MARIANA GABA: POR UNA CULTURA LIBRE DE VIOLENCIA Y DISCRIMINACIÓN EN LA UDP

20/01/2019

Luego de las movilizaciones feministas que marcaron el año 2018, las universidades del país se enfrentaron a un nuevo desafío: crear y actualizar protocolos que tipifiquen el acoso, el abuso y acciones de violencia sexual en recintos educacionales. En este contexto, y casi un año después de la ola feminista, Mariana Gaba es la nueva directora del Departamento de Género UDP. La psicóloga argentina y magíster en Psicología Organizacional y Empresarial, ha trabajado como consultora en Comunidad Mujer, además de haber sido docente por 10 años en la Universidad de Buenos Aires, donde también estudió.

Los inicios en el feminismo de Mariana se remontan a su época de estudiante de psicología. En ese entonces, la Universidad de Buenos Aires se caracterizaba, según Gaba, por  tener una carrera de psicología extremadamente orientada al psicoanálisis y por consiguiente freudiana. “Yo me leí los libros de Freud, los 15 tomos, y tengo recuerdos de haber cursado un ramo de psicología grupal en donde invitaron a una docente que habló sobre temas de género. Habló sobre el mito del amor romántico en ciertos lugares de la mujer, y fue un momento donde hice clic, dije: Esto le da sentido a todas las cosas que yo vengo sintiendoA Mariana le incomodaba que a la hora de rendir examen, la materia incluyese frases como “todas las personas trans son perversas” o “el súper yo de las mujeres es más débil”. Fue ahí cuando la psicóloga se enteró de que existía un curso optativo que se llamaba “Educación, estudios de género”. “Lo tomé para probar. Y bueno, me voló la cabeza”, recuerda.

NORMATIVA CONTRA LA VIOLENCIA SEXUAL

¿Cómo se desarrolló la idea de crear un Departamento de Género?
— Claramente lo que hizo que se tomara la decisión, tiene que ver con la movilización del año pasado. Uno de los documentos que yo tengo como guía de trabajo es el acuerdo que se hizo para el cierre de los paros. Es un documento que tiene 26 puntos y está firmado por rectoría, por vicerrectoría, y donde participaron las asambleas feministas. Uno de los puntos de ese documento era el acuerdo de crear un Departamento de Género con presupuesto de instalación. Entonces, lo que catalizó esto tuvo que ver con las movilizaciones.
Antes de que yo llegara ya había un trabajo previo, es decir, trabajar temas de género y diversidad sexual en la UDP no es algo nuevo. Hay montones de profesores, docentes y funcionarios que venían trabajando en esto. La normativa, por ejemplo, con todas las fallas que puede tener, existía y se lanzó a mediados del 2017. La política para el uso del nombre social para estudiantes trans, también se creó en el 2017.

Mi idea no es que un área acapare los temas, sino que sea un catalizador, entonces ahí donde hay interés, motivar, colaborar, impulsar, y donde no hay tanto interés hacer que el interés aparezca.

¿Cómo funciona el Departamento de Género? ¿Cuál es su función principal?
—El Departamento de Género se inaugura con mi ingreso que es a mediados de noviembre (2018). El objetivo del Departamento de Género tiene que ver con dos ejes. Por un lado, transversalizar  el enfoque de género, y colaborar en este proyecto por una educación no sexista. Entonces, en esa línea para el año que viene el plan de trabajo tiene que ver con una cultura libre de violencia y discriminación, junto a una línea fuerte de trabajo que esté vinculada con la normativa, mecanismos institucionales para reconocer y sancionar las conductas que no están permitidas. Eso implica educar, sensibilizar y establecer reglas claras. Por otro lado, tenemos una línea de trabajo con desarrollo docente, donde me contacto con facultades y con el área de desarrollo docente para ver cómo podemos ir incorporando estos enfoques en los talleres que tienen los profesores.

Entonces, básicamente yo voy levantando cuáles son los procesos que existen: el desarrollo docente, la innovación curricular, el bienestar estudiantil. Mi rol es ir viendo qué están haciendo y soy la encargada de decirles a todos “¿pensaron en este enfoque? ¿reflexionaron sobre la experiencia diferencial entre hombres y mujeres? ¿están incorporando la experiencia de la disidencia sexual? ¿qué pasa con los estudiantes trans, con estudiantes homosexuales, lesbianas o con expresiones de género que no se conforman con el estatus?”

¿Cómo cree que van a recibir los estudiantes nuevos y los antiguos esta iniciativa?
—Yo me contacté con todas las asambleas feministas, pero es entendible, después de lo movido que estuvo el año, cuando llegué a mediados de noviembre era un momento poco apto para que me dijeran «te voy a dedicar todo el tiempo del mundo para que conversemos». Entonces, no he tenido ningún encuentro ni formal, ni informal con estudiantes, líderes de asambleas feministas y centros de estudiantes (…) Por ahora creo que la normativa va a ser muy bien recibida, pero también sé que va a haber montones de críticas, y ahí yo voy a tener que estar articulando. Entiendo que podemos ser criticados de conformistas y de no estar empujando o presionando lo suficiente, pero eso tiene que ver con la riqueza del movimiento, y creo que yo voy a estar ahí gestionando todas las tensiones, va a ser un lugar interesante.

Ahora, yo estuve en el cambio de mando de la federación, asumió una federación toda integrada por mujeres, todas con sus pañuelos verdes, todas usando el lenguaje inclusivo. Yo estaba feliz, más feliz no puedo estar, o sea tener esa interlocución que sé que va a ser desafiante, pero lo asumo, a mí me encanta.

LOS CAMBIOS QUE TRAE EL NUEVO PROTOCOLO

En el tema del protocolo ¿Qué es lo que más cambió entre el protocolo antiguo y el nuevo?
—A mi criterio no es que haya cambios radicales. Yo creo que lo que hay es una ampliación y un intento de mejoramiento, porque como todo procedimiento uno se va dando cuenta de las fallas cuando empiezan a aparecer los casos. Porque uno dice «esto funciona bien», teóricamente lo vemos y después aparecen los casos de carne y hueso. Ahí uno se da cuenta que el protocolo deja afuera algunas cosas.

El protocolo antes era de prevención y sanción de acciones de violencia sexual, ahora es de sanción y prevención de acciones de discriminación, violencia sexual y de género. Entonces se amplía, no se reduce solamente a la violencia sexual, lo que pasa es que ahora está explicitado todo lo que tiene que ver con acciones de discriminación y violencia hacia las diversidades sexuales. Por eso tengo que trabajar mucho en generar una cultura donde más que prohibir decir cosas, me encantaría que las personas entiendan el peso que tiene repetir ciertas palabras. Y obviamente que hay contextos, hay entonaciones, hay símbolos de poder. No es lo mismo que yo diga en la conversación con ustedes «Detrás de un gran hombre hay una gran mujer», a que un docente en su rol de poder a la hora de impartir conocimiento vincule un contenido súper sexista, y que para poder aprobar uno tenga que repetir ese contenido sin ningún cuestionamiento.

¿Y eso tiene que ver con quizás difundir un poco más el protocolo?
—El protocolo tiene una función, que es trabajar en los casos donde todo falló, donde fallaron todos los demás mecanismos. Ahí hay una tensión entre el nivel individual y el nivel colectivo, porque en mi experiencia yo sistematicé todas las denuncias que hay desde que está el protocolo. En total son 24 denuncias, sabemos que hay muchas más, pero comparado con otras universidades no es tanto. Entonces, uno dice bueno, si yo difundo mucho el protocolo ¿Van a aumentar las denuncias? Porque las personas entienden el procedimiento, ven que hay garantías, saben que esto tiene un impacto, entonces se empoderan y denuncian más. Tenemos que ver qué pasa. Lo que a mí me gustaría es generar condiciones para que se denuncie los casos donde no existen diálogos posibles.

Si yo vivo una situación de violencia sexual, con un docente, con un funcionario, con un compañero, yo no le puedo pedir a esa persona que se siente a conversar con la otra persona para explicarle por qué esa conducta de abuso no corresponde, porque ahí casi hay un delito. Es distinto cuando estás en una sala de clases, porque ahí hay una instancia para el aprendizaje, entonces ¿cómo lo hago para que un profesor pueda aprender e incorporar cada vez más distintas herramientas para entender lo valioso que es mostrar diversidad en sus ejemplos?

Se tiene que trabajar con el equipo docente para abrir puertas y recibir comentarios, porque yo puedo hacer 300 talleres teóricos pero el aprendizaje se va a dar con la práctica, trabajando con los estudiantes, construyendo una comunidad donde estos temas se puedan conversar.

LATINOAMÉRICA FRENTE AL FEMINISMO

¿Cómo llegaste a Chile?¿Por qué decidiste vivir aquí?
—Yo me vine siguiendo a mi esposo, por un cambio de trabajo. Lo que en su momento fue lo que yo consideré el colmo para la feminista. Él se quería venir a Chile por trabajo y yo en el fondo no quería mudarme, estaba bien allá. Entonces, tuve que hacer todo un proceso interno, hasta que logré centrarme más que en lo que iba a perder. Miré a Chile y pensé: ¿cuáles son las oportunidades que tengo allá? ¿qué puedo lograr? ¿cómo puedo crecer? Entonces me fui y al final salió bien, estoy muy contenta.

¿Qué opinas de los dichos de Bolsonaro y otros líderes políticos en ese sentido (temáticas de género)?
—Considero que es terrible. De hecho estoy planificando un primer foro-seminario organizado por el Departamento de Género para marzo, y lo quiero hacer sobre los avances conservadores.

Acaba de salir un documental en Youtube, que se llama «Género bajo ataque», que hace un recorrido por Costa Rica, Perú, Colombia y Brasil, de los avances de estos gobiernos conservadores. Yo te diría que lo estoy viendo como una amenaza súper concreta para el  avance en la agenda de derechos para las mujeres y para la diversidad sexual. Yo creo que es una amenaza muy concreta porque gran parte de nosotros lo vemos muy lejano, tanto geográficamente como decir «es un grupo de gente muy fanática, que obviamente con las redes sociales puede llegar un poco más de gente, pero no pasa nada». Y yo creo que si vos mirás las experiencias y ves este documental de los demás países, te vas a dar cuenta que en Costa Rica estuvo a punto de ganar un pastor evangélico, pero de estos de película que cantan, te ponen la mano en la frente y la gente se desmaya.  

Yo creo que hay que estar muy alerta, y por eso, me interesa trabajar eso en este primer foro para trabajar con ese rol de la educación.

Y en contexto ¿Cómo ves el futuro entonces?
—Yo soy optimista, lo que pasa es que creo que tenemos que estar alertas.

En esta idea de procesos ¿Crees que puede haber un retroceso quizás?
—Sí, yo creo que esta idea que uno tiene de que el derecho es adquirido y nadie te lo quita es una mentira total, considero que efectivamente hay que estar en alerta permanente. No digo tener una actitud paranoide, pero sí una sana dosis de paranoia.

Porque uno confía en que no hay forma de que se retroceda, evidentemente no estoy hablando que se va a revocar el voto femenino, pero en términos de derechos sexuales y reproductivos o algunas demandas vinculadas con filiación, con herencia, con matrimonio igualitario, con Ley de Identidad de Género, que son logros tan recientes y que son mucho más susceptibles de que se vayan para atrás.

Mariana Gaba espera que este año el Departamento de Género cree una serie de espacios y foros en donde se hable de feminismo, disidencia sexual, lenguaje inclusivo, y por supuesto, sobre el nuevo protocolo que sanciona y previene acciones de violación sexual, discriminación y género en la UDP. “Es bien importante cómo va a partir este semestre (2019). Me parece que es un semestre para hacer cosas después de todo lo que salió a flote, que no es que es nuevo, no se inventó esto el año pasado. Claramente se puso sobre la mesa de una manera que nadie pudo mirar para otro lado. Entonces ahora pasamos de ese reclamo a “hagamos algo al respecto»”.

EL LENGUAJE INCLUSIVO
Respecto al lenguaje inclusivo, Mariana cree es un debate trascendental. Por un lado, Gaba asegura que fueron las feministas las que crearon el lenguaje inclusivo hace ya cuatro décadas, en ese entonces para visibilizar a las mujeres en el lenguaje. Actualmente esta iniciativa se modificó “ahora el lenguaje inclusivo se toma como sinónimo de los modos no binarios, entonces tenemos la e, la x, el @”, afirma. Sin embargo, para la psicóloga el tema sigue siendo complejo incluso dentro del feminismo “hay algunas posturas que dicen: no nos apuremos tanto con la e, porque todavía no logramos la a». Es por lo mismo que Gaba cree que es importante la conversación que se genera entorno al lenguaje, cómo este construye realidades y cómo la gente comienza a entender que a través de él construímos un mundo binario. “Hay estudios que muestran que el uso del nombre social en los niños, niñas, niñes, reduce la ocurrencia del suicidio. Las personas dicen «es sólo una palabra, no es tan grave», pero no. El lenguaje genera realidad”.