. Todos han sido perseguidos. Creo que la diferencia de El Faro, es que este tenemos una operación más grande y, al tener también una plantilla más grande y enfocarnos en la cobertura del poder, hemos revelado muchísimos casos de corrupción. A Bukele le parece que la crítica es un obstáculo para ejercer el poder y actúa en coherencia en su política hacia los medios,  la oposición y la sociedad civil organizada”. 

En el trabajo diario en las calles ¿Cómo se expresa este desprecio y esta criminalización hacia el periodismo? 

“Se nos cierra cualquier tipo de información oficial, incluso nos han impedido entrar a conferencias de prensa con militares. Bukele dice que somos pandilleros, lavadores de dinero. Esto ha calado en algún sector de la población que ha comprado ese argumento. Se nos hace mucho más difícil y más inseguro ir por las calles. Es todo eso: los seguimientos policiales constantes, la intervención telefónica para descubrir nuestras fuentes, la persecución, el encarcelamiento, y el despido laboral de muchas de las fuentes que se han atrevido a hablar. Es muy complicado ahora hacer periodismo, pero lo seguimos haciendo. Es muy desgastante y es más caro: para una reunión normal con una fuente, que antes era en un café, ahora tengo que arrendar un apartamento y reservarlo a nombre de otra persona para que la fuente pueda llegar segura. Sabemos que nos siguen con agentes de inteligencia y que le harían daño a cualquier persona que crean que nos ha dado información”. 

 

Está creciente amenaza a los periodistas no es algo puntual de El Salvador sino que es algo que se está dando en toda la región ¿Cuáles creen que son los denominadores comunes que permiten esta situación?

“Creo que ha vuelto a América Latina la figura del caudillo, del hombre fuerte. Este fenómeno incluye a Bolsonaro, pasando por Daniel Ortega, siguiendo incluso con López Obrador en México, llegando hasta Trump en Estados Unidos y con Bukele en El Salvador. Son este tipo de gobernantes, lejanos a la democracia, y a los que no les gustan los rasgos más esenciales de la democracia como son el contrapeso entre poderes, el Estado de derecho, el debido proceso, etcétera. Les gusta venderse como mesías redentores que tienen conexión con Dios. Les molesta la crítica, les molesta que se revele la forma oscura y corrupta como manejan la cosa pública”. 

 

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“El periodismo latinoamericano está en un momento en el que ya maduró todas las herramientas y elementos para fiscalizar al poder. Los medios digitales que fueron parte del boom de este siglo y que antes eran jóvenes, ahora están dotados de periodistas profesionales, expertos en revelar corrupción. Esos medios son muy incómodos para estos dictadorzuelos, aprendices de dictadores, porque contravienen algo que está en el centro de su objetivo, que es una lógica simplista pura: yo voy a resolver tu problema con militares, yo te voy a entregar canastas de comida. El periodismo debe plantearse cuestiones complejas, es decir, preguntarse a quién le compraste esa comida, por qué otorgaste ese contrato a un funcionario, por qué eliminaste ese criterio de compra pública, por qué negociaste con las pandillas para reducir los homicidios. Todas esas preguntas que se alejan del discurso simplista con el que pretenden consolidarse como populistas y llegar a las clases desesperadas en la pobreza centroamericana y latinoamericana. A estas personas las convencen con frases que son más bien eslóganes publicitarios y el periodismo desmonta un eslogan publicitario fácilmente”. 

 

¿Cómo El Faro ha logrado sortear la poca transparencia del gobierno de Bukele? ¿Cómo ha podido penetrar en la información y en las tramas detrás de la desarticulación de las pandillas? 

“Cuando Bukele entró en la política nosotros en El Faro ya teníamos cerca de 15 años haciendo periodismo. Cuando Bukele empezó a ser alcalde de un municipio muy poco conocido, en El Faro ya habíamos revelado un pacto de un gobierno con las pandillas, ya habíamos descubierto un cartel donde había policías, políticos y narcotraficantes, ya habíamos denunciado quiénes y cómo mataron a Monseñor Romero el mayor magnicidio que ha ocurrido en El Salvador—, ya habíamos publicado cómo un líder político de la derecha ofrecía millones de dólares para lavarle la cara a un acusado por la DEA en Estados Unidos. Nosotros empezamos a construir fuentes antes de que a Bukele se le ocurriera entrar a la política y por más represión y por más persecución que Bukele ha intentado, en El Faro ya habíamos hecho el trabajo. Hemos perdido fuentes por miedo a Bukele, pero hay muchas fuentes que nos siguen hablando y filtrando información y él lo sabe, hay gente dentro de su gobierno que nos da información, por más miedo que le tengan, y también porque hay una población desesperada ante el clima que él ha desatado con el régimen de excepción que tiene encarceladas a decenas de miles de personas a las que nadie les ha comprobado absolutamente nada. La gente entiende que uno de los principios de El Faro es vigilar al poder cuando el poder se ejerce, y saben que si nos cuentan algo y lo podemos verificar y constatar con el método periodístico, lo vamos a publicar sin importar los costos”.

 

¿Qué papel crees que han jugado los medios tradicionales en este escenario regional de declive democrático? ¿Han sido fiscalizadores del poder o han contribuido a que aparezcan personajes como Bukele?

“Creo que algunos medios tradicionales han tenido un rol nefasto en América Latina. En general, han sido siempre aliados de ciertos sectores del poder, muy conservadores, sobre todo en una región como Centroamérica. Muchos medios conservadores han sido aliados de la empresa privada y la empresa privada también tiene un carácter político enorme en Centroamérica, y está muy vinculada a las derechas nacionalistas. Entonces eso ha llevado a que algunos medios hayan operado a favor de ciertos sectores . La televisión tiene un modelo basado en la publicidad comercial, en un país donde ya no puedes tener publicidad porque el mismo gobierno te la boicotea y amenaza a quien ponga publicidad en un medio como El Faro. Muchos tienen directivos cobardes que nunca entendieron el periodismo y siempre les importaron las ganancias. Han cedido y han sido genuflexos ante el poder y ahora mismo, por ejemplo, todos los grandes canales de televisión se dedican a hacer algo que está muy cerca de la propaganda de gobierno. ¿Y eso depende de los periodistas? No creo. Eso depende de los empresarios que son dueños de esos canales, de empresarios cobardes y pusilánimes que no entienden el signo de sus tiempos. Casi siempre los grandes medios que se han vuelto corruptos, ha sido porque el que pone la plata nunca entendió que entrar en el negocio de los medios de comunicación implicaba un código ético que debía de respetar si no se querían convertir en panfletos publicitarios. Como nunca les interesó realmente la información, han conminado a sus periodistas a tener que ejercer en medios completamente pusilánimes”.

Acá en Chile la seguridad y la violencia se tomaron la agenda pública y esto recientemente le dio la victoria al Partido Republicano, que es una escisión de la derecha tradicional (mucho más conservadora) y que arrasó en las elecciones ¿Qué implicancia tiene para el periodismo el hecho de fiscalizar gobiernos y medidas que son muy populares? 

“Creo que los periodistas a esta altura tenemos que aprender que el ejercicio del oficio nos va a generar una serie de etiquetas. Cuando estaba a la derecha nos llamaban comunistas, cuando la izquierda tomó el poder, nos llamaban capitalistas furiosos, y ahora que está Bukele, nos llaman pandilleros. Pero el periodismo no es un concurso popularidad, el periodismo no se debe a sus lectores, se debe a sus principios. Los verbos rectores del periodismo son revelar, descubrir, dudar y explicar. Muchas veces nos toca revelar cosas que la gente no quiere saber porque en su desesperación quieren creer en el Mesías que los va a salvar. Y cuando uno se les dice: mira tu mesías es imperfecto, tu Mesías es el que se sentó con los líderes pandilleros, tu Mesías dejó salir a uno de esos líderes que continúa prófugo y al que le faltaban años de condena en El Salvador y era buscado para extradición por Estados Unidos… a la gente no le gusta esto. Son procesos lentos porque le negamos el conocimiento de la democracia a gran parte de la población de los sectores más obreros, pero tarde o temprano la gente lo entiende porque cuando llega un régimen como en El Salvador, los primeros que lo sufren son ellos: la gente que está ahora encarcelada injustamente sin haber visto un juez. Esa gente que está arrestada porque, tal como han escrito los policías en los expedientes fiscales, mostraron nerviosismo cuando ellos se acercaron. Me atrevo a decir que el 99% de estas personas son de sectores populares, gente que aplaudía rabiosamente a Nayib Bukele. Por ahí empiezan los regímenes, si fuera en el caso de Chile, no empiezan en un lugar acomodado como Providencia, empiezan en otros sectores”. 

“Con el paso del tiempo me he dado cuenta, lamentablemente, que los periodistas tenemos que asumir el sacrificio que este oficio conlleva, somos parte de sociedades cínicas y la información no cambia a la gente de un día para otroBukele sabe que tarde o temprano cada una de las cosas que revelamos va a terminar siendo un obstáculo mayor de lo que es ahora mismo. Es lo que nos toca hacer, es el oficio, es el código que aceptamos y el mecanismo que asumimos y hay que ejecutarlo. Hacer periodismo en un régimen autoritario y personalista no te va a llevar a ser una persona ni popular mi querida”.

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